25 febrero 2006

Lc 14: 25-33

Kandinski
Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: “Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: ‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’. ¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.”

¿Qué tono usa Jesús en esta escena? Me parece que el contexto nos puede ayudar a adivinarlo. Hay un gran gentío siguiéndolo. Los discípulos están confundidos y uno de ellos le pregunta a Jesús si todas esas personas también deben ser consideradas sus discípulos. Imaginemos que Jesús y sus discípulos están todos observando al gentío, y entonces, tras oir esa pregunta, Jesús, “dándose vuelta”, es decir, dirigiéndose a los discípulos y no a la multitud, los tranquiliza diciéndoles lo que se lee a continuación (aquí me voy a permitir hacer una paráfrasis, que tal vez revele el posible tono con el que habla Jesús en esta escena).


JESUS: Cualquiera de esos que venga a mí y me ame como ustedes me aman, será también mi discípulo.

DISCIPULO: ¿Podrán dejar ellos todo lo que tienen por seguirte?

JESUS: ¿Quién de ustedes no piensa bien, primero, cuál es el costo, cuáles son las exigencias de un compromiso como, por ejemplo, construir una torre, y luego decide si está realmente en condiciones de construirla o no? Todos ustedes piensan así, ¿no es verdad? Pues, bien, ellos también. Cada uno tendrá que pensárselo muy bien.

DISCIPULO: No es que me crea superior a ellos, Maestro, pero, modestamente, creo que la gran mayoría de ellos no está en condiciones de seguirte como nosotros lo hacemos.

JESUS: Ahora viene el ejemplo del rey, que lo pongo para que mediten en lo siguiente. Ustedes no son diferentes sino iguales a ellos en esto: Cada uno de ustedes es un campo de batalla, y en cada uno de ustedes hay dos reinos. Uno de esos reyes interiores atacará al otro, y si lo vence, la persona no podrá ser mi discípulo, porque se amará más a sí mismo y a sus posesiones que a mí. Pero hoy que está toda esta multitud reunida en torno a nosotros, yo les digo que ellos están en paz, porque el rey del amor propio y a las posesiones se halla lejos, y el rey del amor a mí y al prójimo, aunque quizás débil, ha enviado una embajada al otro para negociar estas pocas horas de tranquilidad y desprendimiento. Aplíquense esto a ustedes mismos, porque nada está garantizado en esta lucha.

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