
Había permanecido callado largo rato, mirando las hojas de maple que estaban en el suelo. Era un día gris, de esos de otoño, helados. “¿Cuál es tu color favorito?” le había preguntado. “No lo sé, en realidad” le había respondido. Era extraño, pero él pensó que era natural. Existen muchas personas que siempre dicen “mi color preferido es (color), pero también me gusta el (color)”. Es realmente difícil elegir un color favorito porque los colores contienen sentimientos encerrados en su esencia. Y cuando cambia nuestro corazón, también cambia nuestro color favorito.
Él vivía enamorado de ella. Ella vivía tratando de no pensar en eso. Las chicas, a esa edad, siempre prefieren conservar a todos sus amigos, antes que arriesgarse a perderlos por intentar una relación. Sin embargo, su amistad era inquebrantable. A veces, luego de las clases, disfrutaban de la lluvia, mientras él la acompañaba a su casa. Él le entregaba una carta los jueves. En ella le decía que “una semana se pasa muy rápido cuando están juntos. Pero las horas demoren en pasar, y eso me encanta. Me encanta estar a tu lado. Me encanta saber que mañana te veré. Quisiera contarte todas las cosas que pienso hacer cuando sea… seamos mayores, pero, me da miedo hacer muchos planes y no tener alguien con quien compartirlos. Algún día te contaré algo que estoy terminando de definir, pero debes esperar. Te quiero mucho, adiós.”
Ella siempre sonreía con esas cartas. Ella las guardaba en un cajón al lado de su cama. Se decía a sí misma lo afortunada que era de tener la amistad de él. Secretamente, sin que nadie lo supiera (ni ella misma) se preguntaba si estaba enamorada de él. La respuesta siempre era un secreto “sí” pero tenía miedo. Miedo de irse sin él. Miedo de que no funcione y lo pierda. Miedo de perder esas cartas que la hacían sonreír. Las chicas siempre tienen esos miedos a esa edad, pero, con el tiempo, me he dado cuenta que es algo normal, solo que aún no se la razón.

Cuando un chico se enamora los días pasan rápido; las horas, no. Las semanas van a media velocidad y temes que termine el mes; el año. Él pensaba que, tal vez, ella nunca se enamoraría de él. Empezaba a desilusionarse. Ya no soñaba tanto con ella. Él quería con tanta fuerza que ella también se enamore, que también piense en él. No lo sabía, pero ella sí lo hacía. Ella también estaba enamorada de él. Pero es como dos mundos paralelos. Cuando ella cierra la puerta, ella lo ama y él se desilusiona. Cuando se vuelven a encontrar, ella teme y él vuelve a enamorarse. Es por eso que se pasan los días rápido y las horas, no.
¿Qué es el amor? ¿Un sentimiento que aceptas si nace? ¿O tal vez, que tú mismo haces nacer? ¿Cuál es la diferencia entre los mejores amigos, las almas gemelas y el amor? ¿Existen tales cosas? O, tal vez, el amor… ¿Es una decisión? Mientras él pensaba eso a diario por esos dos hermosos años, decidió. Si bien ella sabía que él la amaba, nunca se lo declaró. Es hora. Todo es una decisión. Es ahora el momento. Si ella no acepta, seguiría su camino sin mirar atrás. Si ella aceptaba, pues sería el comienzo de una nueva estación. “El día perfecto para confesarle que la amo es mañana”. Porque mañana irían a ese lugar especial (que en todo cuento existe), simplemente a estar juntos y, al llegar a casa, le daría la respectiva carta de los jueves. Pues empezó a hacer los preparativos. Las palabras que diría ya las sabía de memoria, pero tenía que recordar aquello que ella nunca le respondió, alguna vez, en ese lugar. Así que, en diálogo consigo mismo, pensó.

Ese día había sol, molestoso y brillante. Ellos detestaban el sol, preferían la lluvia, pues ella no agobia el caminar. Era, para él, el día perfecto para confesarle que la amaba. Se encontraron y fueron a aquél lugar. Las hojas de maple hacían una graciosa alfombra en el piso. El árbol estaba viejo ya, cansado de escuchar la risa de ella y sentir la mirada de él. Como siempre pasa, conversaron de todo menos del tema. Él le tomó la mano y ella dejó de reír. “Te amo” le dijo él. Ella ya lo sabía, pero de todas maneras, sus mejillas se pusieron rojas. Le temblaba la mano y el sol no dejaba de molestar. “Te amo…” y no salían las palabras que tanto había practicado. Ella lo miraba tristemente, como esperando algo más, algo que ella había esperado también, pero no escuchaba nada. Él la miraba y tomaba su mano, nada más. Ella le sonrió tristemente: “Por favor, no…”. Él sentía eso que se siente cuando te dan una mala noticia, miró al suelo y pudo recordar, al mirar las hojas tristes de maple, la pregunta.
“¿Cuál es tu color favorito?”, “no… lo sé”… Era como esa vez. Él pensó que ya no quedaba nada por hacer. Las chicas de esa edad, temen demasiado y prefieren… pues, prefieren querer a todos sus amigos porque son sus amigos nada más. Pero éste chico es como yo y apretó la mano de ella un poco más fuerte… “A partir de hoy… tu color favorito será el color de este árbol… porque es MI color favorito y tú, desde hoy, eres la persona que amaré para toda la vida… - ella lo miró de repente - y, realmente, no me importa lo que tú pienses en este caso, porque siempre tu eres la que…”. Ella lo calló con un abrazo y empezó a llorar. “A partir de hoy, mi color favorito será el que tú digas… yo también te amo”.
En el camino a casa de ella, tomados de la mano, empezó a llover. Miraban el cielo y sonreían. Ahora, era el día perfecto para confesarle que se amaban. Al llegar, como siempre a la casa de ella, él le entregó la carta de todos los jueves. Se miraron sin saber qué hacer, pues ahora se amaban y no eran los amigos de siempre. Ella lo besó en la mejilla y le dijo: “Hoy fue el día perfecto para decirme que me amas, pero ¿cuándo será el día perfecto para… nuestro primer beso?”. Él puso cara de aburrido y le dijo adiós con la mano. Ella se reía dulcemente mientras cerraba la puerta. La carta decía simplemente: “¡Hoy!” y la puerta, que no había terminado de cerrarse se abrió despacio y una mano tomó la mano de ella, haciéndola salir de la casa. Era él. “Hoy, amor, es el día perfecto para el inicio de una nueva estación”.

“Hoy” siempre es el día perfecto. Hoy se pasa demasiado rápido, pero otro día no será perfecto. Dí lo que sientas el día de Hoy, escucha a tu corazón y al corazón de la persona que te encanta y escoge tu Hoy. Hoy, siempre es... el día perfecto para el inicio de tu nueva temporada y la de la persona para ti.







