El día de ayer me encontraba leyendo un artículo titulado “International Relations and the Olympics”, escrito por Julia Knight y publicado en la página web foreignpolicyblogs.com de la Foreign Affairs Association, el cual lo encontré por demás interesante y cuyo contenido he utilizado en gran parte para la elaboración del presente artículo, claro está, completado y analizado desde un punto de vista personal.

Como es de conocimiento público, el domingo 12 último, las Olimpiadas llegaron a su fin tras casi tres semanas de reñidos y vibrantes encuentros entre las distintas delegaciones, concluyendo con ello, el evento deportivo que es único en su género por congregar a un mayor número de miembros que la misma Organización de las Naciones Unidas (ONU). Esta última, cuenta con 193 Estados miembros y en las últimas olimpiadas hemos visto a representantes de 204 Estados, entre los cuales, a diferencia de la primera, figuran: Aruba, Bermudas, Guam, Hong Kong, Islas Caiman, Islas Cook, Islas Virgenes Británicas, Islas Virgenes EE.UU., Palestina, Puerto Rico, Samoa Americana, China Taipei y Sudán del Sur. Estos últimos, si bien es cierto no son Estados formalmente constituidos a excepción del último, gozan de cierta autonomía y una delegación propia, de los representantes de la Olimpiadas.

Si analizamos esta situación de cara a las relaciones internacionales, encontraremos que esto es más que una competencia deportiva ya que algunos de los miembros antes mencionados, tienen el estatus de dependencias o incluso, la de no reconocidos por la comunidad internacional como es el caso de Palestina y Hong Kong, demostrando que las diferencias jurídicas y burocráticas de la estructura internacional, son dejadas en manos de los gobernantes y no del propio pueblo, quienes hacen de lado sus diferencias con la finalidad de representar dignamente al Estado cuyo pabellón llevan impreso en el uniforme y todo lo que ello representa.

Dentro de los datos curiosos de esta Olimpiada, es que el Comité Olímpico Internacional esperaba que la totalidad de Estados representados en la competencia estuvieran integrados por un competidor de sexo femenino ya que, Arabia Saudita, Qatar y Brunéi, por primera vez en su historia, habían autorizado su ingreso, sin embargo, Barbados, Nauru y San Cristóbal y Nieves fueron representados únicamente por hombres, lo que ha postergado un hecho histórico que espero se pueda presenciar en Rio 2015.

Otro hecho que es de notar, fue la inclusión de atletas que no representaban a ningún Estado, denominados Participantes Olímpicos Independientes, como fue el caso del atleta Liemarvin Bonevacia; el judoca Reginald de Windt y el velista Philipine van Aanholt representantes de las Antillas Neerlandesas, cuyo Comité Olímpico fue disuelto en el 2011 y a quienes se les ofreció competir como representantes de Holanda (Países Bajos) o Aruba, como fue el caso de otros atletas de la misma delegación. Asimismo, la participación bajo esta misma modalidad del atleta Guor Marial, representante de la recién creada Sudan del Sur el día 9 de julio de 2011.

Un antecedente de esto lo tenemos en las Olimpiadas en Sydney 2000, en las cuales se presentaron cuatro atletas en representación de Timor Oriental, el mismo que se encontraba administrado por la ONU (UNTAET).

Adicionalmente, han sucedido algunas situaciones curiosas que no se pueden dejar de mencionar, como la “desaparición” de 7 atletas de Camerún, quienes -luego de las investigaciones del caso- habrían optado por quedarse en Europa y de esta forma forjar un futuro lejos de su empobrecida tierra natal. Las autoridades han determinado que la visa que obtuvieron para ingresar a Londres tiene una vigencia hasta noviembre, motivo por el cual, han conminado públicamente a retornar a su país antes del vencimiento de la misma. Como podrán apreciar, las oportunidades no solo son para los Estados, sino para sus representantes.

En cuanto a los comentarios que han surgido luego de los resultados, el economista Goldman Sachs ha manifestado que el número de medallas olímpicas obtenidas va en relación directa con el nivel de desarrollo de los Estados participantes, lo cual analizado fríamente podría tener cierto sentido en cuanto a los recursos e infraestructura que puede proporcionar el Estado en la preparación de sus competidores.

Por otra parte, en el caso específico de Perú, lamentablemente las autoridades no ven más allá del futbol, prueba de ello es que el Estadio Nacional recortó de 8 carriles a 6 la pista de atletismo, quedándonos únicamente la Videna y el estadio Chipoco como lugares para el entrenamiento de atletas, los cuales no se encuentran en óptimas condiciones. Asimismo, no contamos con una pista oficial de bicicross ni un velódromo de ciclismo en buenas condiciones. Incluso, es realmente lamentable que en destacadas competencias, nuestros representantes tuvieron que autofinanciarse su propio uniforme, viáticos y pasajes. Esto confirmaría quizá la premisa de Sachs, lo cual sería aun más lamentable.

En conclusión, las Olimpiadas son algo más que una competencia deportiva, generan incluso a mi entender, ganancias relativas frente a otros Estados al momento de la toma de políticas públicas y puede llevar a generar situaciones de unión como de conflicto así como de reconocimiento por el público internacional como es el caso con Palestina.