17/03: Diplomacia británica (1/2)
Categoría: 7. Notas históricas
Publicado por: lbaciga
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Corría el penúltimo año del gobierno de la Junta presidida por Ramón Castilla, y en el sureño puerto de Islay se hallaban al ancla cuatro buques de guerra peruanos, el Yungay, el Limeña, el Libertad y el Paquete, todos bajo el comando del general de brigada Carlos Lagomarsino (de origen genovés, como su nombre indica). El 14 de agosto, para sorpresa de Lagomarsino, de sus marinos y marineros, de los habitantes del puerto y de toda la flora y fauna local (que no es mucha), apareció frente a Islay la fragata de guerra inglesa H.M.S. Dublin.
Al cabo de unas maniobras bastante sospechosas (esto huele a bloqueo, se decían algunos), un pito de contramaestre anunció el desembarco de un oficial. El bote se acercó lentamente al puerto mientras la población se aglomeraba en la rada. El oficial inglés preguntó por el Capitán de Puerto, a quien entregó la siguiente notificación dirigida al comandante Lagomarsino:
“Señor Comandante General de la Escuadra Peruana.- Habiendo observado que uno de los buques de la escuadra de Usted está acortando su cable, con la intención, como supongo, de salir de este puerto, es mi deber avisar a Usted que tengo órdenes del Señor Contra Almirante Thomas, Comandante en Jefe de las Fuerzas Navales de Su Majestad Británica, de no permitir que ninguno de los buques de su escuadra levante el ancla, hasta que en unión con el encargado de negocios de Su Majestad Británica en Lima, hayan conseguido de parte de la Gran Bretaña, amplia reparación por el insulto ofrecido por las autoridades de este lugar a la bandera de Su Majestad Británica en haber tratado de detener el vapor británico Peru. Por esto, y teniendo estas órdenes, aviso a Usted que las pondré estrictamente en ejecución. Con la mayor consideración, me suscribo de Usted, su atento servidor.
John J. Tucker.”
Luego de algún desconcierto, Lagomarsino respondió con otra nota en la que rechazaba la imputación de ofensa a la bandera británica. Se tomó incluso la molestia de explicarle a Tucker que el gobernador de Islay había ordenado la detención del vapor Peru, de la PSNC, porque su capitán había incumplido con disposiciones legítimas emanadas de la autoridad portuaria. Sobre la amenaza de intervención, Lagomarsino señaló que él no estaba autorizado para tratar temas diplomáticos, por lo que enviaría la nota de Tucker a Lima y quedaría a la espera de instrucciones del Supremo Gobierno. Su nota concluía con un obligado gesto de valentía: Sepa Usted, Señor Comandante Tucker, que si recibo órdenes de zarpar, “lo verificaré sin que me arredren las fuerzas que manda Su Señoría, el Señor Contra Almirante Thomas, porque sucumbirá con honor la pequeña fuerza que me obedece, y el Señor Contra Almirante será responsable de las consecuencias.” En otras palabras: Ustedes me pagan el entierro, pero que zarpo, zarpo.
El problema de Lagomarsino fue que, el 21 de agosto, recibió órdenes de zarpar. Las instrucciones llegadas de Lima le ordenaban dirigirse con la corbeta Yungay al encuentro de la fragata Dublin, para presentar la protesta formal del gobierno peruano contra la conducta de Tucker. Pero esto no lo sabían los ingleses. Lo que ellos vieron fue una maniobra que habían prohibido, de modo que procedieron a la captura violenta y al embargo consiguiente de las cuatro naves peruanas.

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MARIELLA escribió: