09/12: Carta a Héctor Zagal
Esta carta se la cursé hoy al escritor mexicano Héctor Zagal a través de su blog (http://elneorama.wordpress.com/) en alusión a la misiva que el referido señor envió el 7 de diciembre a la hija de Enrique Peña Nieto, candidato a la Presidencia de México (http://elneorama.wordpress.com/2011/12/07/carta-a-paulina-pena-petrellini-por-hector-zagal/).
A continuación, la carta.
Señor Héctor Zagal:
No he experimentado la circunstancia de conocerlo. Tan sólo he leído una carta que usted se tomó la molestia de cursar a una jovencita por un comentario en una red social. Me motivó escribirle porque, en primera, me llamó la atención que una persona que goza de la reputación suya en su país, haya tomado algo tan ligero como un “tweet” para usarlo de piedra angular de un discurso político que pretende, sencillamente, hacer apología política.
Antes de continuar, le aseguro que no me mueve nada contra usted ni a favor del ex gobernador del Estado de México. Soy contemporáneo suyo y un enamorado de su país. Ni siquiera soy mexicano, ni vivo en su país, ni milito en partido alguno ni voy a votar en la próxima elección. Pero es que su actitud, que la encuentro además de desproporcionada, es además francamente abusiva al confrontar públicamente a una muchachita nada más y nada menos que por algo tan trascendente como un “tweet”.
Algo que me genera auténtica repulsión, siendo usted un hombre maduro ya cercano a la cincuentena.
He de confesarle que esto no es lo único que me ha movido a molestarme en dedicarle unos minutos de mi tiempo. Lo central ha sido mi repudio a su oportunismo tan propio de la izquierda latinoamericana. Oportunismo que esta vez busca descalificar a un candidato presidencial utilizando el artero argumento de arremeter contra su hija, y tomar este pretexto para echar mano de lugares comunes que resultan intelectualmente empalagosos, por decir lo menos, además de mentiras que de tanto repetirlas, muchos terminan repitiendo como verdades talladas en piedra. Como también tengo una hija, he encontrado el comportamiento de usted particularmente bajo.
Seguramente usted ha hecho el cálculo político preciso. Y sabe que es poco probable que le responda alguien de las canteras de Enrique Peña Nieto, puesto que sería muy difícil ponerse del lado de los que, según usted diría, odian a los “hijos de la prole” simplemente porque lo que se ponen encima en un día vale más que el salario mensual promedio de los proletarios mexicanos.
Pues mire, a mi me dio por responderle. Porque en esas aseveraciones con las que usted pretende confundir no sólo a la hija del candidato del PRI sino al pueblo mexicano, late el corazón del mensaje “políticamente correcto”, pero “empíricamente improbable”, con el que los latinoamericanos venimos siendo envenenados desde que importamos el socialismo de la vieja Europa. Ese mensaje que se reduce en la simplista idea de que existen más pobres en cuanto hay más riqueza en manos de pocos. Y que tiene como corolario ese juego de suma cero que pretende explicar “científicamente” cómo es que algunos son pobres debido a que otros son ricos, sean personas, estados, países, continentes o hemisferios completos.
Seguramente el artero ataque a una hija de un candidato que ha tenido una ejecutoria de gestión pública exitosa a base de criterios de modernidad para el Estado que gobernó, con resultados a la vista, tiene su trasfondo en la reminiscencia por otros regímenes que seguramente a usted le vendrían mejor para el “progreso” de México. ¿Preferiría a un Allende? ¿Le acomoda mejor un Castro? ¿Y qué tal un Chávez?
Esas ideas hicieron ya mucho mal en su país y en el mío. ¿O es que no se da cuenta que en sus palabras está la esencia de la razón que movió a esa chica a escribir lo que escribió? ¿No sabe a qué me refiero? Pues a que ella cuestiona la envidia al progreso que está a la base de los insultos fáciles. Insultos que usted no sólo avala sino que justifica a cambio de un sueldo en el gobierno. Facilismo que ahora usted, en lenguaje adornado de matices barrocos, pretende disimular.
Usted invoca a sus orígenes personales. ¿Y eso, a quien le importa? ¿Cree que el ser nieto de un minero le da alguna superioridad moral? ¿Será que en México la sociedad es tan tediosamente simple que basta ver cuánto posee una persona para saber si es buen o mal ser humano? Y lo que es más grave. ¿Usted no sabe que miles de mexicanos, como igual número de colombianos, peruanos y chilenos, vienen saliendo de esa masa de “hijos de la prole” precisamente porque no se sienten proletarios sino han dado el gran salto hacia el futuro insertándose en los mercados abiertos y acumulando capital?
No me diga que usted ahora está “indignado” con las frases de una chiquilla. Porque por el nivel de educación que tiene y el estatus de vida que refleja, lo aleja de los “hijos de la prole” mucho más que a la desprevenida escritora de red social promedio. Usted es el reflejo de muchos recursos invertidos en su educación, seguramente varios de ellos provenientes de la educación pública. En otras palabras, de los contribuyentes mexicanos, varios de ellos, pertenecientes a esos “hijos de la prole” que usted intenta reivindicar.
Y finalmente, ¿sabe lo que me molesta aun más? Pues comprobar que usted pertenece a esa clase de socialistas inconsistentes, que vive deseando y usufructuando de las ventajas del capitalismo. Como usted se autodefine en su blog, “clase mediero de aspiraciones pequeño burguesas”, no hace más que corroborar el ridículo en que cae no sólo poniéndose en la liga de una amateur, sino además, el ridículo de no poder disimular su propia envidia y su aterradora insatisfacción con usted mismo.
Caigo en cuenta también que Enrique Peña Nieto es contemporáneo también de nosotros dos. Y entonces me pregunto: ¿usted qué ha hecho, en concreto y en igual número de años, por México y por mejorar el nivel de vida de esos “hijos de la prole” a los que dice representar? Pues una cosa es saber la historia de los que hicieron historia, y otra muy distinta, estar dispuesto a hacerla uno mismo.
Ojalá pueda hacerle llegar esta misiva. Intentaré en su blog y con otros canales, como las redes sociales. Puede ser un mensaje en una botella, lanzada en el océano de información, tweets incluidos, de esos que a usted le encantan para pontificar y “filosofar”. Quizás es una utopía, ya que no soy lo “importante” que es usted en México y no dispongo de los medios para asegurarme su recepción. Lo que si albergo la esperanza de que el debate político en mi querido México se eleve desde las bajísimas cotas en las que usted ha pretendido situarlo.
Dios le guarde,
Eugenio D´Medina Lora,
Lima, Perú
Diciembre 2011
A continuación, la carta.
Señor Héctor Zagal:
No he experimentado la circunstancia de conocerlo. Tan sólo he leído una carta que usted se tomó la molestia de cursar a una jovencita por un comentario en una red social. Me motivó escribirle porque, en primera, me llamó la atención que una persona que goza de la reputación suya en su país, haya tomado algo tan ligero como un “tweet” para usarlo de piedra angular de un discurso político que pretende, sencillamente, hacer apología política.
Antes de continuar, le aseguro que no me mueve nada contra usted ni a favor del ex gobernador del Estado de México. Soy contemporáneo suyo y un enamorado de su país. Ni siquiera soy mexicano, ni vivo en su país, ni milito en partido alguno ni voy a votar en la próxima elección. Pero es que su actitud, que la encuentro además de desproporcionada, es además francamente abusiva al confrontar públicamente a una muchachita nada más y nada menos que por algo tan trascendente como un “tweet”.
Algo que me genera auténtica repulsión, siendo usted un hombre maduro ya cercano a la cincuentena.
He de confesarle que esto no es lo único que me ha movido a molestarme en dedicarle unos minutos de mi tiempo. Lo central ha sido mi repudio a su oportunismo tan propio de la izquierda latinoamericana. Oportunismo que esta vez busca descalificar a un candidato presidencial utilizando el artero argumento de arremeter contra su hija, y tomar este pretexto para echar mano de lugares comunes que resultan intelectualmente empalagosos, por decir lo menos, además de mentiras que de tanto repetirlas, muchos terminan repitiendo como verdades talladas en piedra. Como también tengo una hija, he encontrado el comportamiento de usted particularmente bajo.
Seguramente usted ha hecho el cálculo político preciso. Y sabe que es poco probable que le responda alguien de las canteras de Enrique Peña Nieto, puesto que sería muy difícil ponerse del lado de los que, según usted diría, odian a los “hijos de la prole” simplemente porque lo que se ponen encima en un día vale más que el salario mensual promedio de los proletarios mexicanos.
Pues mire, a mi me dio por responderle. Porque en esas aseveraciones con las que usted pretende confundir no sólo a la hija del candidato del PRI sino al pueblo mexicano, late el corazón del mensaje “políticamente correcto”, pero “empíricamente improbable”, con el que los latinoamericanos venimos siendo envenenados desde que importamos el socialismo de la vieja Europa. Ese mensaje que se reduce en la simplista idea de que existen más pobres en cuanto hay más riqueza en manos de pocos. Y que tiene como corolario ese juego de suma cero que pretende explicar “científicamente” cómo es que algunos son pobres debido a que otros son ricos, sean personas, estados, países, continentes o hemisferios completos.
Seguramente el artero ataque a una hija de un candidato que ha tenido una ejecutoria de gestión pública exitosa a base de criterios de modernidad para el Estado que gobernó, con resultados a la vista, tiene su trasfondo en la reminiscencia por otros regímenes que seguramente a usted le vendrían mejor para el “progreso” de México. ¿Preferiría a un Allende? ¿Le acomoda mejor un Castro? ¿Y qué tal un Chávez?
Esas ideas hicieron ya mucho mal en su país y en el mío. ¿O es que no se da cuenta que en sus palabras está la esencia de la razón que movió a esa chica a escribir lo que escribió? ¿No sabe a qué me refiero? Pues a que ella cuestiona la envidia al progreso que está a la base de los insultos fáciles. Insultos que usted no sólo avala sino que justifica a cambio de un sueldo en el gobierno. Facilismo que ahora usted, en lenguaje adornado de matices barrocos, pretende disimular.
Usted invoca a sus orígenes personales. ¿Y eso, a quien le importa? ¿Cree que el ser nieto de un minero le da alguna superioridad moral? ¿Será que en México la sociedad es tan tediosamente simple que basta ver cuánto posee una persona para saber si es buen o mal ser humano? Y lo que es más grave. ¿Usted no sabe que miles de mexicanos, como igual número de colombianos, peruanos y chilenos, vienen saliendo de esa masa de “hijos de la prole” precisamente porque no se sienten proletarios sino han dado el gran salto hacia el futuro insertándose en los mercados abiertos y acumulando capital?
No me diga que usted ahora está “indignado” con las frases de una chiquilla. Porque por el nivel de educación que tiene y el estatus de vida que refleja, lo aleja de los “hijos de la prole” mucho más que a la desprevenida escritora de red social promedio. Usted es el reflejo de muchos recursos invertidos en su educación, seguramente varios de ellos provenientes de la educación pública. En otras palabras, de los contribuyentes mexicanos, varios de ellos, pertenecientes a esos “hijos de la prole” que usted intenta reivindicar.
Y finalmente, ¿sabe lo que me molesta aun más? Pues comprobar que usted pertenece a esa clase de socialistas inconsistentes, que vive deseando y usufructuando de las ventajas del capitalismo. Como usted se autodefine en su blog, “clase mediero de aspiraciones pequeño burguesas”, no hace más que corroborar el ridículo en que cae no sólo poniéndose en la liga de una amateur, sino además, el ridículo de no poder disimular su propia envidia y su aterradora insatisfacción con usted mismo.
Caigo en cuenta también que Enrique Peña Nieto es contemporáneo también de nosotros dos. Y entonces me pregunto: ¿usted qué ha hecho, en concreto y en igual número de años, por México y por mejorar el nivel de vida de esos “hijos de la prole” a los que dice representar? Pues una cosa es saber la historia de los que hicieron historia, y otra muy distinta, estar dispuesto a hacerla uno mismo.
Ojalá pueda hacerle llegar esta misiva. Intentaré en su blog y con otros canales, como las redes sociales. Puede ser un mensaje en una botella, lanzada en el océano de información, tweets incluidos, de esos que a usted le encantan para pontificar y “filosofar”. Quizás es una utopía, ya que no soy lo “importante” que es usted en México y no dispongo de los medios para asegurarme su recepción. Lo que si albergo la esperanza de que el debate político en mi querido México se eleve desde las bajísimas cotas en las que usted ha pretendido situarlo.
Dios le guarde,
Eugenio D´Medina Lora,
Lima, Perú
Diciembre 2011

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Juan Pablo escribió:
Una vez más, muchas gracias por su crítica.