Hace algún tiempo me preguntaba a mi mismo si es que alguien podría, en un solo día o en una sola tarde, encantarle una persona. Pregunté a algunas personas y la mitad me dijo que sí y la mitad me dijo que no. Entonces, decidí que faltaba un solo voto. Como el mío no cuenta, tenía que ser la persona que me encantaba la que decidiera eso. Sin ilusión y sin plan, dejé que ella me convenza y esto fue lo que pasó…
Llegué al lugar y no estaba muy seguro de si ella llegaría. Era la primera cita de mi vida en realidad. Sí, lo sé, “¿cómo va a ser, Taka?”. Pues es verdad. Es decir, antes he salido con amigas o salido con mis –en ese entonces- enamoradas, pero nunca una cita-cita, por eso estaba más que nervioso. Esperé y al poco rato llegó y subió las escaleras. “¿Daniel?” me preguntó. En ese momento, se respondió mi pregunta. ¿Alguien podría, en un solo día o en una sola tarde, encantarse con una persona? Sus ojos me dijeron “SIII… TAKA!”.

Y es que, en realidad, la mirada de unos ojos hermosos, aunque solo dure un segundo, puede hacer que te encante una persona y te sientas realmente cómodo a su lado. Más aún cuando hables de todo y de mil cosas interesantes. Y también cuando su sonrisa es, simplemente, la más hermosa de toooodo el mundo y de otros mundos también. Pero claro, eso sólo lo pensé porque cuando yo quería hablar, la chica de los ojos hermosos me decía, con su mirada, que tenía aún más que decirme, así que no dije nada. Un café se acaba rápido cuando sientes que unos ojos tan bonitos te miran, así que optamos por una caminata.
Ella me dijo que pintaba cuando era más chica. A veces, la llevaban a psicopedagógico porque pintaba cosas “raras”. Se juntaba con chicos más que con chicas. Me hubiera gustado ver esos dibujos, creo que solo por el hecho de ser de ella. También yo le dije cosas. Le conté que “ese edificio que ves ahí, ése, ahí me encantaría vivir” y le agradó la idea. Conversando aún más y nos dimos cuenta que teníamos muchas cosas en común: ambos nacimos en Miraflores (nuestro distrito preferido) y nuestras mamás iban a recoger a la municipalidad nuestras partidas de nacimiento. Nos gustaba caminar y ver el mar. Su tía me enseñó idioma chino en el colegio. Somos solitarios. Nos gusta el café. Uf… montón de cosas. Casi nos atropella el carro, pero le salvé la vida (¿o ella me salvó a mí?). Sin darnos cuenta llegamos hasta donde se puede ver el mar. Así que fuimos a ver el mar… ¡Y empezaron las pregunta-respuestas!

“Me gusta cuando el mar está así como está ahora, pareciera que el cielo y el mar se juntaran y fueran una sola cosa”. Pues sí parecía y no me había dado cuenta nunca. Había mucho viento, pero ella dejó que le acomode el cabello. “¿Cómo se dice ‘bésame’ en japonés?”… “kuchidzuketa!” (Si no me equivoco se dice así). “¿Puedo preguntarte algo?”, “¿Qué cosa?”, “Mi rostro, ¿es fácil de recordar?”, “¿Por qué me preguntas eso?”, “Quiero saber qué piensas tú”, “Hmm, yo no me olvidaría de tu rostro nunca”, “Qué lindo, Taka”. ¡Qué caminata! Pero es hora de sentarnos y tomar un café más y, tal vez, algo de comer.“¿Eres celoso?” Jajaja… esa pregunta es mi debilidad. Sí, lo soy, para qué mentirles. “Todos los ‘ponjas’ son celosos, ¿no?”, “Hmm, tal vez”. Es que, para darle alguna razón, me gusta sentir que la persona que me encanta es sólo para mí. ¿Qué problema, no? “Bueno, con el tiempo, he aprendido que la mujer… pues, lo que desea una mujer es ser la dueña de su vida”. ¿Debería decir varias cosas que pienso, no? Pero es tarde y ella tiene que irse. Emprendamos el camino de vuelta. “Me encantaría volver a verte”, “A mí también”, “¿Sabes? Me siento realmente cómoda estando a tu lado”. Yo también… Ling-Fa.
Pero más que una bonita caminata, fue una respuesta la que obtuve esa tarde. Fue un “Sí” a la pregunta de si alguien podría encantarle una persona en sólo un día o una tarde. Y a mí me encanta ella. No nos volvimos a ver, pero yo todavía me acuerdo de sus ojos hermosos y ella, tal vez, se acuerda de todas las cosas que pueden pasar en una sola caminata. ¿Nos volveremos a ver? Pues no lo sé, pero si algún día nos vemos otra vez, le preguntaría si puedo tomar su mano para cruzar la pista, sólo por si acaso… “Pronto será mi cumpleaños, me encantaría verte”, “Tú dime no más, yo estaré ahí”…
Dedicado a Ling-Fa, la persona que me encanta, la chica de los ojos hermosos, presidenta del “Kokoro ga itai Club” (Club de dos, hasta ahora) e indirecta creadora de mi categoría “Eizo Sakushin Shu”. Cuatrocientas mil entradas dedicadas a ti. Abrazo de oso. Hasta… que nos veamos otra vez…








