Él esperaba verificar que cada color específico de luz genere un tipo de comportamiento especifico en la célula o células neuronales de la retina del ojo de la paloma. Dicha suposición después de un trabajo experimental exhaustivo no pudo ser verificada pero encontró que las diferentes longitudes de onda (color rojo, color amarillo, color azul) siempre generaban un mismo comportamiento en dichas células (Porksen 2004: 33-34).
Dichos resultados experimentales requerían ser explicados y es en esta situación que Maturana al revisar los antecedentes de dicha problemática, se encuentra con un experimento similar pero realizado en salamandras que fue hecho por el biólogo norteamericano Roger Sperry en los años cuarenta (Maturana 1994: 153).
El experimento de Sperry realizado en urodelos como las salamandras con capacidad de regeneración de tejidos, consistió en rotar mediante cirugía el ojo de una salamandra en estado larvario para verificar la regeneración o no del nervio óptico .
Se verificó que cuando la salamandra se reponía de las operaciones quirúrgicas, recuperaba la visión con lo cual el biólogo Sperry comprobó que el nervio óptico se regeneraba y en consecuencia la pregunta inicial planteada en su diseño experimental quedaba resuelta afirmativamente. En estas condiciones, la salamandra presentaba una conducta curiosa e interesante en relación a la conducta cotidiana de una salamandra no operada.
Se observó que cuando a la salamandra se le colocaban insectos delante de ella y se le tapaba el ojo normal , la salamandra tiraba la lengua no en dirección del insecto o los insectos sino en el numero de grados en que había sido rotado su ojo. Los experimentos se repitieron y los resultados siempre resultaron similares. Sperry supuso que dicha conducta errada en la salamandra podía ser superada con procesos de aprendizaje. Se intentó mediante programas de aprendizaje hacer que la salamandra lograra aprender a cazar insectos que se le colocaban delante de ella, pero los resultados siempre fueron negativos.
Maturana replicó dichos experimentos en 1955 cuando estudiaba anatomía en University Collage London (Maturana 1999: 172) y obtuvo también resultados similares. El animal no podía aprender a tirar la lengua en la dirección de los insectos que se le presentaban.
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