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En primer lugar están los cocaleros, quienes han colocado a su asesor a la cabeza de la entidad encargada de la erradicación. Con ello no solo lograrán que siga aumentando el área de los cultivos ilegales –98% de la cosecha nacional se dirige al narcotráfico–, sino que estarán en una posición expectante para lograr, eventualmente, legalizar su producción.

"¡Es nuestro derecho apoyar al narcotráfico!... trollolololol"
De esa forma, estamos en camino de convertirnos en un narco-Estado enfrentado con el Gobierno norteamericano, nuestro principal socio comercial. Lo peor del caso es que los cocaleros, electoralmente, aportan poco, así que el Gobierno arriesga aislarnos internacionalmente a cambio del aplauso de cuatro gatos.
Luego están los sindicatos y sus escasos 90 mil afiliados –dentro de una fuerza laboral de 15 millones de ciudadanos–, quienes están presionando para que se logre aprobar –a espaldas del empresariado– una Ley General del Trabajo que colocaría al Perú en el segundo lugar, a nivel mundial, de los países con peor legislación laboral.
Incluso, el ministro del sector parece que se ha asustado y ha formado una mesa solo con los sindicatos para ir, en coordinación con ellos, al Consejo Nacional del Trabajo e imponer su posición. Con ello, lo único que lograrán es aumentar la dependencia de la informalidad como única posibilidad de empleo para la inmensa mayoría de peruanos.

¿Impuestos? A quién le importa ¡Yo quiero plata nomás!
Finalmente está el Sutep exigiéndole a Humala el cumplimiento de su promesa, de enterrar la reforma de la educación, gracias a la cual los maestros son evaluados y remunerados en función de sus resultados. Un concepto de recompensar e incentivar el esfuerzo que le es totalmente ajeno a una pequeña cúpula ideologizada, enquistada en el poder sindical, y que ha destruido la educación pública durante 35 años.
Aumento del narcotráfico, menos trabajo adecuado y una peor educación. Esas son las exigencias de la mala compañía que Humala adquirió. Creo que haría bien en apartarse de ellos. Al final de cuentas fue la Hoja de Ruta, y no La Gran Transformación, la propuesta que ganó. En caso contrario, estaría prefiriendo a las malas juntas antes que cumplir con el electorado.
Perú21 Edición Impresa - Fritz de Bois
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