
7. Parece que Qohelet opta por el polo de la vivencia del momento, y en parte es verdad, pero no para llegar a la disolución sino para encontrar en los hechos “episódicos” las verdades escondidas por ese Dios que sí lo abarca todo, pero que esta en su misterio. La relación entre “comer y beber” como la tarea central contra el afán, y el considerarla “don de Dios”, es la vivencia del momento que permite encontrar significativamente en ese concreto momento a Dios. Esto supone entre todos esos kairos, uno privilegiado que es el comer y beber, porque reúne sencillamente al pueblo disperso. Pero este solamente es un motivo para narrar otra vez la experiencia de los momentos a lo largo de todo el libro, contando experiencias diversas que atraviesan la vida de Israel, y que examinadas con el principio de encontrar verdades escondida, conduce a diferenciar lo absurdo y estúpido de los humanos, y lo interesante. Es lo divino transparentado en las cosas verdaderamente sabias. El libro por ello es una joya de anécdotas que retratan bien el periodo Ptolomeo que introdujo una conmoción de compra-venta (incluso de la tierra santa) por parte de una especie de liberalismo económico que convivía con las costumbres de los ritos religiosos y de la Ley, sin hacer caso a la vivencia de la gente.
8. Véase el texto del c. 9. Allí Qohelet valora un “acierto” que ocurre bajo el sol, la opinión de un hombre viejo y sabio que pudo haber salvado a una ciudad invadida por un ejercito. Esa es la sabiduría que él propugna, en rechazo a lo que realmente ocurrió, que nadie le hizo caso a aquel viejo, y realiza un sentencia. “Más vale sabiduría que armas de combate, pero un solo yerro echa todo a perder”. Como se ve no excluye cosas significativas “bajo el sol” pero que son obras que vienen del cielo, que bajo el sol se devalúan.
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