25/10/07: TEST VOCACIONAL
Don Carlos Boloña quiere ahora ser historiador. Bien escondida tenía su vocación. Aunque acercándonos mejor a su trayectoria, podremos ver que siempre intentó aproximarse por estos territorios. Sin duda que fue importante, más no suficiente para cualquiera que sepa de los rudimentos de la Historia Económica, las series de aranceles que alguna vez construyó. En los últimos tiempos, bien audaz él, nos señalaba doctamente que la crisis alanista solo tenía parangón con aquella que sirvió de marco a la Guerra con Chile. Esperamos con ahínco sus mediciones sobre este último escenario, puesto que nuestros escasos conocimientos históricos no saben más que de cuatro o cinco indicadores muy generales y reconstruidos bajo aproximaciones, no por limitaciones de los que se dedican seriamente a estos menesteres sino por la imposibilidad de encontrar fuentes fiables.
Decimos todo esto a propósito de su última aventura. Su Instituto (¿es ONG?) acaba de lanzar una publicación que recopila algunos escritos de don Pedro Beltrán, bajo la firma de alguien tan cercano a él como Arturo Salazar Larraín. El mensaje nos parece claro: el campeón del liberalismo manchesteriano tiene su continuador en ¿adivinen quién? Pobre don Pedro, aunque todavía es hora de resarcir su imagen., por ejemplo, ¿qué espera ADEX para recuperar la memoria de alguien que creyó fervientemente en las posibilidades del sector exportador como generador del crecimiento económico?
Pero las sorpresas no terminan allí. Fiel a los nuevos tiempos que circulan por estos lares, la presentación solemne de dicho volumen fue en San Marcos. Nos imaginamos un emotivo reencuentro entre el tocayo-asesor-primo de nuestro ex-ministro con sus antiguos amigos, ahora respetadas autoridades de esa casa de estudios. ¡Aquellos tiempos, caramba¡ Carlitos, bien engominado, en su colegio privado, ni se imaginaba de lo que en ese entonces los muchachos podían hacer. Con decirles que para don Pedro debieron ser los mismísimos diablos en persona.
Felizmente que nos inventaron el Purgatorio. Allí se ganaron las canas y la prominencia ventral indispensables para que puedan hablar ahora de las bondades de un libre mercado en cuya base está, entre otras cosas, los exhorbitantes sueldos de los maestros universitarios: estupendos doscientos dólares que dan la tranquilidad necesaria para dedicarse exclusivamente al conocimiento. De esta manera, el profesional sanmarquino no tiene por qué ir y tocarles la puerta a la gente del Instituto de Economía de Libre Mercado. Puertas que por lo demás, sospechamos que jamás se les abrirán.
Pero las sorpresas no terminan allí. Fiel a los nuevos tiempos que circulan por estos lares, la presentación solemne de dicho volumen fue en San Marcos. Nos imaginamos un emotivo reencuentro entre el tocayo-asesor-primo de nuestro ex-ministro con sus antiguos amigos, ahora respetadas autoridades de esa casa de estudios. ¡Aquellos tiempos, caramba¡ Carlitos, bien engominado, en su colegio privado, ni se imaginaba de lo que en ese entonces los muchachos podían hacer. Con decirles que para don Pedro debieron ser los mismísimos diablos en persona.
Felizmente que nos inventaron el Purgatorio. Allí se ganaron las canas y la prominencia ventral indispensables para que puedan hablar ahora de las bondades de un libre mercado en cuya base está, entre otras cosas, los exhorbitantes sueldos de los maestros universitarios: estupendos doscientos dólares que dan la tranquilidad necesaria para dedicarse exclusivamente al conocimiento. De esta manera, el profesional sanmarquino no tiene por qué ir y tocarles la puerta a la gente del Instituto de Economía de Libre Mercado. Puertas que por lo demás, sospechamos que jamás se les abrirán.
CASALINO SEN, Carlota. Mundo Cultural. PERUPAZ. Setiembre 1994. pp. 22 y 23.
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