Resumen de una nota de prensa
Benedicto XVI: La crisis de la verdad, origen de la crisis de occidente
MARIAZELL, domingo, 9 septiembre 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI confesó su convicción de que la crisis actual de occidente se debe a la resignación de no conocer la verdad [...] En la homilía [...] el Papa había proclamado [...] [que] solo Jesús «es el puente que pone en contacto inmediato a Dios con el hombre». «Ahora bien --aclaró--, si nosotros le consideramos como el único Mediador de la salvación válido para todos, que afecta a todos y del cual, en definitiva, todos tienen necesidad, esto no significa de ninguna manera que despreciemos a las otras religiones ni que seamos soberbios de pensamiento».
Proclamar la fe cristiana significa «únicamente que hemos sido conquistados por quien interiormente nos ha tocado y nos ha colmado de dones para que a la vez podamos entregarlos a los demás». «De hecho --constató--, nuestra fe se opone decididamente a la resignación que considera al hombre incapaz de la verdad, como si ésta fuera demasiado grande para él». El obispo de Roma expresó su «convicción», según la cual, «esta resignación ante la verdad es el origen de la crisis de occidente, de Europa». «Si para el hombre no existe una verdad, en el fondo, no puede ni siquiera distinguir entre el bien y el mal».
«Entonces --señaló-- los grandes y maravillosos conocimientos de la ciencia se hacen ambiguos: pueden abrir perspectivas importantes para el bien, para la salvación del hombre, pero también --y lo vemos-- pueden convertirse en una terrible amenaza, en la destrucción del hombre y del mundo». «Tenemos necesidad de la verdad –reconoció--. Pero claro, a causa de nuestra historia, tenemos miedo de que la fe en la verdad comporte intolerancia». «Si este miedo, que tiene sus buenas razones históricas, nos asalta, es tiempo de contemplar a Jesús, dijo, hecho niño».
Y al contemplarle, dijo, se puede descubrir que «la verdad no se afirma mediante un poder externo sino que es humilde y sólo es aceptada por el hombre a través de su fuerza interior: por el hecho de ser verdadera». «Necesitamos esta fuerza interior de la verdad. Como cristianos, nos fiamos de esta fuerza de la verdad. Somos testigos de ella».
[...]
Para recuperar la confianza en la verdad, el Papa propuso redescubrir a Dios. «La tierra carecerá de futuro si se apagan las fuerzas del corazón humano y de la razón iluminada por el corazón, cuando el rostro de Dios deje de lucir sobre la tierra», señaló. «Allí donde está Dios, allí hay futuro», concluyó.
Proclamar la fe cristiana significa «únicamente que hemos sido conquistados por quien interiormente nos ha tocado y nos ha colmado de dones para que a la vez podamos entregarlos a los demás». «De hecho --constató--, nuestra fe se opone decididamente a la resignación que considera al hombre incapaz de la verdad, como si ésta fuera demasiado grande para él». El obispo de Roma expresó su «convicción», según la cual, «esta resignación ante la verdad es el origen de la crisis de occidente, de Europa». «Si para el hombre no existe una verdad, en el fondo, no puede ni siquiera distinguir entre el bien y el mal».
«Entonces --señaló-- los grandes y maravillosos conocimientos de la ciencia se hacen ambiguos: pueden abrir perspectivas importantes para el bien, para la salvación del hombre, pero también --y lo vemos-- pueden convertirse en una terrible amenaza, en la destrucción del hombre y del mundo». «Tenemos necesidad de la verdad –reconoció--. Pero claro, a causa de nuestra historia, tenemos miedo de que la fe en la verdad comporte intolerancia». «Si este miedo, que tiene sus buenas razones históricas, nos asalta, es tiempo de contemplar a Jesús, dijo, hecho niño».
Y al contemplarle, dijo, se puede descubrir que «la verdad no se afirma mediante un poder externo sino que es humilde y sólo es aceptada por el hombre a través de su fuerza interior: por el hecho de ser verdadera». «Necesitamos esta fuerza interior de la verdad. Como cristianos, nos fiamos de esta fuerza de la verdad. Somos testigos de ella».
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Para recuperar la confianza en la verdad, el Papa propuso redescubrir a Dios. «La tierra carecerá de futuro si se apagan las fuerzas del corazón humano y de la razón iluminada por el corazón, cuando el rostro de Dios deje de lucir sobre la tierra», señaló. «Allí donde está Dios, allí hay futuro», concluyó.






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