edipo
Los que me conocen saben que soy de la opinión de que el psicoanálisis no tiene nada que hacer en la educación. Más allá del marco conceptual en sí mismo, con el que se puede discrepar o no, considero que frecuentemente se hace muy mal uso de los conceptos psicoanalíticos, los que ingresan a la escuela sin mayor rigurosidad, son superficialmente asimilados por los docentes y, en muchísimas ocasiones, utilizados para justificar lo injustificable. Ya opiné al respecto en este post. Si bien muchos psicoanalistas han intentado acercar el psicoanálisis a la educación (Anna Freud es una de las más conocidas), Freud mismo consideró en algún momento de su vida que era imposible desarrollar una pedagogía basada en el psicoanálisis. Ver Freud antipedagogo, de Catherine Millot, para una discusión de este tema.

Vuelvo a tocar el tema porque la UPC acaba de sacar un libro que recopila escritos de Marcos Gheiler sobre educación y psicoanálisis, y me pican las manos de las ganas que tengo de leerlo y ver por dónde van los así llamados "aportes" de este señor a la educación. Aun no lo tengo pero espero revisarlo pronto.

En mi experiencia, cuando el psicoanálisis ha entrado a la escuela lo único que ha hecho es legitimar procesos que más bien deberían reflexionarse y tornarse conscientes, analizarse a la luz de un orden superior, digamos, los derechos de los niños o las responsabilidades de los profesores para con ellos. He tenido experiencias con maestros que tratan sistemáticamente mal a un determinado niño y que avalan o justifican su comportamiento con conceptos tales como la transferencia o la contratransferencia, el edipo, o el hecho de que hay "sentires", o afectos primarios y profundos que hacen que uno experimente determinada emoción frente a algunas personas, y que eso es humano y hay que validarlo y acogerlo porque esas emociones "son nuestras". En este discurso, por supuesto, no hay ni el mero atisbo de una conciencia crítica sobre cómo afecto yo con mi comportamiento a un niño en crecimiento, cuales son mis responsabilidades hacia él o ella en mi rol de maestro, o de que manera puedo hacerme más consciente de mis estados emocionales y mediarlos más efectivamente con cogniciones más apropiadas.

En fin, se me podrá decir que eso no es psicoanálisis sino una mala práctica y un uso silvestre de sus ideas y conceptos, pero yo estoy convencida de que hay algo instrinsecamente negativo en la corriente en si misma cuando se lleva a la escuela.

Habrá que leer el libro de Gheiler para ver que dice.