14/10: la soledad y otros decires..
Mi recorrido usual me dejo en la memoria los últimos recuerdos de la noche. Cuando no hay mas compañia que el silbido de los arboles golpeando su follaje entre ellos..a veces un paso apurado y encabritado me deja mecer mi cuerpo grácilmente, de lado a lado. Una de esas noches como me contó una vez Ernesto en secreto.... "una noche de esas me quedé en la entrada de ese lugar enorme y en los diversos rostros jamás te encontré... no pude alcanzar tu respiro agitado al hablar ni tus manos moviéndose al compás de tus rimas. No, no pude ver tus ojos alzarse al cielo mientras dibujabas historias que yo nunca conocí...tu mirada.... nunca pude escuchar tu risa tullida de alegría, ni tus mejillas sonrojarse al detener tu voz con un beso.."
Ernesto nació un puñado de años antes que yo (quizás dos). Su gusto ensimismado y su sed de tenerlo todo hicieron de él una primavera de hombre en su primera treintena de años. Su mirada ya rugosa y un par de ojos ajenos abandonaron mi historia cuando comenzó a escribir en un libro historias que yo ya no conocía. Pero en ese entonces, creo que éramos dos buenos amigos que se abrigaban a un imposible inalcanzable: escribir. Yo tenía el cabello cubriendome las espaldas, y él escondía su mirada en mechones de pelo lacio rubio salpicado de sol.
- Y entonces, que hiciste? te quedaste en la puerta sin hacer nada? - le dije
Sonrió. Los siguientes minutos de esa conversación fueron tristes y ensordecedores. Quizás debí decirle que aún recordaba la rara forma de sus dedos y el color pálido de sus mejillas. Quizás debí preguntar por sus silencios, por sus ronquidos y por el mar que ahora lo rodeaba. Con la voz entrecortada sólo musité un hastaluego vespertino y acostumbrado. Las primeras luces de la noche recogieron migajas de sus palabras y entre la breve historia una canción hizo eco de nuestra despedida.
Ernesto se marchó y parecía mentira.. nadie lo notó, poco a poco se apagaba y todos los recuerdos de nuestra charla enfriaban. Lloré mirando por el sesgo de luz que la cortina dejaba entrar a la habitación y con la mirada borrosa, lo despedí de la vida. Fue mi mayor amistad en un tiempo dispar donde pude robar las ideas más tiernas y donde crecí las esperanzas más largas.Y ahora ? - pensé...
Sé fuerte me dijo. Estas cosas pasan. Mientras el moría, yo le recité los versos que el más amaba. Murió escuchando sobre los diversos mundos de Pearl Buck, y su aliento último calló en aquella quijada que antes se doblaba de risa. La cama ancha se hizo pequeña entonces... me asomé a su lado y su respiración se detuvo. Soplé suavemente a sus ojos, su mirada se borró y en ese último momento lo besé, dejando la sombra de mis labios en su frente pálida. Crucé sus manos asidas al libro que leí en su lecho de muerte. Cerré la puerta y Ernesto se hizo sal en mis mejillas. Cuando dejé su casa -había sido en realidad tan nuestra- dejé su recuerdo en ella. Dejé la llave tirada en el suelo. Nunca más regresé. Su familia se hizo cargo de todo lo que vino después, y yo huí para olvidar...
Y hoy, sentada en esta playa a la deriva, lo volví a ver en estas olas que se engullen entre ellas, calmas y serenas. Lancé, inútilmente, miles de piedrecillas... escuché el agua arrastrarse por horas... el sol se escondía y recordé que Ernesto decía "tras el cielo y el mar, en ese horizonte, ahí es donde siempre estaremos... siempre.."
Es noche otra vez. Y un nuevo recuerdo abriga esta noche ciega que ya se enfría..
Ernesto nació un puñado de años antes que yo (quizás dos). Su gusto ensimismado y su sed de tenerlo todo hicieron de él una primavera de hombre en su primera treintena de años. Su mirada ya rugosa y un par de ojos ajenos abandonaron mi historia cuando comenzó a escribir en un libro historias que yo ya no conocía. Pero en ese entonces, creo que éramos dos buenos amigos que se abrigaban a un imposible inalcanzable: escribir. Yo tenía el cabello cubriendome las espaldas, y él escondía su mirada en mechones de pelo lacio rubio salpicado de sol.
- Y entonces, que hiciste? te quedaste en la puerta sin hacer nada? - le dije
Sonrió. Los siguientes minutos de esa conversación fueron tristes y ensordecedores. Quizás debí decirle que aún recordaba la rara forma de sus dedos y el color pálido de sus mejillas. Quizás debí preguntar por sus silencios, por sus ronquidos y por el mar que ahora lo rodeaba. Con la voz entrecortada sólo musité un hastaluego vespertino y acostumbrado. Las primeras luces de la noche recogieron migajas de sus palabras y entre la breve historia una canción hizo eco de nuestra despedida.
Ernesto se marchó y parecía mentira.. nadie lo notó, poco a poco se apagaba y todos los recuerdos de nuestra charla enfriaban. Lloré mirando por el sesgo de luz que la cortina dejaba entrar a la habitación y con la mirada borrosa, lo despedí de la vida. Fue mi mayor amistad en un tiempo dispar donde pude robar las ideas más tiernas y donde crecí las esperanzas más largas.Y ahora ? - pensé...
Sé fuerte me dijo. Estas cosas pasan. Mientras el moría, yo le recité los versos que el más amaba. Murió escuchando sobre los diversos mundos de Pearl Buck, y su aliento último calló en aquella quijada que antes se doblaba de risa. La cama ancha se hizo pequeña entonces... me asomé a su lado y su respiración se detuvo. Soplé suavemente a sus ojos, su mirada se borró y en ese último momento lo besé, dejando la sombra de mis labios en su frente pálida. Crucé sus manos asidas al libro que leí en su lecho de muerte. Cerré la puerta y Ernesto se hizo sal en mis mejillas. Cuando dejé su casa -había sido en realidad tan nuestra- dejé su recuerdo en ella. Dejé la llave tirada en el suelo. Nunca más regresé. Su familia se hizo cargo de todo lo que vino después, y yo huí para olvidar...
Y hoy, sentada en esta playa a la deriva, lo volví a ver en estas olas que se engullen entre ellas, calmas y serenas. Lancé, inútilmente, miles de piedrecillas... escuché el agua arrastrarse por horas... el sol se escondía y recordé que Ernesto decía "tras el cielo y el mar, en ese horizonte, ahí es donde siempre estaremos... siempre.."
Es noche otra vez. Y un nuevo recuerdo abriga esta noche ciega que ya se enfría..
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locoporvolverteaver escribió: