Fuente: El comercio


¿Sabe cuánto daño puede causar al medio ambiente una envoltura de galletas o una botella de plástico? Mucho, pero si se sabe qué hacer con ellas el impacto puede ser menor.


Los pobladores de la Comunidad Nativa de San Francisco (Pucallpa) lo saben, gracias a un proyecto de la ONG ANIA, con el que incluso han aprendido a separar los desperdicios orgánicos de los inorgánicos.


Desde hace algún tiempo, fuera de cada vivienda de esta comunidad shipiba hay costales para depositar los plásticos y todo lo que se puede reciclar y hay un hoyo donde se depositan todos los residuos orgánicos. Cuando este hoyo se completa, es cubierto con tierra. Luego, en el lugar se siembra una planta de coco y los desechos se convierten en su abono natural. Por otro lado, las botellas se juntan en un lugar especial y alejado, para luego venderlas a los recicladores.


Así, con un poco de inventiva, los shipibos de San Francisco logran cuidar el medio ambiente y sacar provecho de lo que otros dan por perdido.