08/09/07: Rosa María Palacios se fue de vacaciones y no encontró novedad a su regreso (su comentario)
Aquí no pasa nada
En Perú 21. Rosa María Palacios
He estado casi tres semanas fuera del país. Dejé el Perú cuatro días después del terremoto. Hoy, después de la obligatoria revisión de una pila de periódicos ordenados cronológicamente y sin haber tenido noticias del Perú en todo este tiempo, me queda la misma sensación que tengo cada vez que estoy fuera y regreso al país. Aquí pasa mucho para que al final no pase nada.
Diez días después del terremoto, compruebo que este ya pasó, como lamentablemente suele suceder, a un segundo plano. Tanta buena voluntad como desorganización demostró, como siempre, lo que somos. Gente mayoritariamente buena y generosa que se conmueve con un gran susto pero que tolera la falta de previsión y la informalidad conviviendo con ellas hasta la próxima desgracia. Un Estado que no llega y unos gobernantes que no admiten críticas, exhibiendo (aquí tampoco hay novedad) la intolerancia del que cree que todo el que no alaba al régimen es un traidor. Las infaltables falta de buen gusto (¿Pisco 7.9?) y otros exhibicionismos completan el cuadro informativo. Al final, diez días de desastre es mucho y a otro tema.
¿Se aprendió algo? Las ciudades devastadas por cataclismos rara vez se reconstruyen. En las últimas semanas me he pasado días enteros caminando entre los escombros de la historia de la humanidad como para que me quede claro eso. Sin embargo, la resignación ante lo inevitable no es la única forma de enfrentar lo que nos toca. Si bien las pérdidas materiales son siempre considerables, es posible reducir el número de víctimas si se toman medidas. Basta con examinar la experiencia japonesa para saber que sí es posible obtener resultados invirtiendo en prevención. Se ha escrito mucho en estos días de lo que faltó. Desde sismógrafos (solo hay 22) hasta un plan de emergencia de telefonía, pasando por una revisión de las estructuras de las iglesias, entre muchas otras carencias. Pasada la noticia, ¿haremos algo para que el próximo terremoto no vuelva a causar más de 500 muertes?
De otro lado, las noticias políticas, tan predecibles, no dejan de ser deprimentes. ¿Cómo puede seguir en su puesto el ministro del Interior después del papelón de los patrulleros chinos? ¿Cómo pueden los parlamentarios apristas exhibir tan poca vergüenza al tratar de salvar a su, hoy felizmente sancionada, compañera Benites? ¿Cómo puede el Congreso elegir un Tribunal Constitucional tan mediocre utilizando las artimañas ya conocidas? Como decía al comienzo: tres semanas sin noticias para recibir las mismas noticias.
Comentario.
Doctora: Tampoco hay novedad en el tema de sustracción de menores, violencia familiar contra niños. No se olvide de mi caso (que es el caso de miles)
En Perú 21. Rosa María Palacios
He estado casi tres semanas fuera del país. Dejé el Perú cuatro días después del terremoto. Hoy, después de la obligatoria revisión de una pila de periódicos ordenados cronológicamente y sin haber tenido noticias del Perú en todo este tiempo, me queda la misma sensación que tengo cada vez que estoy fuera y regreso al país. Aquí pasa mucho para que al final no pase nada.
Diez días después del terremoto, compruebo que este ya pasó, como lamentablemente suele suceder, a un segundo plano. Tanta buena voluntad como desorganización demostró, como siempre, lo que somos. Gente mayoritariamente buena y generosa que se conmueve con un gran susto pero que tolera la falta de previsión y la informalidad conviviendo con ellas hasta la próxima desgracia. Un Estado que no llega y unos gobernantes que no admiten críticas, exhibiendo (aquí tampoco hay novedad) la intolerancia del que cree que todo el que no alaba al régimen es un traidor. Las infaltables falta de buen gusto (¿Pisco 7.9?) y otros exhibicionismos completan el cuadro informativo. Al final, diez días de desastre es mucho y a otro tema.
¿Se aprendió algo? Las ciudades devastadas por cataclismos rara vez se reconstruyen. En las últimas semanas me he pasado días enteros caminando entre los escombros de la historia de la humanidad como para que me quede claro eso. Sin embargo, la resignación ante lo inevitable no es la única forma de enfrentar lo que nos toca. Si bien las pérdidas materiales son siempre considerables, es posible reducir el número de víctimas si se toman medidas. Basta con examinar la experiencia japonesa para saber que sí es posible obtener resultados invirtiendo en prevención. Se ha escrito mucho en estos días de lo que faltó. Desde sismógrafos (solo hay 22) hasta un plan de emergencia de telefonía, pasando por una revisión de las estructuras de las iglesias, entre muchas otras carencias. Pasada la noticia, ¿haremos algo para que el próximo terremoto no vuelva a causar más de 500 muertes?
De otro lado, las noticias políticas, tan predecibles, no dejan de ser deprimentes. ¿Cómo puede seguir en su puesto el ministro del Interior después del papelón de los patrulleros chinos? ¿Cómo pueden los parlamentarios apristas exhibir tan poca vergüenza al tratar de salvar a su, hoy felizmente sancionada, compañera Benites? ¿Cómo puede el Congreso elegir un Tribunal Constitucional tan mediocre utilizando las artimañas ya conocidas? Como decía al comienzo: tres semanas sin noticias para recibir las mismas noticias.
Comentario.
Doctora: Tampoco hay novedad en el tema de sustracción de menores, violencia familiar contra niños. No se olvide de mi caso (que es el caso de miles)
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javier escribió: