
No llovía ni fue en un sitio romántico ni como ella lo esperaba. Pero cuando estás enamorada, no importa cómo ni dónde, simplemente, cuando llega esa sensación descrita como “no puedo soportarlo más, tengo que sacarlo de mi pecho”, simplemente lo tenía que decir. “Te quiero”. Se lo dijo y él pareció algo triste. “Eres lo que yo quiero para mí. Eres lo que yo he soñado. Me encanta estar cerca de ti. Adoro estar a tu lado. Aunque no me lo hayas dicho nunca, siento que me amas cuando estamos juntos. Te quiero y quiero estar siempre contigo”. Empezaba a llorar mientras le decía todo. Él la miraba algo sorprendido, no tanto por sus palabras sino por la expresión de ella al llorar de esa manera.
Hablar de amor le resultaba incómodo y ella lo hacía a menudo. No eran los mejores amigos pero se llevaban bien. Pocas palabras siempre, riéndose de cualquier cosa. La típica relación amor-odio. “Parecen hermanos”. A él le agradaba esa idea. Ella miraba el suelo sin decir nada. Él era todo lo contrario de lo que ella consideraba “su chico ideal”: callado, frío, distante. Sin embargo, alguna vez, él le decía cosas tiernas y siempre era atento y muy educado. Le gustaba sentirse “protegida”, como ella decía. Yo me pregunto, ¿de qué? ¿Protegida de qué? Se enamoró al poco tiempo, pero las cosas seguían igual. Poco a poco, el sentimiento crecía y ella lo quería más y más. Se enamoró, al final, de un chico totalmente diferente a lo que ella quería para ella, diferente a su “chico ideal”.

Ella se lo dijo cuando esperaban el bus: “Eres lo que yo quiero para mí. Eres lo que yo he soñado. Me encanta estar cerca de ti. Adoro estar a tu lado. Aunque no me lo hayas dicho nunca, siento que me amas cuando estamos juntos. Te quiero y quiero estar siempre contigo”. Era una sensación de estar parado tras un cristal. Pensó que mejor hubiera sido mejor no verla ese día. Pero la quería, la quería muchísimo, pero él pensó que tal vez ella no podría responder bien… “Por favor, dime algo, no estés callado. Quiero saber si me quieres o te gusto aunque sea un poco, haré mi mejor esfuerzo para ser una mejor persona para ti. Haría lo que sea para que me aceptes o para convertirme en alguien que tú ames. Dime algo, por favor”.
Él miró las nubes que pasaban. Pensó que lo que ella le decía era demasiado para un solo día que ya acababa. Qué incómodo. Esta situación de que una gran amiga le declare su amor… no era la primera vez. Él siempre tenía una decisión en mente, pero todo dependería de lo que ella responda cuando él hiciera la gran pregunta. La miró y pudo ver los ojos de ella llenos de brillo y de determinación. ¿Habría alguna mínima posibilidad que ella contestara correctamente? “Si me quieres y es verdad lo que me dices, contéstame una pregunta, por favor”.


Era una pregunta totalmente inesperada, hasta para mí. ¿Es acaso, una pregunta válida? ¿Cómo podría responder aquello? ¿Por qué habría preguntado aquello? Se borraron las lágrimas de pronto. Subieron al bus y se sentaron juntos. Ella aún no decía nada y él parecía no esperar una respuesta. Ella ya sabía porqué el había preguntado eso. Era porque ella se había fijado tanto en solo “lograr” ser su novia que no pensaba en lo que vendría después. Ella lo miró y él miraba la ventana con una mirada pacífica. Parecía disfrutar esa situación. Ella comprendió su situación. ¿Cuántas chicas habrán pensado solo en estar con él pero no en lo que vendría después? Era una pregunta justa porque muchas personas se preparan mucho para declararse, pero luego, la situación es incómoda, no saben como comportarse y aquella amistad especial se desvanece sin derecho a convertirse en un hermoso recuerdo. Ella no tenía respuesta en su mente, así que… habló su corazón.
“Mañana seré tu mejor amiga… sólo que seré la única que tendrá derecho a abrazarte, la única que tendrá derecho a besarte. Y tú serás mi mejor amigo… el único que tiene derecho a llamarme ‘amor’. A partir de mañana seríamos los mejores amigos, sólo que quiero que aceptes mis sentimientos y me digas que sólo eres para mi”.

En realidad, no recuerdo muy bien el final de aquella historia pero… creo que es una respuesta muy tierna, ¿verdad? Sólo alguien que te ama de esa manera diría algo parecido. ¡No! Sólo alguien que te ama demasiado hubiera comprendido la pregunta. Creo que… creo que yo hubiese aceptado esa respuesta… ¿y tú?







