Lorena Cárdenas Maldonado
Germán López Valenzuela

A lo largo del capítulo, Riva Agüero nos describe -de una forma muy particular- varios lugares que observa a medida que se aleja de la ciudad del Cuzco el 1° de Junio de 1912.

En primer lugar, él describe el paisaje de la ciudad centrándose en detalles subjetivos: “la mañana era alegre y radiante”, por ejemplo. También se centra en las personas. Utiliza como referencias el Convento de Santa Teresa donde detalla a devotas en pañolones oscuros que se dirigían a una fiesta y un indio arriando llamas a la Plaza Mayor. Es en definitiva la descripción de un taskscape (término que consiste en el conjunto de actividades sociales mutuas que caracteriza un paisaje y que puede ser percibido por nuestros sentidos sea visto, escuchado, tangible u olido en su calidad de cualitativo y heterogéneo). Asimismo, describe las calles como “pendientes callejuelas”, una en especial, la “calle de los Plateros” o “calle de los Conquistadores” de la cual menciona que “(…) vetustos caserones, cuyas puertas conservan las labraduras y las grandes aldabas coloniales, y cuyas fachadas adornan balconcitos de madera y antepechos de hierro forjado (…)”. Este comentario revela una descripción claramente diacrónica puesto que realiza una comparación con un momento en el pasado. Otra similar a esta última es: “la atmósfera de grandezas que flota perdurablemente entre las ruinas de la metrópoli imperial”, haciendo alusión al pasado Inca. De la misma forma, explica el proceso de transformación del palacio de los Silvas (del capitán Diego de Silva) en una fábrica de cerveza.

En otro momento, nos revela mediante otro pasaje de su obra la asociación que los paisajes le imprimen en su persona en forma de sensaciones como se lee a continuación: “(…) el alto muro del monasterio se corona con una galería de arcos, cegada reciamente por tapias de tierra y piedras. Es severa nota, de las que tanto abundan en el Cuzco, esta arquería condenada, advertencia rígida de clausura y misterio”. Otro ejemplo hace referencia a angostos pasadizos que reflejan opresión.

Más adelante, realiza una asociación interesante entre materiales utilizados y eventos. “Al llegar a la plaza de Santa Teresa atruenan los estampidos de los cohetes, compañeros inseparables de toda fiesta en la Sierra (…)”.

Es interesante el notar que hace hincapié en el punto de observación. Describe con detalle la forma en la que -al llegar, en su andar, a la salida del Cuzco- “(…) no se ha alterado el trazo de la vía desde los tiempos imperiales (…)”. Es esta también una descripción diacrónica en la que hace mención que es en aquel lugar en el cual los incas realizaban una última adoración mirando al Cuzco antes de salir por el camino del Norte o Chinchaysuyo. Seguidamente, cita a Pedro Cieza de León quien menciona haber visto indios viejos quienes en aquel lugar se lamentaban por causas de nostalgia de un poderoso y mejor pasado incaico.

“Pasadizos opresivos” en la ciudad del Cusco. Fuente: Jorge H. Esquiroz y Gilles Perrin.

“Pasadizos opresivos” en la ciudad del Cusco. Fuente: Jorge H. Esquiroz y Gilles Perrin.


El paisaje de la ciudad del Cusco según la literatura contemporánea

Comenzaremos citando a Antonello Gerbi:
Se cuenta de uno de los primeros conquistadores que, cuando la Reina Isabel le preguntó qué aspecto tenía la isla Española, él tomó un pedazo de papel y estrujólo en el puño cerrado, arrojándolo luego sobre la mesa como una tosca pero plástica representación orográfica de la “hirsuta Haití”. Si alguien preguntara hoy qué aspecto tiene el Perú, no se le podría ofrecer mejor respuesta que el cuadro lineal de sus vías terrestres, fluviales, marítimas y aéreas. Como el gráfico de un compuesto químico, aquel esquema de líneas rectas describe toda la sustancia, toda la realidad orgánica de esta prodigiosa síntesis que es el Perú. (Gerbi 1944:12)


Cuando Riva Agüero menciona que las vías no han sido alteradas desde tiempos imperiales, tenía razón. Y ello consiste en que es desde Cusco desde donde partieron estas, o Capac Ñan (Kauffmann 1990:135). Son pues, las vías, “típicos de un Estado fuerte, centralizado y conquistador; (…); marcan las directrices de sus tendencias expansionistas” (Gerbi 1944:21).

Como menciona Ubbelohde-Doering, “la antigüedad está en evidencia en todas partes”. A lo largo y ancho de las calles de Cusco pueden observarse las típicas edificaciones de piedra de base rectangular y trapezoidales (anti-sísmicas); arduamente elaboradas. Algunos historiadores la catalogan de arquitectura severa. “La piedra se trabajaba con herramientas de cobre y bronce, arrancándoles pedazos que luego frotaban con arena húmeda”, mientras que en la costa empleaban adobes (Aldana 2007: 317-318).

No obstante, este tipo de construcciones -en la sierra- se reservaron sólo para las más importantes construcciones (con fines de colonización y defensa) en y alrededor del Cusco, sobretodo en el valle de Urubamba, el heartland incaico. En un inicio se consideraba que la cultura inca no era más que una tribu asentada en el valle del Urubamba en el siglo XIII; sin embargo, al “desenterrase” nueva información y postularse nuevas teorías, se cae en cuenta de su evolución como señorío, hasta convertirse en un estado alrededor del siglo XV. Fue en este siglo en el cual se da su expansión y la difusión de su cultura (Von Hagen 1998: 167) que -según Rowe- sucedió entre 1200-1438 (MINISTERIO DE CULTURA 2012).
Ellos copiaron el criterio urbano de las ciudades conquistadas. En la actualidad, los historiadores especulan que el estilo arquitectónico incaico haya sido obtenido de los Wari y Chimú, siendo el mayor modificador de la morfología urbana el Inca Pachacútec, quien logró “una extraordinaria adecuación de la arquitectura al paisaje” (MINISTERIO DE CULTURA 2012). Al parecer, buscaba una imagen pública de la ciudad.

Posteriormente, próximos al ocaso inca, la llegada de los españoles significó la construcción de viviendas de estilo europeo, “(…) los templos e iglesias se superpusieron sobre antiguos e importantes templos o palacios Inkas” (MINISTERIO DE CULTURA 2012). Con certeza, Riva-Agüero observó dicha arquitectura fusionada de las culturas incaica y española, teniendo como el mejor ejemplo al Templo del Sol o Qorikancha que sirve de base a la iglesia de Santo Domingo¸ así como también a los muros de transición ; construidos bajo el comando de personas sin aptitudes para la gestión del paisaje.
Sería un alivio para Riva-Agüero el saber que fue en esta época que desaparecieron muchas de las estrechas calles que caracterizan al Cusco ya que, sumado al terremoto de 1650, el yugo español dispuso la agrupación de manzanas. La opresión era manejada en el trazo urbanístico, por decirlo de alguna forma.

A inicios del siglo XX comenzaron a instalarse fábricas en Cusco, de alimentos y cervecería como nos lo cuenta el historiador en cuestión sobre el Palacio de los Silva. Sucesos que para fortuna histórica importan en cuanto a la elaboración de puertas y balcones en el despliegue arquitectónico. Luego en 1940, se inician obras viales y de saneamiento. El paisaje de la ciudad cambiaría nuevamente desde el terremoto de 1650 y se expandiría, transformando manzanas y atrayendo turistas, aunque reemplazando el empedrado por el cemento para el auto en movimiento. A esto se le sumó el terremoto de 1950; y las facilidades de inmigración y expansión urbana incontrolada bajo el gobierno de Velasco Alvarado desde 1968 (MINISTERIO DE CULTURA 2012), pasando de 263 has en 1953 a contar con x has por el crecimiento hacia el sureste. La ciudad se “moderniza” con edificios y playas de estacionamiento. A causa de todo ello, se elaboró la Propuesta del “Plan Piloto de la futura ciudad del Cusco” y hoy en día el “Plan de Desarrollo Urbano de la Provincia del Cusco”.


Riva-Agüero se sorprendería al ver la ciudad del Cusco tan transformada, con el mercado de San Pedro, tiendas por departamento y espacios producto de la globalización. Se ha formado una cultura cusqueña basada en el festejo constante –relacionado con el calendario religioso católico y con el ritual de los antiguos peruanos- donde nunca faltan danzas, comida (como el Chiriuchu que contiene cuy al horno acompañado de maíz tostado, cecina, gallina y productos marinos como algas y huevera de pescado) y bebida. Un ejemplo de ello es la celebración del Corpus Christi (Esquiroz 2010: 231).

El turismo ha “golpeado” la realidad de Cusco, la ha transformado gracias a la facilidad que trajeron los automóviles y los caminos férreos en el siglo XX. Antaño, su realización era tarea titánica, y fue promocionándose gracias a obras como Historia de la conquista del Perú, Cusco: A Journey to the Ancient Capital of Peru y Peru: Incidents of Travel and Exploration in the Land of the Incas. Tal fue el impacto de las obras que el gobierno francés envió al arqueólogo Charles Wiener quien en el bajo Urubamba estuvo a punto de redescubrir Machu Picchu, hecho que, promocionado por el norteamericano Hiram Bingham, cambiaría la cara del Cusco. Con el tiempo, y con la ayuda de la UNESCO, se convertiría en símbolo reconocido por sobre el nombre del país que lo albergaba, no sin antes atravesar una etapa traumática debido al choque cultural (consumo de drogas, práctica del amor libre y una distinta escala de valores) durante los 70 y 80, satanizando al turista (Esquiroz 2010: 266-267). Afortunadamente, se ha formado un ambiente cosmopolita, un paisaje distorsionado para bien, vivido por personas de diferentes lenguas, donde la pizza es el plato típico y la adaptación es la regla.

A lo largo de su obra, Esquiroz nos presenta una imagen ambiental próspera, con espacios ocupados tanto de día como de noche, donde la opresión de los muros desaparece por la afluencia del turista que hace de los altos muros vestigios históricos, sorprendentes y; de las costumbres, al paisaje como artefacto. No obstante, su perspectiva parte más de una representación cognitiva de zonas de afluencia turística como el Baratillo, el mercado de San Pedro o la calle Santa Clara. Mientras tanto, la visión de Riva Agüero parte de una vivencia empírica del recorrido de las calles.

Una ciudad donde el lugar de procedencia de los indios quechuas es fácilmente reconocido por la decoración de sus ponchos (Ubbelohde-Doering 1966:196) ya no existe más. Ahora, la mixtura de vestimentas generada por la globalización y el capitalismo introduce al observador del paisaje cotidiano una visión cosmopolita, donde una suerte de postfordismo turístico lo ataca.






Bibliografía
• ALDANA, Susana. 2007. Historia del Perú. Barcelona: Lexus.
• BOERO, Hugo. 1990. El Imperio del Sol: Titicaca. EL lago sagrado de los Incas. Tiwanaku. Cusco. Machupicchu. La Paz: Hispania.
• CANZIANI, José. 2006. El Imperio Inca: la integración macrorregional andina y el apogeo de la planificación territorial. Lima: PUCP. Departamento de Arquitectura.
• DIRECCIÓN REGIONAL DE COMERCIO Y TURISMO EXTERIOR – CUSCO. Templo de Santa Teresa. Consulta: 10/06/2012. http://old.dirceturcusco.gob.pe/inventario/inventario.php?pag=TSantaTeresa
• ESQUIROZ, Jorge. Cusco: tiempo y espacio. Lima: ING, AFP Integra, 2010.
• GERBI, Antonello. 1944. Caminos del Perú: historia y actualidad de las comunicaciones viales. Lima: Banco de Crédito del Perú.
• KAUFFMANN, Federico. 1990. El Incario.
• MINISTERIO DE CULTURA. Monumentos coloniales y republicanos. Consulta: 17/06/2012. http://www.drc-cusco.gob.pe/index.php?option=com_content&view=article&id=75&Itemid=409
• ORREGO, Juan. La iglesia de Santa Teresa del Cusco. Consulta: 10/06/2012. http://blog.pucp.edu.pe/item/72277/la-iglesia-de-santa-teresa-del-cuzco
• RIVA-AGÜERO Y OSMA, José de la. 2010. Paisajes peruanos. Lima: El Comercio: Producciones Cantabria.
• UBBELOHDE-DOERING, Heinrich. 1966. On the royal highways of the Inca: archaeological treasures of ancient Peru. Chur: Plata Publishing.
• VIAMEDIUS.COM. Qué ver en Cusco, Perú-Calle Plateros. Consulta: 10/06/2012. http://www.viamedius.com/que-ver/sudamerica/peru/cusco/calle-plateros
• VON HAGEN, Adriana. 1998. The cities of the ancient Andes. New York: Thames and Hudson.