16/12/11: EL ESPECISMO
Término poco conocido a la vez que bastante incomprendido, a pesar que el accionar de la mayoría de los seres humanos a nivel mundial se rige por su base lógico-conceptual, el Especismo obedece a una particular forma de percibir el mundo que se traduce en la incapacidad de ver al “otro” como igual, en la total ausencia de empatía, en el irracional fundamento de discriminar a los demás amparándose en la pertenencia a una especie determinada.
Para explicarnos mejor, citemos la definición consignada en la página web de la organización animalista española “Igualdad Animal” (1) pues sintetiza de manera óptima lo que queremos dar a entender. Se dice así que el Especismo es:
“La discriminación de un individuo en función de su especie; es decir, considerar que los intereses de alguien no merecen un peso justo debido a su especie de pertenencia
(…)
La forma de especismo más común es la que establece que es el hecho de que alguien pertenezca o no al grupo humano lo que determina el respeto que merecen sus intereses. La defensa de esta forma de especismo gira normalmente en torno a dos argumentos. Lo que esconden ambos es la idea de que es la simple pertenencia a la especie Homo sapiens el motivo por el cual los humanos merecemos que nuestros intereses tengan un trato privilegiado con respecto a los intereses de los demás animales”
Podemos apreciar entonces que el Especismo se basa en una discriminación sin fundamento alguno, incurre así en las insuficiencias argumentativas de muchos de los grandes “ismos” a través de la historia puesto que tiene como principal argumento la pertenencia a una especie para discriminar a quienes no son parte de la misma, amparándose en el hecho de ver al hombre, de apreciar al ser humano como el centro del universo, en mantener y, peor aún, justificar una postura antropocéntrica frente al mundo. Tal como ocurre con otras corrientes de pensamiento, aquel se basa en la incapacidad de ver a los demás como iguales a uno mismo, lo que nos hace relacionarlo indubitablemente con fenómenos como el racismo y el sexismo; en el primero discriminándose en base a la raza y a las supuestas cualidades de una de tipo “ideal” sobre otras; en el segundo por el sexo (o genero desde una visión amplia) y, al igual que en el caso anterior, anteponiéndose los intereses de unos respecto de otros (de un sexo sobre otro).
Lo que queremos dejar en claro es que el Especismo se basa en algo tan ilusorio como la pertenencia a una concreta especie para en base a ello poder discriminar y valerse de otras que son vistas como “inferiores”, discriminación que tendría como punto de apoyo la capacidad del hombre de pensar, de razonar, lo que conllevaría a situarse en un status superior frente a cualquier otra especie que habite en el mundo. Según este punto de vista, el ser humano podría valerse de cualquier otro ser que no pertenezca a su especie por el simple hecho de que aquel ostenta el pensamiento, el raciocinio y éste no, por lo que podemos apreciar que el especismo guarda una estrecha relación con el iusnaturalismo, doctrina filosófica que postula la existencia de derechos del hombre fundados en su naturaleza humana, anteriores y superiores al ordenamiento jurídico positivo.
Frente a esta postura que ha condicionado el accionar del hombre a todo nivel a través del tiempo, los Derechos de los Animales no Humanos (tanto en el pasado, presente como a futuro) se topan con un gran obstáculo, el cual, sin embargo, puede ser resuelto al ir un paso adelante de lo evidente formulándonos la interrogante siguiente: ¿Es realmente la capacidad de razonar lo que nos hace superiores? Ante ello pensemos en un instante en las diferencias que se dan dentro de la misma especie humana, en donde no todas las personas poseen el mismo grado de raciocinio y más aun de inteligencia; en base a esto, ¿cabría discriminar o valerse de este tipo de personas?, ¿qué hay acerca de las personas que padecen de síndrome de Down?, ¿de las personas que sufren de parálisis cerebral?, ¿de las que viven con Alzheimer?, ¿sería razonable y/o coherente aprovecharnos o disponer de las mismas? Una respuesta aparentemente obvia, además de tendenciosa, sería que la discriminación no cabría en este supuesto pues nos estamos refiriendo a seres humanos, los cuales desde el ámbito jurídico poseen los mismos derechos e interactúan en un plano de igualdad material, reforzado esto si se toma al iusnaturalismo como principio directriz. Sin embargo, la realidad siempre supera a la ficción (y a lo normado), para muestra de ello tomemos como ejemplo el holocausto acaecido en el Estado alemán nazi en el cual miles de personas que padecían de alguna enfermedad o discapacidad mental fueron enviados a los campos de concentración a morir de una manera increíblemente cruel. Se puede argumentar respecto de este extremo, que para la fecha de aquellos infaustos acontecimientos los derechos humanos como los conocemos ahora, es decir plasmados en las legislaciones nacionales y reconocidos en instrumentos internacionales eran inexistentes, sin embargo esta explicación eminentemente positivista nos llevaría a pensar: ¿Cómo lo antedicho no se encontraba normado, conllevaría ello que pudiera asesinarse en masa a los “otros”, a los que no forman parte del grupo dominante en un momento determinado?. En base a todo lo señalado, consideramos que lo que nos une e identifica con otras especies es nuestra capacidad de sentir, atendiendo a que el hombre es también un animal, un animal racional, el cual debe usar la razón para conformar el verdadero “ser humano”, en el sentido de ser un individuo más que compasivo hacia las demás especies que lo rodean, un individuo respetuoso de las mismas, cuya ética no esté dirigida únicamente hacia los individuos de su misma especie sino hacia la totalidad de su entorno, que no perciba a los animales no humanos desde un punto de vista paternalista (como lo propone el bienestarismo) sino desde uno basado en el respeto, en la ética y, por ende, en la justicia. Los animales no humanos (al igual que los animales humanos) al existir tienen sus propios intereses, siendo el principal de ellos el de vivir, por lo que si optamos por un significado integral y teleológico de la frase: “Respeto a la Vida”, no podemos interferir en la misma respecto de ningún otro ser, independientemente de la especie a la cual pertenezca; por lo tanto, espectáculos crueles como las corridas de toros no hacen más que graficar el especismo imperante no sólo en la sociedad peruana sino también en la mundial.
Todo lo señalado nos lleva a enunciar cuatro conclusiones respecto del comportamiento del hombre hacia los animales no humanos:
1. Los animales no humanos no pueden servir para el entretenimiento del hombre:
Por ello, los espectáculos en los cuales aquellos son utilizados como objetos para el divertimento humano o donde se les torture o “asesine” basándose en una determinada tradición no tienen razón alguna de ser. Ejemplo de esto lo tenemos en el caso que nos ocupa, las peleas de perros (donde son sus propios “dueños” quienes los hacen pelear a cambio de jugosas apuestas), las peleas de gallos, tradición de la cual increíblemente se enorgullecen muchos compatriotas percibiéndolo como sinónimo de identidad nacional, el caso de los circos en donde se usan osos, elefantes, tigres, etc. quienes para obedecer a las ordenes de los domadores han sido sometidos a maltratos sistematizados, el yawar fiesta, el jalapato, etc. en donde más allá de un tema seudocultural los animales son sometidos a tratos crueles seguidos de una muerte lenta y dolorosa.
2. Los animales no humanos no pueden servir para experimentación:
Si optamos por una ética integral, por una visión de la vida de verdadero respeto y de justicia, los experimentos con animales no humanos tampoco son defendibles. En los mismos, estos padecen de una gran angustia, encerrados en jaulas durante casi toda su existencia esperan el momento de ser objeto de todo tipo de maltratos indescriptibles en pos del “desarrollo de la ciencia” o la cura de enfermedades que sufre la especie “dominante”. Sin embargo, tal y como ha quedado demostrado en diversas partes del mundo con el caso de la experimentación en chimpancés para el tratamiento y combate del VIH, luego de más de tres décadas de experimentación no se logró avance de tipo alguno, más bien lo que se demostró es el fraude por parte de muchos investigadores ,y de los departamentos académicos que los avalaban, que conociendo que la experimentación con aquellos animales era infructuosa para el fin que los ocupaba seguían recibiendo dinero para investigaciones sin futuro. Por otro lado, en el caso de experimentación con perros, gatos, cuyes, ratas y demás para fines “educativos” desarrollados en las facultades de medicina de diversas universidades a lo largo del mundo, se ha demostrado, y en base a ello se viene poniendo en práctica, que el uso de métodos alternativos como son el cultivo de tejidos y células son los óptimos para un real aprendizaje.
3. Los animales no humanos no pueden servir como vestimenta del ser humano:
Como es el caso del negocio de las pieles en el cual se esconde una gran dosis de crueldad hacia los animales quienes vienen a ser la materia prima de aquel. Es así como visones, zorros, mapaches, o focas mueren de la manera más despiadada posible, quebrándoles el cuello o asfixiándolos con monóxido de carbono en el caso de los tres primeros o utilizando un pico para matar a golpes a los últimos, tal como sucede en Canadá, país donde cada año se organiza una matanza masiva en la cual se llega a dar muerte aproximadamente a 350,000 focas. Sin embargo, una postura especista y dentro de ésta, la primacía de la moda y la vanidad humana pueden más que la vida de seres inocentes.
4. Los animales no humanos no pueden ser alimento del hombre:
Quizá el argumento más “extremista” pero al mismo tiempo el más evidente. Todos los días millones de animales como pollos, gallinas, patos, terneras, vacas, toros y otros son “sacrificados” para satisfacer el paladar del ser humano, pues ya sea en pequeñas granjas o en grandes factorías, ya sea en camales como en mercados, la mayoría de animales no humanos están condenados a la muerte desde el momento mismo de su nacimiento.
El escenario que se presenta en muchos países en donde el ganado es llevado en grandes trenes hacia los mataderos asemeja mucho a la situación vivida por el pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial, periodo en el cual eran trasladados también por ese medio hacia los campos de concentración en donde serían asesinados a gran escala; por ello, tanto en uno como en otro caso apreciamos el criminal abuso solo por el hecho de ser diferentes al grupo dominante del momento. Se señala mucho el aspecto nutricional al decir que el consumo de animales no humanos es necesario por las proteínas, vitaminas, calcio, hierro, etc. lo que pone una vez más al hombre como centro del mundo y la validación de que puede valerse de otros seres para su propio beneficio.
Al hablar de usar a los animales no humanos como comida, no sólo se hace referencia a la muerte de los mismos sino también a la utilización de sus derivados, como es el caso de la leche de vaca, leche que debería estar destinado a su cría, a la ternera, pero que en su lugar es destinada al consumo humano; inclusive el hecho de exprimirle las ubres a las vacas implica -aunque para muchos suene disparatado- atentar contra su integridad (hecho que no logran percibir muchas feministas que caen también en el especismo). Por otro lado, actualmente existen alternativas alimenticias que permiten suplir todos los nutrientes que se hallan en los animales no humanos.
En consecuencia, es la visión especista de nuestras relaciones con el entorno lo que permite que la explotación hacia los animales no humanos continúe, ya que como hemos podido apreciar de lo señalado líneas arriba, si realmente se opta por una visión ética de las relaciones humanas no solo con el igual o con el semejante sino también con el diferente, con el distinto, el especismo no tiene fundamento alguno.
Por lo tanto, debemos dirigir nuestra mirada más allá del positivismo que domina el ordenamiento jurídico y orientar nuestro proceder hacia la ética integral, hacia la justicia y realizar una revisión histórica respecto del cambiar de los tiempos. Observar como lo que ayer era visto como algo normal y cotidiano hoy ya no lo es más; hacer memoria de la muerte como espectáculo que se desarrollaba en el Coliseo Romano donde muchos seres humanos fueron “sacrificados”, la esclavitud que conllevaba el trato como objetos de los sometidos, el holocausto nazi, en donde no solo judíos sino también personas de otras nacionalidades, homosexuales, incapacitados física o mentalmente, disidentes políticos y demás fueron exterminadas sistemática y generalizadamente, lo cual debe permitirnos apreciar claramente que los pensamientos y los comportamientos cambian para mejor, evolucionan y que los mismos son provocados por el propio ser humano, por su capacidad de analizar su entorno y a sí mismo, de anteponer lo justo antes que sus propios intereses. Llego entonces el momento de reexaminar nuestra relación con quienes erróneamente creíamos diferentes y/o inferiores. Llego el momento de trascendernos.
(1) Página web de la Organización española Igualdad Animal: www.igualdadanimal.org
Extracto del ensayo: “Las Corridas de Toros como espectáculo que afecta los Derechos Fundamentales del Hombre”.

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