Y mi sorpresa llega con una simple pregunta cuya respuesta ya sabía, pregunta que había olvidado… o que quizás había querido olvidar. Y es que la mayor aspiración de un cristiano es “ser como Cristo”, como dije en mi post anterior. Admítanlo o no, el cristianismo acaba siendo individual en origen.
2 Timoteo 4:7 – “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.”
Pablo era consciente de que en el final estaba así, solo (obviamente Dios está excluido de este panorama de “soledad”). Y agonizaba (es decir, luchaba por vivir) entre una iglesia comunal y una salvación a la cual solo podía aspirar para él mismo. Y es que incluso nuestro mandato es predicar, no salvar (pues escapa de nuestras manos). Y la única salvación a la que aspiramos es la nuestra.
Y pasamos a la creencia de una globalidad y socialización de un cristianismo que tiene primero que ser vivido internamente, personalmente. Nace así el cristianismo social, el defensor del pobre, del hambriento, del desposeído. Disculpen pero ¿Jesús alguna vez condenó a los ricos? Es cierto que dijo que era difícil que un rico entre al Reino de los Cielos (Mateo 19:23), pero no condenó la riqueza.
Y ahora vienen movimientos cristianos que toman la moda de “defender al (pobrecito) pobre”. Es decir, intentan poner a Dios del lado de uno y en contra del otro ¿suena lógico? Nos hablaron de un reino que “no es de este mundo”… nos mandaron a predicar lo que se nos enseñó, se nos mandó a ser “luz del mundo”…
… no se nos mandó a cambiar la socio-economía del planeta.
Y es que es así que el Dios del mundo pasó a ser exclusivo para los pobres, los marginados, los desposeídos…
… ¿y los ricos que se pudran no?
Y es muy distinto un cristianismo (es decir, doctrina) que intente cambiar esto a una persona que potencia sus habilidades y usa sus dones con la guía del Señor para hacer la diferencia, para mejorar las cosas. Y de nuevo, el cristianismo termina siendo individual… inicia individual (cuando entregas tu vida) y termina individual (cuando te vas a Su presencia).
No existe un cristianismo social… porque ¿qué seguiría? ¿Uno económico? ¿Uno filosófico? ¿Acaso ya se cansaron de dividir denominaciones y ahora quieren dividir al término “cristianismo”?
Es cierto que todos somos parte de un cuerpo, el Cuerpo de Cristo… y esto es unidad y es comunidad. Pero para ser parte de este lo que se necesita es primeramente que la individualidad lo acepte. Los quiero, los amo, me importan… pero en el Señor, si puedo dar amor es porque primero lo tuve que recibir… individualmente… (Véase los frutos del Espíritu: Gálatas 5:22-23)
Desde hoy me olvido del cristianismo social.
Abel Tiravanti







Un saludo.