
Esa mañana, al pie de la mesa en la que estaba reunido Hitler con su Estado Mayor, Stauffenberg colocó un maletín que contenía una bomba de tiempo de fabricación británica. Él y su ayudante, el Teniente Coronel Werner von Haeften, habían tomado un vuelo desde Berlín al cuartel general de Rastenburg, en Prusia oriental. Minutos después de su arribo, armaron el artefacto explosivo en una pequeña habitación, con gran dificultad y apremio. A pesar de que sólo lograron activar una de las dos cargas previstas, estaba claro para ellos que la explosión mataría a Hitler.

Producido el estallido, Stauffenberg voló de regreso a Berlín y se puso de inmediato en contacto con los demás conjurados, los Generales Friedrich Olbricht, Frizt Lindemann, Henning von Tresckow y el Coronel Albrecht Ritter Mertz von Quirnheim, todos miembros del Estado Mayor del Ejército y activistas de Walkiria. Informados por Stauffenberg de la muerte de Hitler, estos hombres salieron al descubierto y pusieron en marcha un golpe de estado. Por desgracia, el golpe fracasó a las pocas horas, luego de confirmarse que Hitler, de manera increíble, había sobrevivido. Tras un juicio sumario, Stauffenberg y la mayor parte de los conjurados fueron fusilados la misma noche en el lugar de su captura. Tiempo después, cayeron los demás involucrados, entre los que destaca Rommel, que fue obligado a suicidarse.






