03/03: La revuelta llamada Viva Maria
Categoría: 7. Notas históricas
Publicado por: lbaciga
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No está muy claro si el coronel Bacigalupo consideró ofrecer resistencia en su puesto fronterizo o si simplemente desapareció de la escena. Lo cierto es que, de haberse quedado, no hubiera podido impedir que Génova cayera en poder de Francia.
La ocupación francesa duró sus buenos tres años sin mayores disturbios, hasta que el 22 de mayo de 1797, el pueblo de Génova dijo basta ya y se levantó contra el opresor. Lamentablemente, la lucha en la ciudad cesó con el triunfo de las tropas del general Mathieu Leonard Duphot, que, como su nombre sugiere, era francés.
A pesar de que habían recuperado el órden en Génova, los frances comprendieron que la lucha no había cesado porque recibían reportes preocupantes del interior del país. Las comunas de los valles seguían alzadas y la lucha esporádica contra el invasor prosiguió en los meses siguientes. Es en ese contexto que reaparece en escena Paolo Bacigalupo, esta vez a la cabeza de la revuelta campesina que tomó el nombre de Viva Maria. Se ve por este nombre que Paolo y los demás líderes eran muy devotos de la Virgen, y debió haber una importante participación del clero rural en aquel levantamiento, porque, en su ideario, estos patriotas no sólo rechazaban la opresión política sino también la represión religiosa de la nueva y afrancesada Reppublica Ligure, que obviamente era anticlerical.
El 4 de septiembre, luego de tomar Chiavari, el coronel Bacigalupo fue informalmente ascendido por sus entusiastas tropas al rango de general. En la plaza del pueblo, sus tres mil hombres lo aclamaron como ‘il generalissimo’ y reafirmaron su decisión de seguirlo hasta el final en su lucha por liberar a la vieja y orgullosa Reppublica di Genova, fundada en 1576.
Mientras tanto, en la capital, la Junta de Gobierno sesionaba de emergencia porque se sabía que un nuevo levantamiento campesino era inminente. Esa era la Junta jacobina, es decir, la que había sido instalada por los franceses, y les cuento que entre sus miembros había un tal Bacigalupo de Sarzana (¿no les digo? El apellido es más común que la ruda).
Pero, bueno, vayamos a la acción de armas, si es que se le puede llamar así. El 6 de septiembre se enfrentaron nuevamente las fuerzas combinadas de franceses y genoveses jacobinos contra los genoveses patriotas en el primer día de la batalla de Albaro. Enterado del levantamiento, il generalissimo se apresuró en llegar a Albaro para dar refuerzo a sus compatriotas. Para entonces, comandaba un ejército de seis mil hombres, reclutados en el valle de Fontanabuona. Pero esos pobres paisanos no tenían entrenamiento militar suficiente y estaban muy mal armados. Gritaban como los antiguos lígures, eso sí, para darse valor; pero en lugar de cañones y mosquetes, lanzas o espadas, blandían instrumentos de labranza, crucifijos y estandartes religiosos, con lo que se suele hacer poco daño a los enemigos.
Al día siguiente, tras una conmovedora demostración de fe, pero muy poca pericia militar, los patriotas sufrieron la derrota definitiva en Albaro. Paolo Bacigalupo logró huir, pero poco después fue capturado en Quinto. Al mes de su captura, en la mañana del 5 de octubre, lo fusilaron.
No me consta, porque todavía no he ido por allí, pero dicen que Carasco recuerda a Paolo mediante un busto conmemorativo. Del Bacigalupo jacobino estoy seguro que no se acuerda nadie.

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PAOLO BACIGALUPO escribió:
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