Bernardo Moreno Jiménez (bernardo.moreno@uam.es)
Eva Garrosa Hernández
José Luis González Gutiérrez

Publicado en:Escritos de Psicología, 2000, 4, pp 64-77.

INTRODUCCIÓN

El estrés laboral, uno de los fenómenos más extendidos en nuestra sociedad, ha generado un gran volumen de investigación debido a las graves consecuencias que ejerce sobre la salud (Labrador y Crespo, 1993), el bienestar físico, psicológico y social del trabajador (Peiró y Salvador, 1993), y sobre las organizaciones (Quick y col. 1997), afectando al deterioro de la calidad asistencial o de servicio, al absentismo, la rotación no deseada, el abandono, etc.
La concepción activa del organismo y la personalidad en los procesos de estrés supone que las personas responden de forma diferente ante los mismos estresores (Bloch, 1977; Cichon y Koff, 1980; Farber, 1991; Huber, Gable y Iwanicki, 1990; Lanni y Reuss-Ianni, 1983; Mayou, 1987), de forma que no pueden establecerse formas estereotipadas o lineales de respuesta ( King y col, 1983). Kobasa (1982) busca determinar las fuentes de resistencia y de variación del sujeto al estrés y plantea el concepto de personalidad resistente, hardiness o hardy personality, que está definido por tres dimensiones:

Compromiso: Tendencia a implicarse en todas las actividades de la vida e identificarse con el significado de los propios trabajos. Las personas con esta característica poseen tanto las habilidades como el deseo de enfrentarse exitosamente a las situaciones de estrés.
Control:Es la disposición a pensar y actuar con la convicción de que se puede intervenir en el curso de los acontecimientos.
Reto (challenge):Esta cualidad permite que los individuos perciban el cambio como una oportunidad para aumentar las propias competencias, y no como una situación de amenaza.

La personalidad resistente o hardiness induce a estrategias de afrontamiento adaptativas, a la percepción de los estímulos potencialmente estresantes como oportunidades de crecimiento. También puede actuar afectando a las estrategias de coping de forma indirecta favoreciendo la búsqueda de apoyo social (Maddi y Kobasa, 1984), por último favorece la disposición hacia estilos de vida saludables (Maddi y Kobasa, 1984) que reducen la probabilidad de aparición de la enfermedad. Según Kobasa, Maddi y Kahn (1982) los individuos con personalidad resistente se enfrentan de forma activa y optimista a los estímulos estresantes, percibiéndolos como menos amenazantes.
El burnout o síndrome de estar quemado por el trabajo, desde una perspectiva psicosocial, es conceptualizado como una respuesta al estrés laboral crónico que conlleva la vivencia de encontrarse emocionalmente agotado, el desarrollo de actitudes y sentimientos negativos hacia las personas con las que se trabaja (actitudes de despersonalización), y la aparición de procesos de devaluación del propio rol profesional (falta de realización personal en el trabajo) (Maslach y Jackson, 1981). La aparición del burnout se ha asociado a múltiples problemas de salud, de satisfacción y rendimiento profesional y de calidad de vida (Maslach y Jackson, 1986; Cox, Kuk y Leiter, 1993).

La definición propuesta por Maslach y Jackson (1981) del burnout ha sido la más aceptada y es el resultado de la factorización del instrumento que con mayor frecuencia se ha utilizado para medirlo “Maslach Burnout Inventory” (MBI) (Maslach y Jackson, 1981/1986). En la mayoría de los trabajos su factorización ha dado lugar a tres factores ortogonales: agotamiento emocional, despersonalización y realización personal en el trabajo. Gil-Monte y col. (1995), consideran el síndrome de quemarse por el trabajo como una respuesta al estrés laboral percibido que surge tras un proceso de reevaluación cognitiva cuando las estrategias de afrontamiento empleadas por los profesionales no son eficaces para reducir ese estrés laboral percibido.
Entre los profesionales más castigados por éste fenómeno se encuentran los profesores o maestros (Kyriacou, 1987;Farber,1991 Gold y Roth, 1993). Las consecuencias del síndrome no sólo se manifiestan en el profesional, también hay repercusiones sobre la propia organización y los alumnos a través del deterioro en la calidad de los servicios y en la adopción de actitudes negativas por parte de los profesores en relación a los receptores de su servicio y con respecto a su rol profesional.

Entre los estudios que han comprobado la hipótesis moduladora de la personalidad resistente, se encuentran los de Nowack (1986) con una muestra de 146 empleados docentes y no docentes de la universidad. Donde comprobaron que los sujetos con niveles más bajos de estrés y mayor personalidad resistente presentaban significativamente menos sentimientos de quemarse por el trabajo, que los sujetos con niveles más altos de estrés y menor personalidad resistente.
Otro estudio también interesante es el realizado por Topf (1989) con una muestra de 100 enfermeras, sus resultados presentaron correlaciones significativas entre el índice global de personalidad resistente, el burnout, y la escala de realización personal en el trabajo del MBI.
Hill y Norvell (1991) con una muestra de 234 oficiales han examinado el posible efecto modulador de la personalidad resistente y del neuroticismo entre el estrés y sus consecuencias (burnout, síntomas físicos e insatisfacción laboral). Los resultados parecen mostrar que éstas dos variables de personalidad podrían ejercer un efecto principal, más que modulador, sobre el estrés y sus consecuencias.

OBJETIVO: Analizar la relación entre personalidad resistente o hardiness y salud.
MUESTRA
107 profesores de Educación Secundaria, de 14 institutos de Formación Profesional y/o Ciclos Formativos (de primero y segundo grado), de la zona de Madrid capital. El 53.8% de los sujetos son hombres. La media de edad se sitúa entorno a los 41 años. La media de los años de experiencia en la enseñanza es de 14.64 años. El 78.8% de los sujetos refieren tener pareja. El 37.1% de los profesores no tienen hijos, el 18.1% tienen un hijo, el 33.3% tienen dos hijos y el 11.4% tienen tres o más hijos.
INSTRUMENTOS
ADAPTACIÓN ESPAÑOLA DE “PERSONAL VIEWS SURVEY” (PVS) (Kobasa, 1982).
Consta de 50 ítems con escala tipo Likert. Compromiso (16 ítems), Control (17 ítems) y Reto (17 ítems).
Kobasa, Maddi y Kahn (1982) han encontrado niveles de consistencia interna para todas las escalas de 0.90 y de 0.70 para cada una de las dimensiones. La fiabilidad test-retest para la globalidad del cuestionario es de 0.60 en el plazo de dos semanas.

b) CUESTIONARIO DE BURNOUT DEL PROFESORADO” (C.B.P) (Moreno-Jiménez, Oliver y Aragoneses, 1993).
Se compone de tres factores divididos a su vez en varias subescalas.
Factor I (Estrés y Burnout) está formado por las subescalas de Estrés de Rol y Burnout, esta última a su vez compuesta por las tres dimensiones del constructo: Agotamiento Emocional, Despersonalización y Falta de Realización).
Factor II denominado Desorganización lo constituyen las subescalas de Supervisión y Condiciones Organizacionales, la primera se refiere al estilo de dirección y al apoyo que reciben por parte del supervisor, la otra tiene que ver con las condiciones en las que se realiza el trabajo (materiales, recursos de los que dispone el profesorado, etc.).
Factor III Problemática Administrativa, se divide en las subescalas de Preocupaciones Profesionales y en la de Falta de Reconocimiento Profesional. La primera de ellas como su nombre indica se refiere a las preocupaciones profesionales que pudieran estar percibiendo los profesores, en la segunda subescala aparecen ítems que evalúan el reconocimiento que perciben los docentes de su profesión.

c) CUESTIONARIO DE SALUD (Peñacoba, 1996):Evalúa el estado de salud. Es un cuestionario de sintomatología, está compuesto por 28 ítems, y consta de dos subescalas: sintomatología física (14 items) y sintomatología psicológica (14 items).

DISCUSIÓN
Las relaciones encontradas entre las variables de personalidad resistente con el estrés de rol, el burnout, y con cada uno de sus componentes (agotamiento emocional, despersonalización y falta de realización) son inversas y negativas. Teniendo en cuenta los puntos de corte marcados por la distribución estadística de la muestra en personalidad resistente se ha podido observar que existen diferencias estadísticamente significativas en estrés de rol y burnout (y en cada uno de sus componentes). Los profesores con puntuaciones más altas en personalidad resistente mostraban índices menores de estrés de rol, de agotamiento emocional, de actitudes de despersonalización y de falta de realización que los profesores con puntuaciones más bajas en personalidad resistente.
En todos los análisis de regresión realizados las dimensiones de personalidad resistente (control, compromiso y reto) consideradas singularmente han mostrado mayor poder explicativo que la inclusión global de las tres variables (mediante la media en las tres dimensiones). Es relevante considerar que las tres variables de personalidad han proporcionado un incremento de la varianza explicada en todas las variables dependientes analizadas, salvo en el caso de los síntomas físicos y de las actitudes de despersonalización, donde no aparecían como variables predictoras significativas.
Las variables de carácter organizacional y laboral sólo han demostrado poder predictivo con la variable estrés de rol. Esta variable se explicaría conjuntamente por los antecedentes del contexto organizacional y laboral, y por las variables de personalidad. Estos resultados apoyan los supuestos de los modelos transaccionales que exponen la experiencia de estrés como consecuencia de la interacción de determinadas variables del entorno laboral y de las características de personalidad (Gil-Monte, Peiró y Valcárcel,1995). Concretamente, han aparecido como variables predictoras del estrés rol la dimensión de compromiso (explicando el 22% de su varianza), la falta de reconocimiento profesional, las condiciones organizacionales y la dimensión de reto. Mientras las variables de personalidad inciden negativamente los factores organizacionales lo hacen positivamente.
Las variables organizacionales y laborales se muestran como importantes fuentes de estrés que pueden actuar como factores antecedentes en el desarrollo de los procesos de estrés y burnout. Sin embargo, es preciso tener en cuenta que los efectos finales del estrés sólo se pueden entender como el resultado de la interacción entre estas variables y las variables de personalidad.
La dimensión de compromiso es la variable que explica mayor porcentaje de la varianza del estrés de rol. Los individuos que tienen puntuaciones altas en esta dimensión de personalidad resistente, se caracterizarían por tener tendencia a implicarse en las actividades de la vida e identificarse con el significado de los eventos. Ante las situaciones estresantes, los individuos comprometidos evitan el distanciamiento, lo que les permite utilizar estrategias de coping adaptativas o inhibir las estrategias de coping poco adaptativas del tipo evitativo o de negación (como puede ser entendida la despersonalización). Kobasa (1982b) ha observado que el uso de coping regresivo donde hay una tendencia a la evitación, está inversamente relacionado con la característica de implicación o compromiso. Igualmente, Pierce y Molloy (1990) han encontrado que el uso de este tipo de coping se encuentra asociado a altos niveles de burnout en profesores de enseñanza secundaria. En este estudio también se ha podido comprobar que los profesores que puntuaban alto en esta dimensión mostraban menores actitudes de despersonalización.
La variable que ha resultado con mayor poder explicativo del burnout y de cada una de sus dimensiones ha sido el estrés de rol. Esto corrobora los hallazgos de otras investigaciones donde esta variable aparece como predictora importante de la aparición del burnout del profesorado (Cunningham, 1982, 1983; Schawb e Ivaniccki, 1982, Jackson, Schawb y Schuler, 1986; Byrne, 1994; Lee y Ashford, 1996). La inclusión de variables de personalidad han proporcionado un incremento de la varianza del burnout y de sus componentes. Concretamente, la característica de control, parece tener un peso negativo considerable en la predicción global del burnout y de dos de sus dimensiones, agotamiento emocional y realización personal.
Cuando una persona se autopercibe como capaz de ejercer control sobre los acontecimientos de su vida, tiende a pensar y actuar con la convicción de que se puede intervenir en el curso de los acontecimientos, de esta manera se consigue que los estímulos se perciban como menos estresantes y más controlables (Rhodwalt y Zone, 1989; Pagana, 1990; Solkoba y Tomanek, 1994). La sensación de control sobre las situaciones estresantes va a permitir que el estrés se perciba como menos amenazante, por lo que su efecto se ve mitigado. La percepción de control por parte del sujeto, le hace resistente al estrés, incrementa la probabilidad de que el sujeto perciba el evento estresante como algo natural que se puede solucionar a través de la acción. En términos de estrategias de coping la sensación de control nos llevaría a transformar los eventos de manera consistente a nuestro plan de vida (Kobasa, 1982), de tal manera, que la percepción de control podría actuar modulando la experiencia de estrés y sus efectos, entre ellos, el de agotamiento emocional. La característica de control también ejerce una influencia positiva sobre la valoración subjetiva de la realización profesional y personal, de forma que los individuos que se autoperciben con control sienten una mayor realización.
La cualidad de reto aparece como variable predictora significativa del estrés de rol con un peso negativo. Los sujetos que obtienen altas puntuaciones en reto perciben los cambios de normas y valores profesionales como una oportunidad de crecimiento y no como una situación de amenaza. Ante los estímulos potencialmente estresantes se enfrentan a ellos de una forma activa y optimista de la que pueden sacar provecho. Al actuar así, utilizan mecanismos de afrontamiento adecuados, como el coping transfomacional que les permite enriquecerse a través de situaciones complicadas y difíciles. Atendiendo a este supuesto podemos comprender las puntuaciones más bajas en estrés de rol que muestran los profesores con altas puntuaciones en reto. En definitiva, la cualidad de reto puede moderar los efectos del estrés facilitando estrategias de coping adaptativas, que permiten interpretar los estresores como menos estresantes (Cohen y Edwards, 1989; Parkes, 1994; Solkova y Tomakek, 1994).
Un dato relevante que se desprende de la investigación efectuada es el hecho de que la cualidad de reto aparezca con pendiente positiva a la hora de explicar el burnout global y, de forma específica, la falta de realización. Este resultado nos ha llevado a plantear que los sujetos con altas puntuaciones en reto son más vulnerables para padecer burnout, si no cuentan con trabajos o situaciones que les brinden oportunidades de desafío o reto. Hay también pruebas de que cuando los trabajos no presentan desafíos pueden provocar una disminución de la motivación por el trabajo y del rendimiento de los trabajadores (Berlew y Halls, 1966). Sin embargo, se debe tener en cuenta que existen no pocas controversias con la medida de esta dimensión ya que se plantean dudas respecto a si realmente se está evaluando la cualidad de reto a través de los instrumentos actuales que se utilizan para evaluar este constructo (Peñacoba y Moreno,1998).
Diferentes trabajos han mostrado que las consecuencias del estrés asociadas al síndrome de quemarse por el trabajo producen un deterioro de la salud física, psicológica y social del profesional (Labrador y Crespo, 1993; Peiró y Salvador, 1993). Existe igualmente evidencia empírica de la relación significativa entre el síndrome y la sintomatología psicosomática en diferentes estudios con distintas muestras (Rosse, Boss, Johson y Crown, 1991; Landsbergis, 1988; Beck, 1987; Greenglass, Burke y Ondrack, 1990; Lee y Ashforth, 1990). En el presente trabajo, las variables que han resultado predictoras de las variables de salud autoinformada son los componentes del burnout y de personalidad resistente. Las variables de carácter organizacional y laboral, así como el estrés de rol no aparecen como variables predictoras significativas. El estado de salud parece tener una relación más estrecha con las dimensiones del burnout, especialmente con el agotamiento emocional.
Las correlaciones encontradas entre personalidad resistente, y sus componentes, con el estado de salud general y los síntomas psicológicos que refieren los sujetos de nuestra muestra ha sido significativa y negativa. Los resultados obtenidos a partir de los puntos de corte en la distribución de las puntuaciones de personalidad resistente indican que los sujetos con mayor personalidad resistente informan de menos sintomatología. Estos resultados permitirían interpretar que hay una relación entre la percepción de un mejor estado de salud en general, menor sintomatología psicológica y mayores puntuaciones en personalidad resistente y sus dimensiones (Kobasa, 1979; Kobasa, Maddi y Courington, 1981; Shephard y Kashani, 1991; Suls y Rittenhouse, 1987; Westman, 1990).
Esta vinculación de la personalidad resistente a una mejor salud puede ser debida al efecto modulador que ejerce entre la experiencia de estrés y sus resultados o consecuencias. Este efecto sobre la salud, también parece ser explicado como efecto principal porque favorece la práctica de estilos de vida saludable (Maddi y Kobasa, 1984).
En este estudio sólo se han encontrado relaciones de hardiness y sus componentes con los síntomas psicológicos, no con los físicos. Estos resultados coinciden con los obtenidos por Moreno-Jiménez; Alonso y Álvarez (1997) donde las variables de personalidad resistente y autoestima se relacionan con la sintomatología psicológica y no con la física. Para estos autores una posible explicación de este hecho podría tener que ver con la mayor cercanía real de la variable predictora (personalidad resistente) y la variable criterio (síntomas psicológicos).

CONCLUSIONES
Los procesos de estrés y burnout surgen por la interacción de determinadas variables del entorno laboral y variables de personalidad. El individuo tiene un papel muy importante en la génesis y desarrollo de estos procesos, de forma que es capaz de enfrentarse activamente al medio y modificarlo en su propio beneficio si cuenta con las estrategias de afrontamiento adecuadas con lo que puede orientarse activamente al bienestar y la salud. Los individuos con personalidad resistente serían más resistentes al estrés y utilizarían estrategias de afrontamiento más adaptativas.