
Todos los créditos de este cuento para Francois Vallaeys.
El Arturo era un joven intrépido, así como yo, y siempre buscaba aventurarse en el mundo, siempre acompañado de su mejor amigo, sir Gabián. Juntos pelearon en las guerras mano a mano, como inseparables hermanos. Una vez, Arturo y Gabián fueron de cacería, pero, poco a poco, se alejaron de sus tierras, internándose en lugares inhóspitos, tierras de un viejo rey. Entrar a cazar en tierras ajenas es una falta grave y fueron capturados y llevados a juicio en el castillo del viejo rey.
- Arturo, has cazado venados en mis tierras, es una falta grave, a pesar de que eres un jóven caballero y muy querido, solo hay un castigo para ello. Es la muerte.
- Nooo, viejo rey, ¿no podríamos llegar a un acuerdo? ¿una resolución? ¿una… interpretación autentica? ¿nada? ¡Jeje!
Pero el rey, piadoso, benevolente y muy sabio. Pero, a pesar de ello, solo había una pregunta que el rey, con toda su sabiduría, jamás había podido responder y, al ver la energía del joven Arturo, le perdonó la vida, pero con la condición:
- Soy muy sabio, rico y benevolente, Arturo, te perdonaré la vida solo si, dentro de un año, respondes una pregunta sin respuesta para mi: “¿Qué quiere la mujer?”.
¡Uy, no! ¡Qué difícil, oye! ¿Cómo vas a preguntar eso, oe? ¡Ya mátame de una vez, mejor! Arturo no tenía opción, aceptó la condición para salvar la vida y junto a sir Gabián, partieron para sus tierras. Al llegar, comentaron de lo sucedido y, como todos los jóvenes, como tú y yo, se dijeron a sí mismos: “Falta todo un año, así que, dejémoslo para después. Ya encontraremos, algún día la respuesta”. Y así pasó el tiempo y la angustia se apoderó del joven Arturo cuando faltaban tres semanas para tener la respuesta, o perdería la cabeza.

¿Quién podría saber la respuesta? Pero claro, quién más sino la madre. Nuestra madre es sabia y siempre conoce las respuestas para todo, así que le fue a preguntar a su madre: “Madre, ¿qué es lo que quiere la mujer”. Ella le respondió que: “Lo que quiere la mujer… querido Arturo… es tener… un hijo… tan lindo y precioso…. ¡¡¡¡¡COMO TUUUUUUU!!!!”. ¡Qué barbaridad! ¡Cómo le daría como respuesta así al rey! Arturo podía imaginar el hacha afilada del verdugo. “Ya sé” se dijo a sí mismo, “mi padre”. El Rey, padre de Arturo, viejo, sabio, con la corona sobre su cabeza. La espada afilada en su cinto, ganador de miles de batallas y conquistas. “Mi padre se casó con mi madre, así que él sabrá la respuesta. Padre, ¿qué es lo que quiere la mujer?”. Él le respondió: “¿La mujer? Yo te diré lo que quiere la mujer”…
Toda tu vida…. Toda tu plata…
Toda tu chamba… y no parar de comprar…
Y gastar más más más más… Y mucho más…
Quiere la cuenta… mancomunada…
Tu visa oro… Tu Mastercard
Y gastar más más más más…
Y mucho más…
Arturo pensó que no tendría salvación así que le preguntó a su hermana. La hermana de Arturo, recién egresada, con su cartón de Bachiller en Administración de Empresas, con el cabello planchado y mascando su chicle. “Pues, yo te digo, o sea, Arturo, darling, lo que quiere la mujer, pues, o sea, es, ¿manyas? O sea, es tener plata, ser ejecutiva, ¿manyas? Y luego, conseguir un flaco para tener más plata, ¿manyas? ¿Hijos para qué?... Arturo no podría darle esa respuesta al antiguo rey. “Los más sabios de un hogar siempre son los abuelos” se dijo a sí mismo, así que le salió la abuela. Con su bastón y con una figura maternal muy tierna. “Arturo, al final del bosque, se encuentra la entrada al Bosque Negro. En aquél lugar vive una antigua bruja y se dice que ella tiene las respuestas a todas las preguntas del mundo, pero su precio es muy alto”. Arturo no terminó de escuchar lo que la abuela tenía que decir y partió hacia el bosque negro.

El Bosque Negro era tenebroso y lúgubre. Sin embargo, luego de luchar contra algunas bestias, llegó al final y ahí estaba la casa de la bruja, que, era como toda casa de bruja, hecha de chocolates y galleta. El caballero cogió un pedazo de galleta, ¡Ñam! y la puerta se abrió lentamente. Dentro la bruja los esperaba al lado de un gran calderón lleno de una sustancia verde y viscosa.
- Bienvenido.- le dijo la bruja – Sé lo que estás buscando, Arturo, tu quieres la respuesta para la pregunta del viejo rey, ¿verdad? Yo tengo la respuesta, pero su precio es muy muy alto, Gya, gya, gya…
- No te preocupes, viejita, mi padre es el rey más rico de todos los reinos y no habrá problemas con eso… ¿Oro? ¿Esmeraldas? ¿Euros? El dólar ha bajado, eh.
- Una bruja no necesita nada de eso, Arturo, lo que yo quiero es algo más importante para ti. Quiero a sir Gabián, quiero casarme con él y ser su esposa para siempre y comérmelo a besos. Sí… que rico.
Oh no. Arturo dio media vuelta y emprendió el camino de vuelta. Faltaban muy pocos días para responder la pregunta del rey o morir. Pero, el precio, efectivamente era muy alto. Cuando llegó al castillo, le contó lo sucedido a sir Gabián y le dijo que preferiría la muerte antes que condenar a su mejor amigo, a su hermano, a casarse con ser tan despreciable y horrorosa. Pero, sir Gabián le dijo a Arturo que él era su mejor amigo y su futuro rey, era su deber protegerlo de la muerte y que daría su vida por él. Arturo y sir Gabián partieron entonces hacia la casa de la bruja, comieron la galleta y se abrió la puerta. Sir Gabián aceptó y la bruja dio la respuesta a Arturo. La boda sería en una semana.
Así que ambos caballeros, tristes y acongojados partieron para el castillo del viejo rey para dar la respuesta. Llegaron hacia el trono y se presentaron donde el rey.
- ¿y bien, Arturo? ¿Tienes la respuesta? Dime, ¿qué es lo que quiere la mujer?
- Lo que quiere la mujer, viejo rey, es ser la dueña de su propia vida.
El rey quedó complacido con aquella respuesta y liberó a Arturo de su condena. Estaba feliz porque al fin conocía la respuesta a tal interrogante. Sin embargo, la aventura de nuestros héroes no terminaba, porque ahora, venía la parte amarga, y la condena de si Gabián. El matrimonio con la horrorosa bruja.
Durante la ceremonia, nadie habló. La bruja era realmente desagradable y no tenía maneras. “Sir gabián, ¿aceptas a la bruja?”, “Sí, aceptó”, “Bruja, ¿aceptas a sir Gabián?”, “Sí, que rico”. Luego de la ceremonia, se realizó el banquete. Nadie comió, todos miraban a la bruja que comía usando las manos y a su lado a sir Gabián, que permanecía serio y pacífico. “¡Ay! ¡ésta comida está horrible! Le falta un poquito de ojos de sapo” y la bruja sacó un frasquito de sus harapos y sirvió los ojos de sapo sobre las perdices.
Sin embargo, aún faltaba…. La luna de miel. Y Arturo se sintió el hombre más desgraciado del mundo, al condenar a su hermano de armas a una noche y una vida entera de noches con la horrible bruja. Solo dios sabe el destino de sir Gabián. Llegaron los dos recién casados hasta la casa de la bruja y ella dijo: “Espérame un momentito que me voy a arreglar, jijijiji” y entró al baño. Sir Gabián se acomodó en las heladas sábanas a esperar la muerte… o algo peor. Pero, no importaba porque Arturo había salvado de morir. Se abrió la puerta del baño y…

¡Wow! En el marco de la puerta, se encontraba una hermosa doncella, con cabellos negros como la noche sin estrellas y cuerpo espectacular: noventa, sesenta, noventa. Como diríamos, una mujer “físicamente inteligente” (yo me entiendo, no se preocupen). Y sir Gabián, recogiendo la saliva que se le caía de la boca abierta, se preguntaba qué diablos había pasado.
- ¿Qué pasa, querido? ¿Sorprendido? Soy una bruja y puedo tomar la forma que yo quiera. Pero, ahora tengo que preguntarte algo muy importante: ¿Qué prefieres? ¿Prefieres que sea, hermosa de día y bruja de noche? ¿O bruja de noche y hermosa de día?
Sir Gabián estaba en una encrucijada. Una hermosa de noche, pues sería una gloria, pero durante el día no podría caminar por la ciudad ni por el palacio de Arturo, pues el aspecto de la bruja incomodaría a todos. Mientras que hermosa de día, podría disrutar de una gran vida social, pero por las noches, sir Gabián soportaría las frías sábanas de la cama de la bruja. Finalmente, con una sonrisa, respondió:
- Esposa mía. No sé por qué me preguntas eso. Decide lo que tú quieras, porque tú eres la dueña de tu propia vida.
- No esperaba menos de ti, esposo. Es por ello que ya he decidido: seré hermosa de día… y también de noche.
Y así es como todos fueron felices para siempre, Arturo, Sir Gabián, la bruja y yo por poder contar esta historia. ¿Y, tú? ¿Ya dejaste a tu mujer ser la dueña de su propia vida? ¿o… tienes que soportar a tu lado… a una bruja?








