¿Si esta era "la estrategia", para qué tanto brinco?
Por Juan Paredes Castro El Comercio


En estos días posextradición tenemos que darnos el trabajo de entender por separado al ex presidente Alberto Fujimori, a su abogado defensor César Nakazaki, a su hija Keiko Sofía y a quien parece encarnar la voz del "fujimorismo de masas", Carlos Raffo.


Sin llegar a las profundidades de sus respectivos casilleros mentales, todos parecen pensar de manera diferente, según lo que en verdad desea cada cual.


En principio creemos que, efectivamente, Fujimori no puede estar gozando del mejor estado emocional que desearían sus familiares y amigos. Su condición ha variado drásticamente. Ya no es el confiado autoexiliado en Chile de otros días. Ahora es un inculpado sujeto a los avatares propios de una prisión, por más que esta haya sido acondicionada a la medida de sus prerrogativas de ex jefe del Estado.


Probablemente Fujimori entiende mejor su situación, su seguridad personal y lo que le espera más adelante. Quizá por eso mismo su voluntad y su ánimo no sean los que quisieran ver Keiko y Raffo, cuyas proyecciones fuera de la realidad apuntan más bien a un 2011 político y electoral, al que quisieran llegar bajo la aurora de libertad y no del ocaso penal del ex presidente.


Nakazaki, en cambio, sabe que Fujimori no ha venido al Perú a dar una vuelta al ruedo de la política sino a enfrentar siete acusaciones penales graves. Sabe también que la defensa legal a su cargo cuenta al ex gobernante como su principal inspirador y colaborador, por lo que este tiene que tener el espíritu sereno y los nervios templados. Algo más: al igual que los magistrados que verán las distintas causas, Nakazaki es consciente de que habrá fuertes presiones del fujimorismo y del antifujimorismo sobre su defensa y los tribunales.


Pero cosa distinta es lo que anuncian Keiko y Raffo, desde sus propias intereses: victimizar a Fujimori y politizar su proceso judicial. Si bien su apuesta común parece estar dirigida a aglutinar adhesiones políticas de respaldo con miras al 2011, el riesgo de esta apuesta es que la victimización y politización pretendidas acaben agravando la suerte judicial del ex mandatario y consiguientemente su estado de salud, que hoy ambos delfines del fujimorismo buscan defender tan vehementemente.


En efecto, Keiko y Raffo van a tener que pasar en breve y a mediano plazo la prueba de cuánta razón tienen respecto de lo que dicen o cuánta falsedad e hipocresía esconden sus palabras. Hay, sin duda, millares de fujimoristas respetables que lo que menos quieren es ser engañados y que en el fondo desearían saber si las propuestas de Keiko y Raffo son en verdad democráticas o autoritarias.