Mt 9: 32-33
Seguimos explorando qué significan los milagros para una fe como la de Qohélet.
Tomemos ahora, como punto de partida para la interpretación de este pasaje, una famosa frase de Heidegger: “El lenguaje es la casa del Ser.” Lo que en la filosofía de Heidegger se llama el Ser bien podría hacerse equivalente a Dios en el cristianismo. Hecha esta ecuación, de ella se sigue que el lenguaje es la casa de Dios. Esto significa que Dios habita en el lenguaje, que el lenguaje es su morada. Es más, en el cristianismo el Ser está tan identificado con su casa que Él mismo es Logos, Verbum, Palabra.
Recordemos que, bajo esta ecuación, Dios es el Ser, pero no es un ente. Dios crea los entes con su Palabra, que es Él mismo. Dios mismo es su Decir y por eso Él se revela (se de-vela) en su Hablar.
Ahora tomemos como ejemplo del Habla divina este versículo: “Le presentaron a un mudo que estaba endemoniado. El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar.”
Esto es lo que creemos, a pesar de todo nuestro escepticismo: Que en este versículo se revela Dios. Pues bien: ¿Qué significa que Dios se revele en “Le presentaron a un mudo que estaba endemoniado. El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar”? En primer lugar, significa que hay que pensar (y no imaginar una escena de Hollywood, que en este caso sería, además, inevitablemente cómica). De lo que se trata es de pensar, y recordemos, dicho sea de paso, que según Wittgenstein pensar es una forma de orar.
Un mudo cualquiera es un individuo que no habla, es decir, uno en quien Dios, que es Habla, no habita a sus anchas. Pero todos conocían a este mudo. ‘Allí viene otra vez el mudo.’ ‘¿Cuál de ellos?’ ‘El endemoniado.’ Este mudo estaba poseído, además, por un espíritu hostil, que le bloqueaba toda posibilidad de acercarse al Espíritu divino, que es el Amor (ese bloqueo es el oficio de los demonios).
‘¡Milagro! ¡El mudo comenzó a hablar!’ ‘¿Cuál de ellos?’ ‘¡El endemoniado!’
El milagro no es que el ex-mudo comenzara a hacer lo que hacemos todos: hablar, sino que comenzara a ser él mismo una teofanía, es decir, una ventana a través de la cual él y los demás accedemos a la presencia ausente del Ser. En efecto, expulsado el demonio por Jesús, el ex-mudo se hizo portador del Espíritu de Dios, y eso es lo que sorprendió a todos. No que comenzara a decir cosas triviales como ‘¡Puedo hablar!’ o ‘¡Esto es la voz!’, sino que más bien dijera ciertas cosas que evidenciaban que el Espíritu del Amor hablaba a través de él. Eso es lo que nadie se esperaba, porque como endemoniado ya se había hecho de una cierta fama en el pueblo.
El Espíritu del Amor, que es Habla creadora, volvió a tomar posesión de su hogar, que es el espíritu humano, y lo recreó como lenguaje espiritual. En cierta forma, el ex-mudo co-creó con la Palabra, que de ese modo lo convirtió en un milagro vivo.
¿Cuál fue la creación espiritual más tangible del ex-mudo des-endemoniado? Por lo pronto ésta: Una multitud que decía “Jamás se vio nada igual en Israel.”







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