Pedro Beltrán se destacó como el líder conservador más importante de este siglo en el Perú

Business inaugura con este artículo una serie de reseñas sobre los personajes más representativos de este siglo en el Perú. Multifacético y brillante, Pedro Beltrán sobresalió como agricultor, financista, periodista, político y economista.



Pedro Beltrán fue un liberal a carta cabal y un heredero de la llamada República Aristocrática. Actuó como un periodista respetuoso de la libertad de pensamiento. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) lo proclamó héroe de la libertad de prensa. Puso en práctica sus ideas de economista ortodoxo como presidente del BCR y ministro de Hacienda en los gobiernos de Odría y Prado, respectivamente.

Reconoció, sin embargo, el carácter político de estos cargos y no vaciló en alejarse de ellos. Por ejemplo, cuando Odría deportó al comunista Eudocio Ravines.

Defendió la independencia del BCR y la no intervención de los gobiernos en la elaboración de las estadísticas. Fue honorary fellow de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres y doctor honoris causa de las universidades norteamericanas de Yale y Harvard.



Los inicios. Nacido en Lima, en 1898, Beltrán vivió en Estados Unidos y se casó con Miryam Kropp, dama de la aristocracia bostoniana. Su familia, propietaria de la hacienda Montalván (Cañete), estuvo vinculada al sector agrario exportador. Estudió economía en la London School of Economics.

Desde 1930 desarrolló una intensa actividad en el Perú como político, funcionario público y periodista. En la década de los 50 tuvo su momento cumbre. En su libro La verdadera realidad peruana, publicado en 1976, relató sus experiencias como alto funcionario y sus luchas contra los gobiernos de Odría, Velasco y Morales Bermúdez.

Desde su diario La Prensa defendió la libre empresa como el mejor sistema económico para el Perú. Por estar siempre cercano al poder, advirtió a los gobernantes de lo peligroso que es «llenarse la cabeza con él». Les aconsejaba rodearse de gente sincera y conocedora de los problemas del país, evitando a los aduladores. Defendió siempre el derecho de los ciudadanos a la información, por eso combatió abierta o disimuladamente a los gobiernos que controlaban la prensa. Fue un auténtico liberal.

Vida pública. Fue amigo de Augusto B. Leguía. Su relación con él tuvo un origen familiar y se fortaleció en la década de los 20, cuando ambos se encontraban en Inglaterra.

En 1928 fue elegido presidente de la Sociedad Nacional Agraria y en 1930 fundó el Partido Nacional Agrario, con Gerardo Klinge y Manuel González Olaechea. Aceptó ser embajador del Perú en Estados Unidos en el primer gobierno de Manuel Prado.

Luego, en 1947, propició la organización de otro partido político, la Alianza Nacional, que luego se fusionó con el Movimiento Cívico Independiente, cuyos líderes fueron Javier Ortiz de Zevallos., Pedro Roselló, Carlos Alzamora Traverso y Carlos Rizo Patrón.

En 1949 fue nombrado presidente del BCR, desde donde impulsó la política del libre cambio. Se recuerda que invitó al famoso economista Ludwig von Mises a dictar una serie de conferencias en marzo y abril de 1950.

Poco después, sin embargo, renunció en solidaridad con Eudocio Ravines, alejándose así del gobierno de Odría. En 1955 participó activamente contra este gobierno para evitar que continúe en el poder y, sobre todo, para fomentar las elecciones libres.

En 1959 reemplazó a Luis Gallo Porras en el ministerio de Economía y fue nombrado presidente del gabinete ministerial del segundo gobierno de Prado.

En 1961 postuló a la presidencia de la república con un grupo político que no prosperó y que terminó respaldando la candidatura de Haya de la Torre.

Ministro de Economía. La invitación que le hiciera el presidente Prado para dirigir la cartera de economía fue una gran lección de democracia, pues convocó justamente a quien criticó su política económica desde La Prensa.

Beltrán era contrario al financiamiento del déficit público con emisión de billetes, porque según él ése era el origen de los procesos inflacionarios que derivaban en crecientes descontentos populares. Criticó, asimismo, al gobierno de Prado por haber agotado las reservas internacionales y aumentado la deuda pública.

Como ministro, Beltrán aplicó drásticas medidas: eliminó los subsidios a los alimentos, elevó el precio de la gasolina y propició una política económica liberal. Cumplió, además, con su ofrecimiento de no financiar el déficit fiscal recurriendo a «la maquinita» o a la emisión monetaria sin respaldo, concentrándose a resolver el problema de la inflación y el desequilibrio fiscal.

Introdujo restricciones en el gasto del gobierno tratando de recuperar la confianza de la población, reformuló las vinculaciones con el FMI y aplicó medidas de control de la masa monetaria en circulación.

Además, para aliviar la deuda acumulada durante varios años, recurrió al consejo del Banco Mundial, asegurando así el éxito de la emisión de bonos sin recurrir al BCR. El triunfo de esta operación permitió sanear la situación del tesoro.

Con Beltrán, el impuesto a la renta comenzó a pagarse puntualmente y no con un año de retraso, como había estado sucediendo. Con estas medidas, logró estabilizar la economía a los nueve meses de su gestión. Bajó el costo de vida y restableció el equilibrio entre la cantidad de dinero y el nivel general de precios.

Hay que destacar, por último, que este economista liberal trató de asegurar que el índice de precios se obtuviera sin intervención alguna del gobierno.

Dejó la cartera de economía con cierta frustración, pues no consiguió la aprobación de dos importantes proyectos de ley, el de vivienda y el de reforma agraria.

Periodista. La aparición de La Prensa sirvió para equilibrar el poder de El Comercio. Desde su primer número criticó a los «civilistas». En el citado libro, Beltrán narra que La Prensa, aún bajo la propiedad del Partido Liberal, siempre siguió una línea independiente.

Luego de la caída de Leguía, La Prensa dejó de salir, pero la coyuntura política obligó a volverla a sacar el 20 de julio de 1934, esta vez bajo la dirección de Beltrán. Con el apoyo de su primer director, don Pedro de Osma, se abocó por completo a mejorar el producto durante dos años.

En 1947, asumió nuevamente la dirección de La Prensa con mayor experiencia y conocimiento. Su estadía en Estados Unidos le sirvió para familiarizarse con los diarios más importantes y conocer a periodistas destacados de la época.

Promovió la famosa revolución periodística de los años 50: reunió a un notable grupo de periodistas, editó manuales de estilo, diferenció la información de la opinión y, aplicando lo aprendido en Estados Unidos, logró de La Prensa un periódico moderno, ágil, eficiente y ameno.

En 1956, el gobierno de Odría encarceló a Beltrán y a 40 empleados de La Prensa, entre periodistas y gráficos, con el propósito de silenciar el éxito de la campaña de este diario en contra de la imposición de un candidato único. Al siguiente día, los periodistas recuperaron su diario y rechazaron la censura del gobierno. Un movimiento aparte fue la campaña para la liberación de Beltrán, que desarrollaron Pedro Roselló y Agustín Tovar.

Casi 20años después se repitió la historia. El 27 de julio de 1974 el gobierno de Velasco asumió la dirección de los periódicos independientes: La Prensa, El Comercio, Ultima Hora, Correo y Ojo.

Beltrán criticó duramente esta medida y se opuso a la promulgación del llamado Estatuto de la Libertad de Prensa. Estas normas, decía, no garantizaban la libertad que preconizaban, pues el gobierno ya tenía bajo su control cuatro diarios. Para Beltrán era obvio que la confiscación de 1974 tenía como objetivo acallar la crítica y evitar la publicación de noticias incómodas al régimen militar.

Beltrán murió en Estados Unidos, el 17 de febrero de 1980, y es recordado como el líder conservador y liberal más importante de su generación en el Perú.

CASALINO SEN, Carlota. “Un Liberal a carta cabal”. Business. Año VI Nº 59, Agosto de 1999, pp. 36-37.