04 septiembre 2007

El problema de Dios en Kant (2/5)

La Crítica de la Razón Pura

La sombra de Kant
La distinción entre juicios analíticos y sintéticos le permitió a Kant descubrir que el conocimiento científico no podía estar constituido por ninguno de esos juicios, sino por una suerte de combinación peculiar de ambos. Del carácter propiamente sintético de unos, esto es, del que sean capaces de aportar algo nuevo al conocimiento, y del carácter a priori de los juicios analíticos, es decir, del que sean obtenidos sin necesidad de recurrir a la experiencia sensible, sale como resultado el conocimiento científico.

La física de Newton le aseguraba a Kant que los juicios sintéticos a priori existían. Pero a diferencia del científico inglés, que simplemente los usaba, el filósofo alemán estaba interesado en explicar cómo eran posibles estos juicios. Como se sabe, la Crítica de la Razón Pura responde a esta pregunta en tres momentos: Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la matemática; cómo lo son en la física, y si lo son o no en la metafísica.


A la primera pregunta responde la Estética Trascendental. En el lenguaje de Kant, ‘estética’ significa la facultad de tener percepciones sensibles, y ‘trascendental’ es la condición general para que algo sea objeto de conocimiento. La respuesta a la primera pregunta —cómo son posibles los juicios científicos en la matemática— la otorga la doctrina de las intuiciones puras de espacio y tiempo, que son puestas por el sujeto como condiciones de posibilidad de la percepción sensible y de los juicios de la matemática pura.

A lo segundo —cómo son posibles los juicios científicos en la física— responde la Analítica Trascendental, y lo hace mediante la deducción de las categorías del entendimiento a partir de las cuatro formas lógico-lingüísticas del juicio, que son la cantidad, la calidad, la relación y la modalidad. Analizada cada una de ellas, quedan al descubierto doce categorías que son las condiciones de la objetividad y del conocimiento de los fenómenos físicos.

Dicho de una manera menos técnica, la Estética y la Analítica enseñan que las condiciones para que algo sea conocido con objetividad no las pone la realidad, como siempre se creyó, sino la subjetividad humana, y que lo hace poniendo sus intuiciones de espacio y tiempo, que hace posible la percepción exterior de los fenómenos, y sus doce categorías, que hacen posible el entendimiento de esos mismos fenómenos.

Al propio Kant le impresionó mucho este fabuloso descubrimiento al que lo habían conducido sus cavilaciones. Con lo que proponía, cancelaba definitivamente el realismo aristotélico y fijaba una nueva correlación fundamental entre sujeto y objeto. Yo creo que tendría que haberse dicho, frente al espejo: Soy un genio, aunque sea una vez en su vida. Lo cierto es que, en su modestia, se contentó con llamar a su descubrimiento “el giro copernicano de la filosofía”; y me imagino como música de fondo de ese momento la Sinfonía de Fanfarrias de Mouret, que —aunque del barroco tardío— le viene bien a la peluca de Kant.

Pero faltaba responder a la tercera pregunta, si son posibles los juicios sintéticos a priori en la metafísica. Para ello Kant redactó la Dialéctica Trascendental, es decir, la tercera parte de su Crítica de la Razón Pura. Allí su respuesta es, como todos saben, negativa.

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