18 febrero 2006

Lc 9: 28-36

Kandinski
Unos ocho días después de decir esto, Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante. Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén. Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.” El no sabía lo que decía. Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: “Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo.” Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo. Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.

“Jesús subió a la montaña para orar.” En este pasaje se describe una forma clásica de oración, compuesta de meditaciones intensas que concluyen en intuiciones deslumbrantes.

Una meditación es un conjunto más o menos ordenado, más o menos hilvanado de razonamientos. Pero ¿qué es una intuición? La intuición es como un vistazo. Es el impacto final que deja en la mente el develamiento de aquello a lo que conducían los razonamientos de la fase meditativa. Cuando por fin uno ‘ve de qué se trata’ es porque lo ha intuido. El recurso metafórico al sentido de la vista para explicar la intuición permite distinguirla del razonamiento, porque la intuición no suele presentarse en un soporte conceptual, articulado, como la meditación, sino en imágenes.


Moisés y Elías son, pues, imágenes de algo. Pero ¿de qué?

A través de la oración, la tradición da con sus principios fundamentales. La unidad de ese ejercicio espiritual consiste en que la propia meditación es la que descubre de qué son imágenes sus intuiciones. La meditación de Jesús en la montaña fue una exposición de las razones que conducen a la visión de Moisés y las que hacen ver a Elías.

En la tradición espiritual de Jesús, Moisés es la imagen del principio ético, mientras que Elías es la imagen del principio místico.

“Pedro no sabía lo que decía.” Una vez más, Pedro se equivoca.

¿Qué es acampar? Es quedarse en un lugar para pasar la noche. ¿Qué es una carpa? Un cobijo, un refugio contra la intemperie. Pedro no sabe lo que dice porque no es posible retener y dar cobijo a la ética y a la mística durante la noche. Aun si llegara a construirse un palacio, uno permanecería solo dentro él. Parafraseando a Juan de la Cruz, vivimos de noche y seguirá siendo noche mientras estemos en esta vida. Moisés y Elías se presentan deslumbrantes en virtud del contraste con la oscuridad de la fe, y por eso mismo no se quedan. Si se quedaran, amanecería.

Que sea de noche y no amanezca aún significa que aún seguimos vivos en este mundo. Y vivir en este mundo es estar a la intemperie, sin carpas ni palacios, confrontados con la propia vulnerabilidad, representada en este pasaje por una nube negra amenazante. Mientras es de noche no se puede poseer ni el principio ético ni el principio místico de forma definitiva. Hay que buscarlo siempre, y aún hallado, uno sabe que lo pierde. Sólo se tiene el reflejo pálido de Moisés y de Elías si se decide no dormir.

A causa de nuestra finitud, no es posible tener cobijo en esta vida. Dicho de otro modo, nunca vemos a Dios; una y otra vez, tenemos que creer que existe; y aún creyendo que existe y que habla, todavía hace falta escucharlo.

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Comentarios

pepe escribió:

aguante ..el kapo de jesus

30 octubre 2008 a la(s) 12:39

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