13/11: Situación en el Perú: Una realidad que podemos cambiar
Categoría: Gestión y Dirección
Publicado por: a20017153
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En el Perú, es común encontrar que durante la etapa de construcción de un proyecto se realicen cambios y correcciones a los diseños, los cuales generan ampliaciones de plazo y adicionales de obra. De modo complementario, una vez terminada la construcción e iniciada la etapa de funcionamiento, los clientes y/o usuarios encuentran en él, una serie de carencias de funcionalidad, que se ven reflejados en altos costos operativos, de energía y mantenimiento.
Estos cambios y correcciones en los diseños por lo general no son generados por indecisiones a último momento del propietario, sino por una mala concepción del proyecto, la cual nace a su vez de un mal entendimiento de sus verdaderas necesidades. Principalmente se presentan errores en la definición de las funciones que debe cumplir el proyecto y en la distribución de los ambientes que mejor responda a sus requerimientos.
En la concepción de proyectos es usual que los arquitectos traten de entender las necesidades del cliente y luego diseñen el proyecto arquitectónico de acuerdo a sus propias apreciaciones en vez de que un equipo de profesionales de diferentes especialidades sea el encargado de su desarrollo. Pareciera que todos los esfuerzos solo estuvieran orientados hacia la maximización de la estética y el confort en vez de centrarse en temas tan importantes como son los costos de inversión, operación, mantenimiento y energía, la funcionalidad, el tiempo de ejecución, la flexibilidad del diseño, entre otras.
Durante la definición del proyecto, el cliente no necesariamente sabe lo que quiere o lo que le conviene. Adicionalmente, durante este proceso, recibe poca o nada de ayuda por parte del profesional involucrado para determinar cuáles con sus verdaderas necesidades. Por este motivo se obtienen diseño que no satisfacen las expectativas del cliente involucran montos de dinero que no se disponen o no se están dispuestos a pagar. Como resultado, se entra en un ciclo de revisiones, rediseños y nuevas estimaciones hasta encontrar la fórmula adecuada. En este proceso se pierden cantidades significativas de tiempo y recursos, reduciendo el valor final que el cliente espera recibir.
Tener un proyecto mal definido significa que no se ha encontrado el equilibrio entre los componentes del valor, es decir, los beneficios, los riesgos y los recursos del proyecto. La importancia de definir bien un proyecto radica en que con menor inversión de recursos, llámese tiempo, dinero y energía, se obtenga mayor valor a largo plazo. Si existiera algún sistema que gestione un proyecto considerando la generación del valor como su fin último, se obtendrían grandes beneficios tanto para el cliente y los usuarios, como para los profesionales involucrados en su desarrollo.
Estos cambios y correcciones en los diseños por lo general no son generados por indecisiones a último momento del propietario, sino por una mala concepción del proyecto, la cual nace a su vez de un mal entendimiento de sus verdaderas necesidades. Principalmente se presentan errores en la definición de las funciones que debe cumplir el proyecto y en la distribución de los ambientes que mejor responda a sus requerimientos.
En la concepción de proyectos es usual que los arquitectos traten de entender las necesidades del cliente y luego diseñen el proyecto arquitectónico de acuerdo a sus propias apreciaciones en vez de que un equipo de profesionales de diferentes especialidades sea el encargado de su desarrollo. Pareciera que todos los esfuerzos solo estuvieran orientados hacia la maximización de la estética y el confort en vez de centrarse en temas tan importantes como son los costos de inversión, operación, mantenimiento y energía, la funcionalidad, el tiempo de ejecución, la flexibilidad del diseño, entre otras.
Durante la definición del proyecto, el cliente no necesariamente sabe lo que quiere o lo que le conviene. Adicionalmente, durante este proceso, recibe poca o nada de ayuda por parte del profesional involucrado para determinar cuáles con sus verdaderas necesidades. Por este motivo se obtienen diseño que no satisfacen las expectativas del cliente involucran montos de dinero que no se disponen o no se están dispuestos a pagar. Como resultado, se entra en un ciclo de revisiones, rediseños y nuevas estimaciones hasta encontrar la fórmula adecuada. En este proceso se pierden cantidades significativas de tiempo y recursos, reduciendo el valor final que el cliente espera recibir.
Tener un proyecto mal definido significa que no se ha encontrado el equilibrio entre los componentes del valor, es decir, los beneficios, los riesgos y los recursos del proyecto. La importancia de definir bien un proyecto radica en que con menor inversión de recursos, llámese tiempo, dinero y energía, se obtenga mayor valor a largo plazo. Si existiera algún sistema que gestione un proyecto considerando la generación del valor como su fin último, se obtendrían grandes beneficios tanto para el cliente y los usuarios, como para los profesionales involucrados en su desarrollo.


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