Mt 15: 21-28
Los versículos claves de este pasaje podrían parafrasearse de este modo:
VERSÍCULO: “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.”
PARÁFRASIS: Yo he sido enviado solamente a los miembros del pueblo elegido de Dios, es decir, a los que ya están predispuestos a oír la Palabra y a ser sanados por ella, aunque aún no la acepten porque no la comprenden (es decir, a las mujeres y los hombres de buena voluntad).
VERSÍCULO: “No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros.”
PARÁFRASIS: El mensaje de salud espiritual (pan), que ha de ser explicado a los hombres de buena voluntad (hijos), no deber ser explicado a quienes no tienen ninguna voluntad de escucharlo (cachorros), porque esto simplemente es un desperdicio.
VERSÍCULO: “¡Y, sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!”
PARÁFRASIS: Pero hay momentos, Señor, en que quienes nunca están dispuestos a escuchar el mensaje que los salva, sin embargo, lo escuchan.
VERSÍCULO: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!”
PARÁFRASIS: Mujer, tu creencia en el mensaje es tal que te lleva a cambiar tu modo habitual de pensar y de ser en un solo acto libre de tu corazón (metánoia). Esto hará que sane tu espíritu y el de tu hija.
Quisiera llamar la atención sobre la supuesta discriminación que podría verse en este pasaje. En realidad, no es Jesús quien discrimina, sino las personas mismas quienes se discriminan al hacerse impermeables al mensaje del amor, de modo que, aun cuando les sea predicado, el efecto sobre sus espíritus es equivalente al producido por una clase de matemática en el cerebro de un gato. ¿Tiene sentido dar esa clase? Por supuesto que no, a no ser que se quiera confundir al gato. Jesús recomienda no hacer cosas así, tan poco razonables, porque “no está bien tomar el pan de los hijos” para desperdiciarlo en los perros. Pero, claro, es sólo una recomendación.
Ahora bien, la mujer nos recuerda a todos, incluido Jesús, que en la vida espiritual no se trata de perros ni gatos, o de personas mal dispuestas o bien dispuestas, sino de personas sin más. Lo que significa que, sin importar lo cerrado que se hallen algunos corazones, siempre es posible que se produzca en ellos un milagro.








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