Gorrión molinero
Una preocupación que me acompaña todo el tiempo es la de la imagen de la psicología en los medios de comunicación. Me inquietan básicamente dos cosas:

1) La poca representatividad de las diferentes perspectivas de la psicología en los medios (casi con exclusividad salen psicoanalistas, muy rara vez alguien de alguna otra corriente).

2) La mala calidad de los pocos psicólogos que se han hecho un espacio más o menos constante en algún medio de comunicación.

En este post solo me voy a referir al segundo problema (dejando de la lado por esta vez a la prensa escrita).

La verdad es que entiendo perfectamente que existan programas psicológicos (o de ayuda psicológica, para ser más precisos) en la TV o la radio: hay una enorme demanda de ayuda y pocas oportunidades de obtenerla para la mayoría de las personas, por lo que estos programas se convierten en una opción que no hay -por lo menos a priori- que desdeñar. Claro, podría tratarse de programas de corte psicológico o informativos sobre psicología que no tengan el formato de ser de ayuda directa (como los hay en otras partes del mundo, los que bien hechos son extremadamente educativos), pero en todo caso los programas orientados a dar consejos a la gente podrían tener su utilidad. Sin embargo, sí considero que tal como están las cosas la mayoría de estos programas no son sino un vil remedo del quehacer del psicólogo, remedo que no solo es tremendamente nocivo para la psicología como especialidad (la que muchas veces queda en ridículo o como una "ciencia del sentido común" gracias a la intervención de una serie de psicólogos o seudo-psicólogos con tribuna) sino sobre todo, para las personas que los escuchan y confían en ellos.


Un caso extremo y muy conocido es el Carmen Gonzalez, autodenominada "Doctora Cachetada", a la que ya me he referido en otras oportunidades. A esta persona, a la que considero una nefasta exponente del pésimo ejercicio profesional, le he oído cosas tales como que "cuando un padre le pega a su esposa los hijos sufren y se vuelven homosexuales", o que un niño no quiere ir al colegio seguramente porque "desea inconscientemente dormir con su madre" (esto dicho al propio niño, que estaba viéndola por TV)... en fin! Interpretaciones fuera de contexto, casi siempre sexuales o referidas a la "autoestima baja" como causa de los problemas (la he oído decir cosas como " a ti te pegan porque te gusta, porque no te quieres, por eso estás allí"...). No vale la pena repetir esto, ya hace algún tiempo expresé mi opinión sobre su programa (que creo ya no existe, no lo sé con certeza) en una carta al Somos, y me mantengo en lo dicho en aquella ocasión.

Pero la doctora cachetada no es la única. Además del conocido y bastante cuestionado Fernando Maestre (quien entre muchas otras cosas es, desde mi punto de vista, terriblemente misógino) en las últimas semanas les he prestado atención a un par de programas de Radio San Borja, que aunque distintos en formato también adolecen de muchos vicios y de poca calidad. El primero es Toma el control, programa que conduce el psicólogo colombiano Honoraldo Vahos (y una tal "señorita Francis"), y el segundo se llama Atrévete a vivir, programa de Maria Verónica Tello (quien se presenta como "psicóloga profesional", como si se pudiera ser lo primero sin lo segundo...).

El programa del señor Vahos tiene un formato ágil, él tiene -a mi juicio- cierto carisma radial y muchas veces sus sugerencias, aunque de sentido común, son acertadas. Sin embargo, entre el trigo siempre aparece la paja: maravilloso que recomiende la lectura, pero terrible que diga, con la autoridad que ser psicólogo le confiere, que no hay que leer "cosas satánicas"; bien si afirma que una pareja debe tratarse con cariño, pero pésimo si dice que para ser feliz hay que casarse... ... y así por el estilo. Sin embargo, me gusta aun menos el otro programa, el de la señora Tello, porque ese sí es el reino del sentido común y la desinformación. Solo un ejemplo: a una madre que llama preocupada porque cree que su hijo adolescente, que está siendo muy agresivo con ella y que ya no estudia como antes, está consumiendo drogas, no tiene mejor idea que recomendarle como solución al problema que "se haga amiga de su hijo" , y sugerirle que vaya a uno de sus talleres familiares para que aprenda a ser feliz.

Definitivamente, si las cosas funcionaran de otro modo en el Perú, pues no existirían programas psicológicos tan pero tan malos; habría algún tipo de supervisión y control de calidad. O al menos opinión crítica e informada por parte de la sociedad civil (el asunto con el colegio de psicólogos es complicado, me ocuparé de ese tema en otra ocasión). Pero lamentablemente aquí no hay ni lo uno ni lo otro, y la población queda simplemente desprotegida. Ya que no hay solución a la vista, por lo menos vayamos formando opinión. Que la gente sepa que en esos programas se dicen tonterías, que no están avalados por lo que la psicología contemporanea conoce, que en resumidas cuentas son malos, y no hay que hacerle demasiado caso a las ideas que allí se difunden.

Una última cosa: habría que ser cuidadosos con los títulos que se les confiere a estas personas. Que se les ponga el "doctor" o "doctora" a estos psicólogos es sintomático del doctoreo al que estamos tan acostumbrados los peruanos. ¿Qué tiene de doctora una licenciada en psicología? Sería doctora si hubiera hecho un doctorado, pero la verdad en estos caso me atrevo a dudarlo. El doctor o doctora antes de su nombre simplemente queda sobrando. En el caso de la "doctora cachetada" hay aun mayor usurpación, pues como me indican mis amigos psicoanalistas, esta señora se llama a sí misma psicoanalista cuando no tiene la formación que esta especialidad demanda.

Imagen tomada de aquí