¿A dónde nos vamos?

Seguramente, muchos de nosotros nos hemos preguntado acerca de nuestro destino eterno. Si muriéramos hoy, ahora mismo… ¿iríamos al cielo?; o, si el Señor Jesús vuelve hoy ¿nos vamos con Él, o nos quedamos? Me pregunto ahora, cuantos de nosotros tenemos la plena certeza de que vivimos haciendo lo correcto y que realmente hemos aceptado la salvación de Dios. Que, sí tenemos que ser juzgados en este momento, seremos aceptados delante de Dios. Cuantos hemos entendido realmente lo importante que es vivir con esa seguridad en el corazón y que no nos podemos permitir andar con dudas al respecto. De ello, dependerá que pasemos la eternidad disfrutando de la presencia plena de Dios o completamente atormentados por estar separados de Él.

Hace poco me preguntaron, cuando es que yo había “aceptado la salvación”, y simplemente no recordaba un momento exacto. Y, es que finalmente, es difícil reconocer un momento específico en el cual somos salvos cuando no hay alguna aparición física que podamos percibir. ¿Como entonces podemos tener certeza de que andamos en el camino correcto, y que si morimos en este instante, podremos gozar de la presencia eterna de Dios?

Antes de responder, es preciso recordar que, a causa del pecado de Adán en el Edén, todos los seres humanos nacemos separados de Dios. Sin embargo, Dios siempre quiso que nos relacionáramos con Él pero, a causa de nuestra naturaleza pecaminosa, no podíamos acceder a esta relación. Por eso, envió a Jesús para restaurar la posibilidad de esta relación redentora y transformadora. (Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo… 2 Corintios 5:18). Es redentora porque al morir en la cruz, Cristo pagó por todas nuestras culpas y nos libró de la muerte eterna. Y, es transformadora porque ya sin pecados, podemos acceder a tener una relación con Dios y a la acción de su Espíritu Santo en nuestras vidas. Es decir, que ahora no solo contamos con nuestra naturaleza, sino que también contamos con la presencia y ayuda del Espíritu de Dios obrando desde nuestro interior (pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Hechos 1:8).

La muerte de Cristo en la cruz fue una pura y desmedida expresión de la gracia divina. No ocurrió porque la mereciéramos; sino, únicamente, por la voluntad soberana de Dios. Conociendo nuestros pecados de antemano, Cristo murió por todos nosotros (Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8) y demostró su señorío sobre satanás el pecado y la muerte. Todo lo venció para que cualquiera que cree en él y se arrepienta del pecado que lleva dentro, pueda ser libre del castigo eterno y pueda obtener salvación y vida eterna. Pero, para acceder a la salvación es necesario el arrepentimiento previo, Jesús nunca preguntó quien quiere ser salvo, Él dijo: “arrepiéntanse, porque el reino de los cielos esta cerca” (Mateo 4:17).

En romanos 10: 8-9 Pablo destaca que: …Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. La salvación sólo puede operar cuando reconocemos el señorío de Cristo. La vida cristiana inicia al reconocer que Jesús es el Señor de todo el universo y al decidir que lo aceptamos como el Señor de nuestras vidas. Y únicamente recibimos ese regalo (salvación) por medio de la fe, porque debemos creer firmemente que al aceptarlo, seremos salvos. Cuando llegamos a entender esto plenamente, sabemos que no podemos salvarnos por nuestra cuenta, sino que necesitamos y dependemos completamente del Señor para ello; y que, en adelante, debemos vivir confiados en su palabra, su amor y soberanía.

Pero, el arrepentirnos y aceptar el regalo de salvación de parte de Dios NO significa que no volveremos a pecar, pues aún vivimos en un mundo caído y con una naturaleza pecaminosa; sino que, hemos dado una vuelta de 180° grados con respecto a nuestra vida anterior (De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 2 Corintios 5:17). Al haber rendido nuestra vida ante Dios, haremos lo posible por agradarle, y si le fallamos pediremos perdón inmediatamente, intentando no volver a hacerlo en adelante. Viviremos buscando hacer solamente su voluntad. Así que, cuando vivimos de la misma manera en que Cristo, nuestro Señor, vivió; agradando a Dios y obedeciendo la voluntad de nuestro Padre, es que sabremos que estamos en el camino correcto. Pero, cuando nuestra vida no coincide con lo que decimos creer, es posible que nos llamemos cristianos por herencia, comodidad, costumbre, o por la consecuencia de un momento de emoción; pero realmente no hemos rendido nuestra vida a Jesús.

Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo… (Tito 2:11-12)

Analicemos nuestra manera de vivir, y respondámonos… ¿A dónde nos vamos?

Vivamos con plena convicción en lo que creemos… no lo dejemos al azar.


Leslie Meza

Etiquetas :

item rate

Vota por este artículo:


Ingrese su correo electrónico para suscribirse a los comentarios de este artículo:

Ingrese los caracteres de la imagen y presione el botón "Suscribirse":

Comentarios

No hay comentarios aún

Añadir Comentarios

:

: (obligatorio)



(obligatorio)

Su comentario deberá ser aprobado antes de ser publicado. Gracias!