08/09/07: El juego de la individualidad en el APRA
Comentario del Editor: El juego de billar a tres bandas del Partido Aprista; Del Castillo, Cabanillas y Mulder tienen que aprender a trabajar en una sola dirección
Por Juan Paredes Castro. El Comercio
El Apra no ha nacido hoy, aunque a veces, por su comportamiento infantil, lo parece. La otra noche demostró en el Congreso cómo puede al mismo tiempo perder y ganar políticamente.
Un empate técnico que no lo deja bien parado.
En la suerte de la legisladora Tula Benites debía concurrir, como en el billar, un juego de tres bandas, que finalmente vimos desarrollarse entre el primer ministro Jorge del Castillo, la ex presidenta del Congreso Mercedes Cabanillas y el jefe real de la bancada aprista, Mauricio Mulder.
El patrón de conducta de la dirigencia aprista, en este caso, debía consistir, en términos concretos, en la defensa de Benites a cargo de Mulder, que a su vez representaba los deseos de Alan García, en eterna gratitud a los méritos ganados por ella en la campaña electoral presidencial. Cabanillas debía empujar a la parlamentaria a los leones, dejándola sin piso político, pero en una jugada maestra que la llevara a abstenerse en el voto y a dar un mensaje de disciplina al interior del partido. Y Del Castillo tenía que hacer el papel de siempre: marcar suficiente distancia de García, del partido y, por supuesto, de Benites.
De esta manera, la legisladora sancionada por introducir a un empleado fantasma en el Congreso tendría en Mulder y García a sus paños de lágrimas, en Cabanillas a su celadora severa "en defensa de la ética aprista" y en Del Castillo al compañero que debe cuidar que la imagen del Gobierno no se contamine con ciertas conductas apristas reñidas con la ley y las buenas prácticas funcionales.
El tapete verde de la mesa política del Apra nos enseña algo más: esta táctica de sobrevivencia partidaria no puede servir todo el tiempo. El Apra necesita jugar en una sola y correcta dirección. ¿Quiere jugar un papel fiscalizador de verdad? ¡Que lo juegue! ¿Quiere impulsar las reformas parciales de la actual Constitución o seguir jugando a la restauración de la de 1979? ¡No queremos a Mulder, Cabanillas y Del Castillo recitando tesis contrapuestas! ¿Quiere trabajar del lado de la democracia o de los modelos autoritarios del fujimorismo y del humalismo? ¡Si se trata de lo primero que deje de hacerles más concesiones que las que ya les hizo!
Recuérdese que Benites ha sido por largo tiempo el termómetro de las vacilaciones del Apra respecto a su papel fiscalizador dentro del Congreso. Pero también ha sido el termómetro de la acumulación de expectativas de poder político y de presiones por puestos en el gobierno que ni García ni Del Castillo ni Cabanillas ni Mulder parecen haber resuelto al interior del partido.
Los líderes del Apra necesitan hablar claro con su gente, que tampoco ha nacido hoy y que sabe cuándo le dicen la verdad y cuándo le mienten.
Por Juan Paredes Castro. El Comercio
El Apra no ha nacido hoy, aunque a veces, por su comportamiento infantil, lo parece. La otra noche demostró en el Congreso cómo puede al mismo tiempo perder y ganar políticamente.
Un empate técnico que no lo deja bien parado.
En la suerte de la legisladora Tula Benites debía concurrir, como en el billar, un juego de tres bandas, que finalmente vimos desarrollarse entre el primer ministro Jorge del Castillo, la ex presidenta del Congreso Mercedes Cabanillas y el jefe real de la bancada aprista, Mauricio Mulder.
El patrón de conducta de la dirigencia aprista, en este caso, debía consistir, en términos concretos, en la defensa de Benites a cargo de Mulder, que a su vez representaba los deseos de Alan García, en eterna gratitud a los méritos ganados por ella en la campaña electoral presidencial. Cabanillas debía empujar a la parlamentaria a los leones, dejándola sin piso político, pero en una jugada maestra que la llevara a abstenerse en el voto y a dar un mensaje de disciplina al interior del partido. Y Del Castillo tenía que hacer el papel de siempre: marcar suficiente distancia de García, del partido y, por supuesto, de Benites.
De esta manera, la legisladora sancionada por introducir a un empleado fantasma en el Congreso tendría en Mulder y García a sus paños de lágrimas, en Cabanillas a su celadora severa "en defensa de la ética aprista" y en Del Castillo al compañero que debe cuidar que la imagen del Gobierno no se contamine con ciertas conductas apristas reñidas con la ley y las buenas prácticas funcionales.
El tapete verde de la mesa política del Apra nos enseña algo más: esta táctica de sobrevivencia partidaria no puede servir todo el tiempo. El Apra necesita jugar en una sola y correcta dirección. ¿Quiere jugar un papel fiscalizador de verdad? ¡Que lo juegue! ¿Quiere impulsar las reformas parciales de la actual Constitución o seguir jugando a la restauración de la de 1979? ¡No queremos a Mulder, Cabanillas y Del Castillo recitando tesis contrapuestas! ¿Quiere trabajar del lado de la democracia o de los modelos autoritarios del fujimorismo y del humalismo? ¡Si se trata de lo primero que deje de hacerles más concesiones que las que ya les hizo!
Recuérdese que Benites ha sido por largo tiempo el termómetro de las vacilaciones del Apra respecto a su papel fiscalizador dentro del Congreso. Pero también ha sido el termómetro de la acumulación de expectativas de poder político y de presiones por puestos en el gobierno que ni García ni Del Castillo ni Cabanillas ni Mulder parecen haber resuelto al interior del partido.
Los líderes del Apra necesitan hablar claro con su gente, que tampoco ha nacido hoy y que sabe cuándo le dicen la verdad y cuándo le mienten.
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