Citas de Vattimo para el examen

Filosofía y declinar de occidente
“«Ocaso de Occidente» significa aquí la disolución de la idea de que haya un significado y una dirección unitaria en la historia de la humanidad, idea que, en la tradición moderna, ha sido una especie de fondo continuo del pensamiento occidental, que consideraba su propia civilización como el máximo nivel de evolución alcanzado por la humanidad en general, y que, sobre esta base, se sentía llamado a civilizar, y también a colonizar, convertir y someter a todos los demás pueblos con los que entraba en contacto. La idea de que la historia tenga un sentido progresivo, esto es, que, por caminos más o menos misteriosos y guiados por una racionalidad providencial se acerque cada vez más a una perfección final, ha estado a la base de la modernidad, incluso se puede decir que constituye la esencia de la modernidad. Por lo que a mí se refiere, he propuesto definir la modernidad como la época en la que, más o menos explícita y conscientemente, el ser moderno se asume como valor básico.” (39)
“El ocaso de Occidente, esto es, la disolución de la idea de progreso y de historicidad unidireccional, es un hecho complejo de carácter social y político antes que filosófico. En la filosofía se manifiesta en lo que Heidegger ha llamado el «final de la metafísica» —que hoy ya parece coincidir con el final de la filosofía misma—.” (40)
“¿Cómo se debe configurar una filosofía que sea verdaderamente consciente del ocaso de Occidente y corresponda a ello sin equívocos ni reservas, sin nostalgias ni recaídas metafísicas? La persistencia de una actitud metafísica —y, por tanto, de soberanía— es evidente en las posturas que se formulan explícitamente como gnoseologías, epistemologías, lógicas, y se conciben como discursos de validez universal en el sentido más clásico de la tradición filosófica. […] Pero por lo que parece, tampoco el neopragamatismo de Rorty y el desconstruccionismo derridiano pueden prescindir de una recuperación del espíritu de soberanía: bien porque se presentan como metateorías (es el caso de Rorty), bien porque, al menos implícitamente, se legitiman como la deconstrucción, en cuanto liberación del error de lo que Derrida llama el «logocentrismo metafísico».” (45)
“El fondo de estas cuestiones lo tenemos totalmente a la vista: la caída de la centralidad y de la hegemonía política de Occidente ha liberado culturas y visiones del mundo múltiples, que ya no aceptan que se las considere momentos o partes de una civilización humana total de la que Occidente sería el depositario. […] Por otra parte, la mera afirmación de la multiplicidad de las visiones del mundo, a la manera de Rorty, o su recorrido reconstructivo a la manera de Derrida, parece que no toman bastante en serio el hecho de que la pluralidad de las visiones del mundo no es la convivencia pacífica de múltiples estilos artísticos o de vida, en un museo imaginaire, sino que da lugar a conflictos, reivindicaciones de validez, afirmaciones de pertenencia que esperan de la filosofía alguna indicación de criterios racionales para evitar que las diferencias degeneren en auténticas guerras de culturas. No es posible dejar de ver que la filosofía actual no responde a estas cuestiones.” (47)
“Lo que el pensamiento parece necesitar hoy es la reconstrucción de una idea de universalidad racional que, si he de distinguirla del racionalismo y la metafísica, sólo consigo describirla como débil y secularizada. La secularización, en su significado conectado con la experiencia y la existencia histórica de la religión, es el modelo en el que pensar. Aquí nos ayuda el título que he citado de Benedetto Croce: Perché non possiamo non dirci cristiani expresa una relación secularizada con la tradición cristiana y/o con Occidente.” (48-49)
“Reconocer esto, sin embargo, para gran parte de nosotros no quiere decir que decidamos volver a la religiosidad medieval, o en todo caso a la fe ortodoxa y a la disciplina de la iglesia. Y sin embargo significa volver a descubrir un vínculo, una procedencia, un parentesco. La secularización que ha herido a la tradición del dogma y de la ética cristiana en la modernidad, consumándola pero sin destruirla, es el modelo de todo devenir de Occidente, no sólo por lo que se refiere a la fe religiosa. Este es el sentido más importante y radical del descubrimiento de Weber acerca de los orígenes del capitalismo (y de la racionalización social moderna) en la ética calvinista y todavía antes del monoteísmo judeocristiano. [...] Occidente podríamos decir, declina porque el declinar constituye su vocación histórica. O dicho en otros términos, la historia, en el único modo en que Occidente consigue concebirla y vivirla, es historia de secularización.” (49)
“Asumir la herencia de Occidente en el espíritu de la expresión de Croce implicará por ejemplo una explícita aceptación del mundo actual como mezcla, mestizaje, lugar de identidades débiles y de dogmáticas (religiosas, filosóficas, culturales) difuminadas y liberales. Es más que un espíritu genéricamente tolerante, que con demasiada frecuencia coincide con la indiferencia o el minimalismo y desemboca en el apartheid, un espíritu para el cada uno debe permanecer en su casa, sin que verdaderamente sea sometido a discusión y a que todos tenemos los mismos derechos. […] Si como parece muchos indicios, la tendencia difundida en el mundo actual es la de reaccionar a la Babel del pluralismo posmoderno con la recuperación de identidades fuertes, la filosofía del ocaso ofrece argumentos no para exaltar estas reencontradas identidades cada una en su ámbito, no solo para reconstruirlas todas desde el punto de vista de un espíritu soberano. Remite a la común pertenencia a Occidente, al destino de occidentalización al que no escapan tampoco las otras culturas que se han liberado de la condición colonial y de la etiqueta de primitivas.” (52)
“La filosofía a través de sus caminos que no están separados ni son independientes de las transformaciones sociales y políticas de Occidente (ya que el final de la metafísica no es pensable sin el final del colonialismo y del eurocentrismo) descubre que el sentido de la historia de la modernidad no es el progreso hacia una perfección final caracterizada por la plenitud, transparencia total, presencia por fin realizada de la esencia del hombre y del mundo. Se da cuenta de que la emancipación y la liberación que el hombre ha buscado siempre pasan, por el contrario, a través de un debilitamiento de las estructuras fuertes, de una reducción de las pretensiones, que implica, en general, mayor atención a la cualidad que a la cantidad, más escucha de la palabra del otro que visión exacta del objeto. También la verdad en todos los campos, incluido el de la ciencia, se convierte en una cuestión de consenso, escucha, participación en una empresa común.” (53)
“Como se ve, todo esto acerca la filosofía, al menos la que pretende asumir las responsabilidades que le llegan del ocaso de Occidente, más a la religión que a la ciencia, es un acercamiento que muchos filósofos han olvidado, recordarlo y desarrollar sus implicaciones es quizá la tarea principal del pensamiento actual. Tampoco en este sentido como decía Croce podemos dejar de llamarnos cristianos.” (54-55)







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