Carlincatura 18 de enero de 2012. Fuente: La República


Pienso que, por regla general, los hombres merecemos una segunda oportunidad para reivindicarnos de nuestros errores. En la esfera política, hay muchos casos de organizaciones o personas que en su momento fueron antidemocráticas e hicieron uso de la violencia, pero que luego se incorporaron al sistema político democrático. Para que ello ocurra, sin embargo, antes tuvieron que hacer un mea culpa, renunciar a sus propuestas o prácticas antidemocráticas, aceptar las reglas de la democracia representativa y ser leales a dicho régimen político.

Dilma Rousseff, la actual presidenta de Brasil, por ejemplo, en su juventud integró las organizaciones guerrilleras Comando de Liberación Nacional (Colina) y Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares. De ella se sostiene que, incluso, participó en acciones armadas y secuestros. Ello no fue óbice, sin embargo, para que, tras incorporarse y hacer una larga carrera política en una organización democrática, el Partido de los Trabajadores, llegue a ocupar la máxima magistratura de su país.

Otro mandatario latinoamericano, José Mujica, presidente de Uruguay, también tuvo un pasado como guerrillero, al haber sido miembro de los Tupamaros, organización que puede catalogarse de terrorista, ya que sus miembros, entre otras acciones, realizaron operativos de sabotaje, asesinatos selectivos, atentados dinamiteros, secuestro y reclusión. De hecho, José Mujica participó en muchas de estas acciones y en enfrentamientos armados, habiendo llegado a purgar condena de 15 años de prisión. Sin embargo, tras el retorno a la democracia parlamentaria, los tupamaros se integraron a la legalidad, a través del Frente Amplio, no sin antes declarar no sentirse dueños de la verdad ni considerarse vanguardia de nada, y su disposición a contemplar la mentalidad de un pueblo que conserva una serie de tradiciones pacíficas. Desde entonces, los ex tupamaros se mantuvieron leales al régimen democrático, convirtiéndose el 2004 en el sector más votado dentro del Frente Amplio, lo que abrió las puertas para que el 2009 José Mujica resulte electo presidente.

No es el caso de los promotores del “Movimiento Por Amnistía y Derechos Fundamentales” (Movadef), convictos y confesos seguidores de Sendero Luminoso (SL), una de las organizaciones terroristas más letales del mundo, como bien la definió Simon Strong, que no sólo emprendió su accionar terrorista contra el Estado peruano y sus agentes de seguridad, sino que se ensañó cobardemente con decenas de miles de campesinos pobres y tuvo como principales víctimas a civiles indefensos.

Y no es el caso porque en su ideario, acta de fundación y estatutos, el Movadef expresamente invoca su adhesión al “Pensamiento Gonzalo”. Según los propios medios de divulgación de SL, el pensamiento Gonzalo se forjó para iniciar, mantener y desarrollar la “guerra popular” en el Perú, siendo la herramienta fundamental para comprender la línea política general de SL y principalmente la línea militar, que es su centro. Entre los principios de este pensamiento se encuentran: "La rebelión se justifica"; "combatir el imperialismo, el revisionismo y la reacción indesligable e implacablemente"; "conquistar y defender el poder con la guerra popular"; "militarizar al partido"; y "demoler el Estado peruano".


Afiche de Conferencia de la organización senderista en España (2011)

Afiche de conferencia organizada en España por el Movimiento Popular Perú, otro órgano de fachada de SL, hace sólo tres meses; en que la organización terrorista se reafirma en su ideología de la guerra popular.


Y fue esta ideología de la “guerra popular”, de la militarización como centro de la acción política de SL, que buscaba la demolición del Estado peruano, la que propició las violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad cometidos por sus hordas asesinas; una ideología y una práctica de la que nunca se arrepintieron, ni siquiera cuando SL propuso la búsqueda de un Acuerdo de Paz, tras la captura de Abimael Guzmán y el resto de la cúpula asesina de la organización terrorista.

A las pruebas nos remitimos. En un documento denominado “¡Defender la trascendencia e invencibilidad de la guerra popular!”, fechado el 17 de mayo del año 2000, ocho años después de la captura de la cúpula terrorista, SL se reafirma en que el término de la guerra iniciada el 80 mediante un Acuerdo de Paz, “es defender la trascendencia e invencibilidad de la Guerra Popular”.

¿Cómo se entiende esta aparente paradoja? Simple. El Acuerdo de Paz, para SL, no implica en modo alguno renunciar o arrepentirse de sus criminales prácticas sustentadas en su ideología de la guerra popular, que es el punto central del pensamiento Gonzalo, ni es el reconocimiento de su derrota. Es únicamente un repliegue político estratégico pero transitorio, que les permita esperar las condiciones de la “futura nueva ola de la revolución proletaria mundial”, a la cual “se llegará a través de la guerra popular que es el camino” y “que será comandada por el maoísmo”, “bajo la dirección personal del Presidente Gonzalo”.

Es en ese contexto que se explica la búsqueda de una amnistía general que permita la liberación de su “presidente Gonzalo” y la camarilla terrorista, que es el único objetivo político del Movadef. De lo que se trata es de pretender liberar a su líder "infalible" e "insustituible", para que se encuentre disponible para dirigir personalmente la nueva guerra popular, cuando las condiciones estén dadas.

Por ello, no tenemos duda que el Movadef, que expresamente se adscribe al pensamiento Gonzalo, no es más que el último órgano de fachada de la organización terrorista. Ahora derrotada, es verdad, pero que jamás abdicó de su ideología violentista y que, por el contrario, sigue sosteniendo sus mismos principios.

Es pertinente traer a la memoria que SL, desde sus orígenes, tuvo como una de sus principales estrategias para camuflar sus acciones e infiltrarse en la sociedad civil, la creación de organizaciones de fachada: el Movimiento Femenino Popular de Ayacucho, Socorro Popular, el Comité de Lucha de Comensales, el Movimiento de Artistas Populares, son sólo algunos de estos órganos.

Por cierto, los actuales líderes del Movadef, entre los que destaca Alfredo Crespo, también lo eran de la Asociación de Abogados Democráticos, la fachada de defensa jurídica de la organización terrorista.

Entonces, por más que Crespo y compañía proclamen a los cuatro vientos que una cosa es Sendero Luminoso y otra distinta el Movadef, pretendiendo confundir a los incautos; es evidente que tienen un cordón umbilical que los hace inseparables.

De ahí que nuestra democracia no puede admitir al Modavef dentro del sistema de partidos políticos y otorgarle legalidad. Para ello, lo único que debían hacer los responsables de resolver la solicitud de inscripción era aplicar correctamente el marco legal vigente. Sobre esta cuestión volveremos en nuestro siguiente post.

Fuente: El Comercio