Grafitti bajo el Puente Perú. Por José Zavala

Grafitti del Chavo localizado sobre la Av. Universitaria debajo del Puente Perú. Destaca el hecho que se mantenga cuidado, nadie más ha osado pintar sobre él. La Universitaria es una avenida muy concurrida; esta imagen debe ser vista por decenas de miles de personas al día.

8 comentarios + 1 anécdota + 1 epílogo que redacté “sin querer queriendo” en torno al viejo programa de televisión (no la animación actual)


1 Un chavo con historia

“El Chavo del 8, fue, es y será nuestra eterna compañía, simplemente porque es un programa perfecto”.

http://www.chavodel8.com/historia.php

Yo, como millones de personas, veía el programa del Chavo del 8 cuando fui niño. De esto hace ya bastante tiempo. Mi recuerdo más exacto se remonta a 1976, fecha en la cual yo tenía diez años, quizá once.

Debo admitir que por mucho yo prefería al Chapulín Colorado, y que mi pasión “chavera” fue más bien breve; por el año de 1980 yo veía –porque había otros programas cómicos que me llamaban mucho la atención- La Carabina de Ambrosio (con César Costa, Chabelo, Paco Stanley, Beto el Boticario, Gina y Benito Castro) más dirigido a público no infantil.

Reconozco que el programa del Chavo siempre ha estado presente en la televisión mexicana aunque poco a poco con menor presencia; es decir, dejó de tener un horario especial hace mucho pero mucho tiempo. Pero aún hoy, es posible encontrarlo en cierto horario de algún canal.

2 El cine del asco

Desde que visité el Perú el primer día noté esta cuestionable –y consideraba por mí de pésimo gusto- característica de relacionar a México especialmente con dos personajes; el Chavo y Pedro Infante (o Jorge Negrete, pero es el uno o el otro). Sí, yo lo considero de mal gusto ya que a México lo reducen a un contexto de una vecindad –con todos sus patológicos personajes- o a un territorio campirano –lleno de cantantes, visitadores de cantinas y gatilleros enamorados-. Como mexicano con 42 años de edad estoy completamente seguro que México no es eso, y dudo que alguna vez lo haya sido; a pesar de películas consideradas de la “Época de Oro del Cine Mexicano”. Una época de oro que bien pudo abarcar de 1935 a 1955. Es decir, 20 años hace ya más de medio siglo. Que vivan en las viejas glorias aquéllos que nunca consideraron tener otras.

Claro, debo de reconocer que esa “muy preciada época cineasta” (disculpen mi ironía) algunas películas del gran mexicano Cantinflas las considero dignas de admirar y, hace otros 20 años descubrí que Michael Jackson aprendió algunos de sus más espectaculares pasos de baile del también mexicano Tin Tan. Países como la ex Unión Soviética (Einsenstein, Tarkovsky), Italia (Fellini, Pasolini, Visconti), Francia (Godard, Truffaut, Chabrol), Alemania (Reiner Werner, Herzog, Wenders) así como Suecia (Bergman) sí tuvieron sus épocas de oro, dignas de seguir admirándose; pero no me salgan que unos rancheros borrachos y enamoradizos sean el leit motiv de una “escuela de cine para el mundo”.

Pero en Perú adoran el mal gusto. Hasta tienen una palabra más local en lugar de utilizar extranjerismos como naïve o kitsch: huachafería.

Y del cine nuevo mexicano no se sabe nada, ¿para qué? Pedro Infante no murió en México; se vino a vivir al Perú.

3 Casos Inauditos

Esto es verídico, ocurrió hace un mes en este año 2007: un tipo “típico” de 35 años de edad, sin empleo formal ni formación universitaria, le dijo a una amiga mía, de 38 años y entregada a las artes plásticas; “¿cuándo nos casamos para que me regales mi televisión de pantalla gigante y ver al Chavo?”. Afortunadamente con semejante propuesta, mi amiga comprendió que él no sería el hombre de su vida.

Otro caso: viajaba en un taxi al aeropuerto cuando el chofer comenzó a hablarme de las bondades del Chavo. Le dije que cómo era posible ese programa se siguiera “consumiendo” en este país. Lleno de seguridad y orgullo me dijo “cuando un programa es bueno, es bueno; a mis hijos también les encanta”. Sospecho que los hijos de ese señor taxista seguirán el ejemplo de ser taxistas en unos años más, y el Chavo seguirá siendo transmitido en la televisión.

Hasta este momento considero que debo volver a definir mi postura; yo también miraba en la televisión al Chavo y su gente. Sí, lo hice; no tengo por qué negarlo. Simplemente es que seguí encontrando vida después del Chavo. Y abundante vida por cierto como para limitarme a la “bonita vecindad”; por cierto, la única vecindad que he conocido en mi vida.


Máscaras. Por José Zavala

Máscara del Chavo que se vende con motivos del “Jalowin”. El Chavo contra Freddy, ¿qué puede ser más motivador? Imagen de José Zavala.

4 El Chavo

Y es que el simbolismo del Chavo es peculiar. Analicemos primeramente su físico; es pequeño (chato en peruano, chaparro en ambos países); de hecho, bastante pequeño, no llega al metro con sesenta… una razón de tener una talla así puede ser, aparte de la herencia, una época de precariedad alimenticia en la niñez. En el Perú sigue abundando la gente chata (ojo con este detalle) debido a una desnutrición dada por ignorancia, en un país cuyas tierras son en su mayoría fértiles y abundan los alimentos.

El Chavo, además, no tiene casa para vivir, es un “arrimado”. Entonces, cualquier persona que no tenga casa para vivir puede fácilmente identificarse con él. No tener una casa propia en el Perú, sobra decirlo, es algo común para una gran mayoría de personas de origen humilde (situación que también se da en México y demás países no precisamente de Latinoamérica). Pero el punto es, si no tienes casa, te puedes identificar con el Chavo.

Ahora entiendo por qué cuando me relaciono la inevitable pregunta número 3 de cualquier entrevista socializadora es ¿VIVES SOLO? O sea, tengo mi propio espacio y puedo prescindir de compartirlo; por lo tanto, no soy un Chavo.

Lo que me parece verdaderamente fascinante, es la gorra que usa este personaje. Es una “cachucha” (como se puede decir en México) pero, ¡tiene orejeras! ¡Como si fuera un chullo! Yo creo que por aquí se puede ir acercando a la atracción chola hacia este icono televisivo.

5 Doña Florinda y Kiko

Estos dos personajes muestran una condición patética bien marcada.

Doña Florinda, ¿madre soltera? ¿Abandonada? ¿Viuda que vive de pensión? Esta característica se le definió hace 35 años, la madurez social para darle todo el lugar que se merece una mujer con hijo sin evidente pareja no existía aún. Doña Florinda es entonces un personaje temerario, que desgraciadamente, no es capaz de sobrellevar su vida de soltera con hijo de manera satisfactoria y tiene que compensarlo con una actitud de defensa; no acepta su realidad de soledad con un compromiso filial.

Es precisamente esa razón la que la lleva a considerarse de otra clase social, a rechazar a los pobres, a la chusma; sin darse cuenta que ella es una más. Por ejemplificar una analogía muy común en el Perú; ella puede ser la chola que cholea a todos los demás; e en México, la naca que naquea.

Además, es evidente que es una mujer dominante. Y no creo que por ser el personaje de Doña Florinda, sino en sí misma como mujer. Un atributo también que lo encuentro muy peruano, la mujer que controla, que manipula, que debe imponerse a cualquier precio inclusive llegando a la violencia física.

En Panamá también pude percibir un estereotipo de mujer fuerte, “de carácter” como una manifestación arraigada en el país. Pero en el caso del Perú se me hace más fuerte. Curiosamente, considero que la mujer peruana si bien es dura y casi imposible de dominar (bueno, considerando solamente aquéllas que tienen –o creen tener- el poder de disponer de su vida y la de su marido e hijos), es además una mujer aislada; de socializar lo mínimo.

¿Cuántos amigos en Lima puedo tener y nunca he conocido a la mujer de alguno? Éste es una característica muy propia, nacida quizá de la desconfianza hacia las personas que se siente en esta ciudad. Así pues, si en otros lugares del mundo puedes hablar no solamente con tus amigos, sino con el resto de la familia u otros contactos, acá parece limitarse a tu mero contacto.

Federico en cambio, es el engreídazo. El chico bagre que se cree ficho. Destaca que es más blanco que otros personajes de la vecindad, y no por casualidad. Con una madre así y una fisonomía asá tiene todo el derecho de pretenderse otro y discriminar. Algo muy común en el Perú. Algo demasiado familiar que debe ser considerado bueno, de valor… de culto.

Tributo al Chavo. Imagen de José Zavala

Dibujo de Patricia Baldoceda, fotografiado con permiso de su padre (quien está dibujado). Sitio, una bodega enTarma. Foto por José Zavala.

6 El profesor Jirafales

Este personaje fue el primero en llamarme la atención hace 15 años. Con él precisamente me nació un desencanto hacia La Bonita Vecindad. Un desencanto que después se volvió rechazo. Sí, lo admito. No trago al Chavo. (Si tú lo adoras no me sigas leyendo, ¿está bien?)

El profesor Jirafales, tal como lo define su propio personaje por su propio nombre: ¡es profesor! (El sentido de mi tragedia es que desde ese mismo tiempo yo también soy profesor) La desvalorización docente, es un fenómeno mundial tan reconocido y ahora percibido de manera tan intensa en ciertos países, un problema a enfrentar de manera compleja… mirar un programa donde un profesor no tenga autoridad ni en su aula ni en una vecindad siquiera es, para un profesor como yo… deprimente.

A Jirafales le agregamos otros ingredientes inapecetibles. Es demasiado alto para que una población baja de estatura pueda identificarse con él. Es además, un “pisado o saco largo”, un “mandilón” en mexicano. Es decir, siendo altazo, siendo profesor, siendo hombre (no hay tilde de machismo, aclaración) se doblega ante la “fachosa” Doña Florinda; el bello se somete a la bestia.

Pero Jirafales por ser profesor, no tiene más recursos de buscar una mujer de una clase “menos baja”, con el sueldo que puede tener no aspira a una mujer mejor vestida, más educada y por lo tanto menos frustrada y violenta.

Aunque Chespirito haya declarado con motivo del libro de sus memorias Sin querer queriendo que nunca ha faltado el respeto a nadie, estos simbolismos que yo percibo (y redefino mi postura; es lo que YO percibo, lo más seguro es que esté equivocado, ¿está bien?) son muy fuertes. Quizá el público televidente de hace 30 años no era tan crítico o educado, o sea hace 30 años en México es como Lima en el 2007, ¿qué otra razón puedo encontrar?

7 Don Ramón y el Sr. Barriga

Don Ramón también representa su micro universo peculiar. También es un individuo sin pareja sentimental; de hecho, en esa vecindad nadie tiene conviviente siquiera (La Bonita Vecindad de los individuos frustrados). ¿Esa caracterización repercute en la identificación masiva de los individuos separados, distanciados o divorciados que en grandes urbes por la complejidad de la vida se manifiesta con intensidad? Siguiendo lo anterior, los hijos separados de alguno de sus padres serían más fieles espectadores de este programa.

Don Ramón –que en Paz Descanse- también representa al “mil usos”. Al “cachuelero”. Al personaje que no tiene preparación formal pero tiene que “recursearse” a como dé lugar para mantener a su desatendida chibola la Chilindrina –ella, que no tiene más opciones que aceptar la amistad del noble Chavito-.

El cachueleo es peruano, como la milusería es defeña (del D.F. o Distrito Federal).

Don Barriga es en cambio, representa al heredero los antiguos hacendados, el ostentoso ser (de buen corazón) que tiene la capacidad de vivir de sus rentas. Al que todos le temen no por su carácter sino por lo que representa; el patrón, el jefe, el mismo Estado, al que hay que pagarle. Al Sr. Barriga hay que evitarlo, esconderse de él, inventarle pretextos, justificarse ante su persona. A él no se le refuta nada, si se desea proyectar la frustración, para eso tienes a tus vecinos; a la chusma, a la que tú inexorablemente perteneces.

Sin querer queriendo. Memorias de Chespirito en versión bamba. Por José Zavala

Libro de memorias de Roberto Gómez Bolaños, disponible su versión pirata everywhere. Por José Zavala

8 El Chavo es Peruano

Creo que después de esta reflexión ahora sí puedo justificar mi afirmación. Si el Daniel Titinger publicó su libro Dios es peruano, yo publico ahora mi artículo El Chavo es peruano. Ahora, es hora de apagar los recuerdos televisivos de mi mente y abrir un libro y leer.


Anécdota:

En un Chat con un amigo:
-Acá es uno de los programas con mayor rating, ¿lo sabías?
- Uta, ¡qué cultura!

Epílogo:

Barrios Altos, Cercado de Lima, año 2020
En el jirón Huanuco, en una cuadra cuyas viejas casonas sucumbieron ante las lluvias que ahora por el cambio climático sí afectan a Lima, se ha edificado un enorme edificio de cuatro mil metros cuadrados, de un solo piso y techo a dos aguas. Es la Iglesia de San El Chavo del 8, que a diario congrega a cientos de limeños (pero en domingo simplemente no caben en ella). Cada fiel seguidor lleva su chullo con visera o “cachucha” que no se quitan al momento de recitar sus plegarias, que piden alegría para mitigar sus tristezas.

Grafitti del Chavo en Puente Perú. Por José Zavala

Motivos, imágenes, programas, frases, actitudes: religión. Por José Zavala

Ya existe una entrada llamada Yo, el Amargado en agradecimiento a las 1340 lecturas y sus "valiosos comentarios":
http://blog.pucp.edu.pe/item/25000 (Junio 22 de 2008)