| Resultados de la encuesta | ||
|---|---|---|
| Total de votos: 62 | ||
| Optiones | Votos | % |
| 1. La apruebo. Yo hubiera actuado de la misma manera. | 21 | 33.9 |
| 2. La apruebo. Pero yo no hubiera actuado de la misma manera. | 20 | 32.3 |
| 3. No la apruebo. Yo no hubiera actuado de la misma manera. | 15 | 24.2 |
| 4. No la apruebo. Pero yo sí hubiera actuado de la misma manera. | 4 | 6.5 |
| 5. No sabe, no opina. | 2 | 3.2 |
Encuesta sobre el caso Stauffenberg
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Total de Votos: 1 - Rating: 5.00
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Comentarios
Gaby escribió:
Me parece recontra interesante esta encuesta... con resultados discutibles.
jueves 09 marzo 16:43
Julio del Valle escribió:
Estuve en Alemania cuando se conmemoró el atentado de Stauffenberg. Responde a una buena consciencia decir que uno está de acuerdo con la actitud y la decisión de Stauffenberg y los otros altos miembros del ejército alemán involucrados en el atentado. Cualquier acción contra una mente asesina y perversa como la de Hitler y sus secuaces debe ser premiada con el reconocimiento. Sin duda fueron valientes; sin duda fueron audaces; sin duda había algo que perturbaba sus consciencias y no querían ir más lejos. Lo que se olvida muchas veces es que se decidieron a tomar cartas en el asunto cuando la guerra ya estaba perdida y querían evitar más sufrimiento o tener la oportunidad de una salida más honrosa al conflicto. No actuaron antes; incluso estaban satisfechos y orgullosos de la victoriosa marcha del ejército alemán. Yo me quito el sombrero ante el (creo) zapatero bávaro que atentó solo contra Hitler cuando todos lo vitoreaban (¿1938?). A él, sin embargo, si no me equivoco, no le dedicaron ninguna costosa producción televisa y, muy probablemente, pocas placas lo recuerden.
jueves 09 marzo 21:20
Ana Pía León escribió:
¿Hasta qué punto el hecho de que la alternativa probabilista no está instalada en nuestro razonar ético no tiene que ver con el peso de una tradición ética católica, en la cual el asesinato "está mal" desde cualquier punto de vista?
¿Hasta qué punto el tema del carácter sagrado de la vida humana, no influye en nuestras respuestas?
Veo ciertas conjunciones entre el pensar probabilista y el utilitarismo: "Realizar acciones que maximicen el bien común." Definitivamente la muerte de Hitler y sus secuaces hubiera maximizado el bien de muchas naciones, el interés común; pero, ¿asesinar para lograrlo? Yo elegí la segunda opción porque no rechazo el tiranicidio, en estos casos; pero no sé si podría yo efectuar ese asesinato, pues en mi pesa toda una tradición donde la vida es un bien supremo, tradición que no puedo obviar.
Smith sostiene que hay intuiciones éticas básicas que se originan en la experiencia y que compartimos todos. A partir de allí se van formulando leyes y se van formulando normas de mayor grado que difieren de lugar en lugar, de comunidad en comunidad, de tradición en tradición. Pero parece que efectivamente hay aspectos comunes entre todos, que quizá tengan que ver con lo que los griegos llamaban "leyes de la naturaleza" en oposición a las convencionales. El origen de las leyes naturales como tales, se puede rastrear en las Tragedias griegas.
Estas leyes, para algunos, son la base del derecho natural. Paulo, por ejemplo, apela a la vida meramente sensible cuyas normas pueden ser compartidas tanto por los animales como por los hombres: la procreación, el cuidado de la prole, la defensa de los miembros de la misma familia, la defensa de la vida, repeler el daño con fuerza, etc.
Ahora bien, hay otra clase de preceptos que aluden al aspecto racional de la vida social del hombre. Incluso muchos antiguos consideraron que éste era el único aspecto del derecho natural, desechando las pasiones y lo meramente sensitivo como lo hizo San Alberto Magno, quien señala que la ley natural no se relaciona con las pasiones sino en la medida que ellas puedan ser gobernadas por la razón.
No podemos negar que existen códigos bastante básicos que compartimos todos los hombres, en todo lugar, pero que no tienen que ver con un juicio moral a priori, o con bienes supremos, sino más bien, con experiencias empíricas compartidas, creo yo, o con un ámbito instintivo. Una prueba es que incluso los animales, desde su forma más salvaje, se rigen por ellas.
Ahora bien, el tiranicidio quizá esté más cerca a esas leyes básicas de lo que creemos, en el sentido de que todos queremos velar por nuestra integridad y defender nuestra vida, y cuando alguien la acecha, como todo ser vivo, luchamos contra ello. Pero ¿hasta qué punto un tema tan intuitivo y patente como velar por uno mismo queda opacado frente a tradiciones éticas que rechazan los aspectos relativos y que ignoran el contexto, y que más bien postulan bienes humanos fijos (como la ética de la virtud) donde la vida es un bien sobre el cual no podemos pasar bajo ninguna circunstancia? Aunque las palabras de P. Singer resultan chocantes, elabora una pregunta, al menos, digna de ser pensada: “Cuando se dice que la vida es sagrada, lo que se tiene en mente es la vida humana. Pero, ¿Por qué ha de tener la vida humana un valor especial? (...) Quizá esta doctrina de la santidad de la vida tenga un origen religioso (...) pero ahora forma parte de una ética más amplia, y como tal es como hoy en día ejerce su influencia más notable” (Singer, Peter. Ética Práctica. Ed. Cambridge University Press, 1995. p.105)
Lo interesante de la filosofía es que no existen conceptos, ni temas que se puedan dar por " ya establecidos".
¿Hasta qué punto el tema del carácter sagrado de la vida humana, no influye en nuestras respuestas?
Veo ciertas conjunciones entre el pensar probabilista y el utilitarismo: "Realizar acciones que maximicen el bien común." Definitivamente la muerte de Hitler y sus secuaces hubiera maximizado el bien de muchas naciones, el interés común; pero, ¿asesinar para lograrlo? Yo elegí la segunda opción porque no rechazo el tiranicidio, en estos casos; pero no sé si podría yo efectuar ese asesinato, pues en mi pesa toda una tradición donde la vida es un bien supremo, tradición que no puedo obviar.
Smith sostiene que hay intuiciones éticas básicas que se originan en la experiencia y que compartimos todos. A partir de allí se van formulando leyes y se van formulando normas de mayor grado que difieren de lugar en lugar, de comunidad en comunidad, de tradición en tradición. Pero parece que efectivamente hay aspectos comunes entre todos, que quizá tengan que ver con lo que los griegos llamaban "leyes de la naturaleza" en oposición a las convencionales. El origen de las leyes naturales como tales, se puede rastrear en las Tragedias griegas.
Estas leyes, para algunos, son la base del derecho natural. Paulo, por ejemplo, apela a la vida meramente sensible cuyas normas pueden ser compartidas tanto por los animales como por los hombres: la procreación, el cuidado de la prole, la defensa de los miembros de la misma familia, la defensa de la vida, repeler el daño con fuerza, etc.
Ahora bien, hay otra clase de preceptos que aluden al aspecto racional de la vida social del hombre. Incluso muchos antiguos consideraron que éste era el único aspecto del derecho natural, desechando las pasiones y lo meramente sensitivo como lo hizo San Alberto Magno, quien señala que la ley natural no se relaciona con las pasiones sino en la medida que ellas puedan ser gobernadas por la razón.
No podemos negar que existen códigos bastante básicos que compartimos todos los hombres, en todo lugar, pero que no tienen que ver con un juicio moral a priori, o con bienes supremos, sino más bien, con experiencias empíricas compartidas, creo yo, o con un ámbito instintivo. Una prueba es que incluso los animales, desde su forma más salvaje, se rigen por ellas.
Ahora bien, el tiranicidio quizá esté más cerca a esas leyes básicas de lo que creemos, en el sentido de que todos queremos velar por nuestra integridad y defender nuestra vida, y cuando alguien la acecha, como todo ser vivo, luchamos contra ello. Pero ¿hasta qué punto un tema tan intuitivo y patente como velar por uno mismo queda opacado frente a tradiciones éticas que rechazan los aspectos relativos y que ignoran el contexto, y que más bien postulan bienes humanos fijos (como la ética de la virtud) donde la vida es un bien sobre el cual no podemos pasar bajo ninguna circunstancia? Aunque las palabras de P. Singer resultan chocantes, elabora una pregunta, al menos, digna de ser pensada: “Cuando se dice que la vida es sagrada, lo que se tiene en mente es la vida humana. Pero, ¿Por qué ha de tener la vida humana un valor especial? (...) Quizá esta doctrina de la santidad de la vida tenga un origen religioso (...) pero ahora forma parte de una ética más amplia, y como tal es como hoy en día ejerce su influencia más notable” (Singer, Peter. Ética Práctica. Ed. Cambridge University Press, 1995. p.105)
Lo interesante de la filosofía es que no existen conceptos, ni temas que se puedan dar por " ya establecidos".
viernes 10 marzo 08:54
Alexis Iparraguirre escribió:
Pienso que cualquier acción contra Hitler, aunque respondiese a objetivos absolutamente egoìstas y circunstanciales (y no conozco lo suficiente del caso para asì asegurarlo), es preferible a no haber actuado contra èl. Asi esta acciòn tuviese por consecuencia solo una limitaciòn minùscula de los crìmenes contra el gènero humano por él efectuados, debiera llevarse a cabo y aplaudirsele. No por una necesidad de la ley natural sino porque es obvio para todos que NO ES PERMISIBLE para nadie actuar como èl actuo. Esta afirmaciòn no es una inspecciòn en el sentido comùn ni èl resultado de una observaciòn empìrica ni menos una ley sobre las conductas de las personas. Es una afirmaciòn que, por mucho que pueda parecer controversial, es rigurosamente contextualista: solo quiere decir que sus acciones resultan supremamente asquerosas para el proyecto de sociedad que hemos venido compartiendo y considerando deseable los últimos doscientos cincuenta años y que algunos quieren ver como un proyecto liberal (ese proyecto recoge la caridad cristiana pero tambièn el rechazo a la crueldad de los primeros liberales y algunas regulaciones que se consideraron de caràcter atàvico sobre el asesinato pero que ahora pensamos que leemos mejor desde las dos fuentes de pensamiento antes dichas).
El proyecto de sociedad que imaginamos hace de Hitler no solo un criminal, sino una amenaza a nuestra cuidadosamente elaborada idea de dignidad de individual, afecta nuestra presupuestos sentimentalistas -en el mejor sentido de la palabra, y tambièn desarrollados bajo la muy positiva influencia de la literatura y la educaciòn pùblica, y últimamente el cine -, aquellos que nos inducen a la revulsiòn inmediata frente a quienes se crean dueños de nuestros cuerpos y pensamientos, frente a los que desaparecen pueblos enteros por creencias infames como la "superioridad de la raza aria" o "la superioridad religiosa del islam".
Adicionalmente, es natural que odiemos a Hitler y queramos que desaparezca porque no podemos imaginar de qué modo podrìamos compartir nuestros proyectos de una mejor vida con él -que poseìa uno equiparable al llevado a cabo por quienes vencìan en una disputa entre dinastias en la China Medieval, que, una vez entronizados, procedìan de inmediato masacraban a las etnias de los derrotados, actividad que muy pocos chinos hubiesen considerado ajena a la naturaleza la polìtica y el mundo.
Y tambièn odiarimos y repudiariamos a Hitler porque sí serìamos capaces de imaginarlo ordenando matar o matando a nuestras mujeres, hijos y amigos por su abominable proyecto. Pienso que cuando Hitler decide actuar contra todo lo que nuestras mejores pràcticas culturales respetan y se sitùa en una posiciòn de llevarlo a cabo,nos obliga a desear frenarlo por cualquier medio. En ese sentido el asesinato es una alternativa real si resulta preferible a la desapariciòn de nosotros mismos, que no somos vidas en abstracto o hijos de tal o cual Dios, sino miembros de un proyecto de sociedad que consideramos cualitativamente mejor que el de Hitler. ¿Por què? Por ninguna ley o fundamento trascendente sino por una decisiòn que se efectùa en la pràctica. Ellos (Hitler, Stalin, Mao)nunca, lo que quisieron hacer fue insoportable, revulsivo.
El proyecto de sociedad que imaginamos hace de Hitler no solo un criminal, sino una amenaza a nuestra cuidadosamente elaborada idea de dignidad de individual, afecta nuestra presupuestos sentimentalistas -en el mejor sentido de la palabra, y tambièn desarrollados bajo la muy positiva influencia de la literatura y la educaciòn pùblica, y últimamente el cine -, aquellos que nos inducen a la revulsiòn inmediata frente a quienes se crean dueños de nuestros cuerpos y pensamientos, frente a los que desaparecen pueblos enteros por creencias infames como la "superioridad de la raza aria" o "la superioridad religiosa del islam".
Adicionalmente, es natural que odiemos a Hitler y queramos que desaparezca porque no podemos imaginar de qué modo podrìamos compartir nuestros proyectos de una mejor vida con él -que poseìa uno equiparable al llevado a cabo por quienes vencìan en una disputa entre dinastias en la China Medieval, que, una vez entronizados, procedìan de inmediato masacraban a las etnias de los derrotados, actividad que muy pocos chinos hubiesen considerado ajena a la naturaleza la polìtica y el mundo.
Y tambièn odiarimos y repudiariamos a Hitler porque sí serìamos capaces de imaginarlo ordenando matar o matando a nuestras mujeres, hijos y amigos por su abominable proyecto. Pienso que cuando Hitler decide actuar contra todo lo que nuestras mejores pràcticas culturales respetan y se sitùa en una posiciòn de llevarlo a cabo,nos obliga a desear frenarlo por cualquier medio. En ese sentido el asesinato es una alternativa real si resulta preferible a la desapariciòn de nosotros mismos, que no somos vidas en abstracto o hijos de tal o cual Dios, sino miembros de un proyecto de sociedad que consideramos cualitativamente mejor que el de Hitler. ¿Por què? Por ninguna ley o fundamento trascendente sino por una decisiòn que se efectùa en la pràctica. Ellos (Hitler, Stalin, Mao)nunca, lo que quisieron hacer fue insoportable, revulsivo.
sábado 11 marzo 00:34






