La formación del grupo Romero

Don Calixto Romero se inició en Catacaos comerciando sombreros y algodón.

Hace 114 años empezó a formarse una de las fortunas más sólidas del país. Su fundador, don Calixto Romero, dejó un legado importante que pudo ser aprovechado por sus descendientes. El nieto más dinámico, Dionisio Romero Seminario, dirige hoy uno de los principales grupos económicos del Perú, participando en ocho sectores económicos claves: banca, finanzas. Agroindustria -especialmente aceites, cerveza y textiles-, comercio de importación y exportación, entre otros. Pero es el Banco de Crédito el eje de este vasto y complejo grupo.

Los inicios. Terminando el siglo XIX, Calixto Romero y Hernández, español, se estableció en Piura para dedicarse al comercio. Había salido de su tierra natal con dirección a Sudamérica albergando la esperanza de llegar a gozar de la misma suerte que sus antecesores, quienes siglos antes habían hecho fortuna en tierras ignotas. Buscó primero afincarse en Cuba –todavía colonia española-, luego en Bolivia y en Chile, pero Catacaos era su destino.

Por entonces, Catacaos se había convertido en el eje económico del norte del país. Era una tierra cálida y dinámica, donde el comercio, la industria y la agricultura se daban la mano de manera armoniosa. Don Calixto, con gran experiencia en estas tierras del nuevo mundo, se dio cuenta de que se encontraba en el sitio ideal para hacer realidad sus sueños.



Con los ahorros acumulados y la experiencia adquirida en los otros países donde había trabajado, así como con un préstamo obtenido de un compatriota, se inició en el comercio de los sombreros de paja toquilla, conocidos mundialmente como «Panama hats» y que, décadas después, los hiciera muy famosos el presidente norteamericano Harry Truman.

La aceptación de estos sombreros se debió a que garantizaban frescura y bienestar a los que vivían bajo el ardiente sol ecuatorial y, según cuentan algunos que conocen la materia, la fibra vegetal eran en algunos casos tan fina y suave que el sombrero podía doblarse y guardarse en el bolsillo del pantalón.

Así, luego de una década y media de ardua labor y ahorro disciplinado, don Calixto ya era reconocido como un hombre importante en la zona, pues estaba ubicado entre los grandes exportadores de sombreros de paja toquilla. Fue entonces cuando inició un segundo momento relevante en la construcción de su fortuna, al invertir una parte de su capital en la comercialización de fibra de algodón.

Comenzando la diversificación. La costa peruana era una zona propicia para el cultivo del algodón, a tal punto que logró desplazar al cultivo del azúcar en varias regiones porque era más resistente a las plagas y enfermedades. Don Calixto intuyó que este negocio sería más duradero que el de los sombreros de paja y decidió reorientar paulatinamente sus capitales hacia este sector.

Por entonces, su empresa comercializadora había crecido en forma considerable y necesitaba la colaboración de otros miembros de su familia para seguir expandiéndose, pues ahora requería conductores para las tierras recién adquiridas con la finalidad de cultivar algodón allí. También necesitaba más capital para comprar desmotadoras y posteriormente para instalar la fábrica de extracción del aceite de pepita.

Es durante la gran crisis de 1929 que los Romero tienen la posibilidad de hacerse propietarios de varias haciendas y fundos ubicados en los valles de Chira y Piura: Santa Ana, Cumbibirán y Mallares. Años después seguirán adquiriendo más tierras (San Miguel y Santa Sofía), convirtiéndose en importantes latifundistas de la costa norte peruana, llegando incluso a tener su propio coto de caza: El Angolo. La hacienda más extensa alcanzaba las 2,236 hectáreas.

Llegaron a ser una de las 10 familias más importantes de la costa si se tomaba en cuenta el área cultivada, que bordeaba las 6,000 hectáreas; la mayor parte de ellas dedicadas, como se puede suponer, al algodón. De tierras eriazas lograron aprovechar más de 100 mil hectáreas.

Las finanzas y la consolidación. Es recién en la década del cincuenta que los Romero deciden actuar por primera vez en el rubro por el cual son ahora más conocidos: la banca. Esta incursión les permitió ampliar su influencia –que se hallaba restringida a la costa norte- y empezar a tener presencia en los circuitos de negocios que se desarrollaban en Lima.

La institución escogida para sus inversiones fue el Banco Italiano, que por ese entonces y como consecuencia de la segunda guerra mundial debió cambiar su nombre, llamándose Banco de Crédito del Perú. La elección de invertir en esa entidad no fue casual. La segunda generación de los Romero se identificaba plenamente con el dinamismo y los orígenes de este banco, que había surgido en 1888 para apoyar con créditos a los italianos que querían asentarse en estas tierras. La eficiencia y la solvencia características de esta institución financiera hicieron que muy pronto se convirtiera en una de las más importantes de país.

Pero a decir verdad, los Romero no fueron los únicos que empezaron a preocuparse por expandir sus actividades hacia rubros diferentes a los que habían originado su acumulación inicial. Fue más bien una tendencia generalizada que se debió, fundamentalmente, al extraordinario crecimiento que tuvo la economía del país por aquellos años gracias a un inusitado boom exportador. Por eso en los inicios de los años cincuenta varios empresarios peruanos, además de los Romero, comenzaron a diversificar sus inversiones, sobre todo en la banca.

Esta familia norteña, además de su interés en el Banco de Crédito, se unirá con los Pardo Heeren, López de Romaña, Alvarez Calderón, Díaz Ufano y Aspíllaga en la fundación del Banco Continental y adquirirán acciones en El Pacífico Compañía de Seguros y Reaseguros, en Inmobiliaria San Pedro S. A y en Financiera San Pedro S.A.

Posteriormente seguirán diversificando sus inversiones al convertirse en accionistas de la cervecera Backus y Johnston –que por entonces ya había sido comprada por empresarios peruanos liderados por la familia Bentín- y en Inmobiliaria San Martín.

Cuando en 1964 los Romero deciden vender la mayor parte de sus acciones del Banco Continental, todo parece indicar que su objetivo era finalmente fortalecer su posición en el Banco de Crédito pues, coincidentemente, en ese año adquieren más acciones de esta institución aunque sin lograr el control de la misma.

Fue recién en 1979 cuando los grupos peruanos Romero, Brescia, Raffo, Nicolini, Bentín y Ghio adquirieron más acciones del Banco de Crédito, al amparo de la legislación que limitaba hasta un máximo del 20% la participación extranjera en el accionariado de los bancos, permitiendo a Dionisio Romero alcanzar la presidencia del directorio y convertir a su grupo en uno de los más poderosos del país.

Los años decisivos. Al sobrevenir los vientos reformistas liderados por Velasco, los Romero supieron «sacar un bien de un mal» y así, luego de perder todas sus tierras invirtieron sus bonos de la reforma agraria en el sector industrial y se establecieron en Industria Textil Piura S.A., luego adquirieron las instalaciones agroindustriales de una importante empresa norteamericana (Anderson Clayton), constituyendo la Compañía Industrial Perú Pacífico S.A. Supieron aprovechar cada incentivo al sector industrial que se daba por ese entonces. Por ello también invirtieron en palma aceitera en el departamento de San Martín. Asimismo, reforzaron su posición en el Banco de Crédito al comprar acciones a los extranjeros.

Dionisio Romero es el líder y dirigente del actual poderoso grupo Romero. La comercialización de los sombreros de paja toquilla es ahora un grato recuerdo. Sus principales rubros siguen siendo las finanzas y el sector algodonero, y han logrado pasar las fronteras e invertir en países del continente y de Europa.

Casalino Sen, Carlota. “Del norte a la capital”. Business. Año VII Nº 64, Enero del 2000, pp. 36-37.