Deus Caritas est 1 (desde la fe de Qohélet)
El amor es el corazón de la fe
Usemos ‘corazón’ como San Agustín usaba esta palabra: como pensamiento, propósito, intención. Si aceptamos ese uso, entonces Deus Caritas est dice que el amor es el propósito de la fe; que la fe no tiene otra razón de ser que amar.
Formulación sintética de la existencia cristiana: creer en el amor
A esta formulación, Benedicto la llama también “la opción fundamental”, con lo que subraya la naturaleza de la creencia. Esta es, en efecto, una opción. Pero no se trata de una elección irracional, aunque algo de apuesta tenga. Tampoco es una decisión motivada únicamente por el intelecto, sino por un acontecimiento que involucra a la persona en su integridad. “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.”
Un acontecimiento que otorga sentido
¿Qué es un acontecimiento? Es un suceso, es algo que ocurre; pero que tiene que ser de alguna manera reconocido para que acontezca como tal.
El Papa elige la entrega del Hijo a la muerte como el acontecimiento. Hace una buena elección, toda vez que se dirige a lectores creyentes. Su público ya cree y además entiende la teología que está detrás de esa elección. Pero ¿si quisiéramos hablarle a un público distinto, conformado por no-creyentes? ¿Elegiríamos la entrega del Hijo a la muerte como el acontecimiento capaz de dar nuevo horizonte y orientación decisiva a la vida?
Detrás de la entrega del Hijo a la muerte está, desde luego, el desprendimiento radical como la característica fundamental del amor cristiano, entre otras consideraciones teológicas y filosóficas. Pero no cabe duda de que para un no-creyente esta es una imagen sombría. Ya tendría que haber aceptado muchas otras cosas para ser capaz de ver luz divina en la entrega del Hijo a la muerte. Y el no-creyente es, precisamente, quien aún no ha aceptado nada.
No hay que olvidar que el acontecimiento espiritual del amor, como todo acontecer espiritual que impacte a una persona, requiere ser reconocido por la persona impactada. No estamos hablando de impactos físicos, que se reconocen por efecto de la sensación. Estamos hablando de un encuentro, y no se puede encontrar aquello de lo que no se tiene ni la menor idea, porque simplemente pasaría de largo sin que lo advirtiéramos. Debe haber, pues, una cierta pre-comprensión de lo que se busca.
Pienso que con la imagen de la entrega del Hijo a la muerte revestiríamos al amor divino de un atuendo teológico denso, que ocultaría al amor ante los ojos de un no-creyente, sin posibilidad de entroncar con su pre-comprensión del acontecimiento que otorga sentido. En otras palabras, en la práctica le estaríamos poniendo una valla demasiado alta a todos aquellos que, por ejemplo, no creen en la divinidad de Jesús; valla que, dicho sea de paso, no es el amor mismo quien la pone, sino la teología.
Pero esto no es de ninguna manera una crítica a lo que dice Benedicto en Deus Caritas est, ya que su público es otro. Es sólo una reflexión orientada a que siempre tengamos en cuenta que hay públicos distintos. Es más, el Papa no desea aislar a los cristianos en los estrechos confines de la teología. Por ello, cuando señala que la fe cristiana pone el amor en su centro, dice que el cristianismo asume con ello el núcleo de la fe de Israel, que es también el amor.
(Dicho sea entre paréntesis, una fe escéptica es radicalmente solidaria con los no-creyentes y con los creyentes de otros credos.)
Comunicar el acontecimiento del amor
Cierro el comentario al punto 1 de la encíclica haciendo notar que Benedicto señala al inicio que no se es cristiano por decisión ética; pero eso, desde luego, no significa que la ética no desempeñe un papel central en la vida del cristiano. Como él mismo lo señala explícitamente al final de su punto introductorio, es un deber comunicar el acontecimiento del amor a los demás. ‘Los demás’ incluye, por supuesto, a quienes no pueden creer en el lenguaje y los usos tradicionales de los cristianos; pero sí pueden reconocer el amor como acontecimiento que otorga sentido a sus vidas cuando lo experimentan.

Formulación sintética de la existencia cristiana: creer en el amor
A esta formulación, Benedicto la llama también “la opción fundamental”, con lo que subraya la naturaleza de la creencia. Esta es, en efecto, una opción. Pero no se trata de una elección irracional, aunque algo de apuesta tenga. Tampoco es una decisión motivada únicamente por el intelecto, sino por un acontecimiento que involucra a la persona en su integridad. “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.”
Un acontecimiento que otorga sentido
¿Qué es un acontecimiento? Es un suceso, es algo que ocurre; pero que tiene que ser de alguna manera reconocido para que acontezca como tal.
El Papa elige la entrega del Hijo a la muerte como el acontecimiento. Hace una buena elección, toda vez que se dirige a lectores creyentes. Su público ya cree y además entiende la teología que está detrás de esa elección. Pero ¿si quisiéramos hablarle a un público distinto, conformado por no-creyentes? ¿Elegiríamos la entrega del Hijo a la muerte como el acontecimiento capaz de dar nuevo horizonte y orientación decisiva a la vida?
Detrás de la entrega del Hijo a la muerte está, desde luego, el desprendimiento radical como la característica fundamental del amor cristiano, entre otras consideraciones teológicas y filosóficas. Pero no cabe duda de que para un no-creyente esta es una imagen sombría. Ya tendría que haber aceptado muchas otras cosas para ser capaz de ver luz divina en la entrega del Hijo a la muerte. Y el no-creyente es, precisamente, quien aún no ha aceptado nada.
No hay que olvidar que el acontecimiento espiritual del amor, como todo acontecer espiritual que impacte a una persona, requiere ser reconocido por la persona impactada. No estamos hablando de impactos físicos, que se reconocen por efecto de la sensación. Estamos hablando de un encuentro, y no se puede encontrar aquello de lo que no se tiene ni la menor idea, porque simplemente pasaría de largo sin que lo advirtiéramos. Debe haber, pues, una cierta pre-comprensión de lo que se busca.
Pienso que con la imagen de la entrega del Hijo a la muerte revestiríamos al amor divino de un atuendo teológico denso, que ocultaría al amor ante los ojos de un no-creyente, sin posibilidad de entroncar con su pre-comprensión del acontecimiento que otorga sentido. En otras palabras, en la práctica le estaríamos poniendo una valla demasiado alta a todos aquellos que, por ejemplo, no creen en la divinidad de Jesús; valla que, dicho sea de paso, no es el amor mismo quien la pone, sino la teología.
Pero esto no es de ninguna manera una crítica a lo que dice Benedicto en Deus Caritas est, ya que su público es otro. Es sólo una reflexión orientada a que siempre tengamos en cuenta que hay públicos distintos. Es más, el Papa no desea aislar a los cristianos en los estrechos confines de la teología. Por ello, cuando señala que la fe cristiana pone el amor en su centro, dice que el cristianismo asume con ello el núcleo de la fe de Israel, que es también el amor.
(Dicho sea entre paréntesis, una fe escéptica es radicalmente solidaria con los no-creyentes y con los creyentes de otros credos.)
Comunicar el acontecimiento del amor
Cierro el comentario al punto 1 de la encíclica haciendo notar que Benedicto señala al inicio que no se es cristiano por decisión ética; pero eso, desde luego, no significa que la ética no desempeñe un papel central en la vida del cristiano. Como él mismo lo señala explícitamente al final de su punto introductorio, es un deber comunicar el acontecimiento del amor a los demás. ‘Los demás’ incluye, por supuesto, a quienes no pueden creer en el lenguaje y los usos tradicionales de los cristianos; pero sí pueden reconocer el amor como acontecimiento que otorga sentido a sus vidas cuando lo experimentan.







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