Por dos circunstancias distintas, el intento de MOVADEF por inscribirse ante el JNE y la mafia de las editoriales educativas, en las últimas semanas se ha hecho mención a los textos escolares. Más que mención creo que han tomado un protagonismo mayor del que debieran tener.
Cuando pasó lo del MOVADEF se acusó a las escuelas de contribuir con el indolente olvido en el que ha caído el periodo del conflicto armado interno entre los jóvenes peruanos al no abordar el tema en las aulas. Unos días después algún funcionario público salió para anunciar que desde el 2013 el tema aparecería en los textos escolares.
¿De qué fuentes se obtendrá la información? ¿Cómo se podrá abordar un tema de tal complejidad en una clase o en dos? ¿Los docentes estarán en la capacidad de poder llevar el tema a buen puerto? ¿Cuáles serán los objetivos pedagógicos al momento de abordar la problemática: acaso solo conocer lo que paso o polemizar en torno a ello? Son respuestas que nadie ha planteado en la real dimensión de su importancia.
Y ahora, con el descubrimiento de las mafias de las editoriales, el Congreso ha decidido aprobar el uso de libros de segunda mano. Aunque la medida frenaría la falsa necesidad de renovar los textos escolares año tras año impuesta por estas mismas editoriales, dista de ser la única solución al problema. Nuevamente el interés se centra en un instrumento antes que en el real tema de fondo: nuestro sistema educativo.
Y es que, como con el tema de MOVADEF, pareciera que los textos escolares son la esencia del acto educativo cuando son tan solo una herramienta más. Dicho de otra forma si recién en el 2013 se podrá contar con textos que aborden el conflicto armado interno, ¿Significa que durante este año ningún profesor lo podrá hacer en sus clases?
Javier Arévalo en una reciente entrevista señaló que después de observar los textos escolares, pareciera que estos preparan a niños y adolescente para el siglo XIX. Nada tan cierto. Casi dicho en sus palabras: “La sociedad de hoy valora y premia la creatividad y originalidad. Estos textos parametrizan (…) los niños entran genios al colegio y se gradúan de tontos”.

Aunque coincido con León Trahtemberg cuando señala que el usar textos reutilizados va a pervertir la educación, también ha denunciado que eso pudiera perjudicar a los colegios privados. Quizá Trahtemberg augura que en dichos colegios los padres de familia exigirán el cumplimiento de esa norma, lo cual estaría en su pleno derecho. Sin embargo, ¿es acaso necesario que en esas circunstancias el docente de un colegio privado, supuestamente mejor capacitado, se perjudique por el uso de un texto de segunda? ¿No existen otras formas de trabajar sin ellos?
Creo que es un buen momento para la creatividad. Aunque esta no será necesaria si es que el texto educativo sigue siendo lo más importante al momento de entrar en una clase.