Mt 9: 18-26
Ser escéptico no significa sostener que no es posible conocer la verdad. Esa es la representación común del escepticismo, que deberíamos llamar vulgar, y está basada en un malentendido frecuente. Ser escéptico es algo muy diferente. Significa preguntar de manera constante si hay razones para creer lo que uno cree. Esto implica que el escéptico, aunque se tome su tiempo para creer, finalmente cree.
Tener una creencia escéptica no es, pues, algo contradictorio. ¿Hay alguna razón para que un escéptico crea en milagros? Si la encuentra, ¿por qué no? El escepticismo no puede cerrar dogmáticamente ninguna posibilidad sin caer en una contradicción performativa.
Basta ya de filosofía. ¿Cuántos milagros hay en este pasaje de Mateo?
Me parece que se podría decir que aquí hay por lo menos tres milagros. Primer milagro: Un alto jefe se postra ante Jesús y cree en su poder. Segundo milagro: Una mujer se cura con sólo tocar el manto de Jesús. Tercer milagro: Los que se burlan de Jesús, pocos minutos después, terminan creyendo en él.
¿Hay un cuarto milagro? Bueno, ese es el más dudoso, pero también el que más concita nuestra atención. La supuesta resurrección de la niña.
PRIMERA DUDA.- Dudo que sea un milagro porque la niña no estaba muerta. Jesús mismo lo dice: “La niña no está muerta, sino que duerme.” Pero, como la gente estaba convencida de su muerte, todos creyeron que habían visto un milagro.
SEGUNDA DUDA.- Dudo que no sea un milagro porque lo que Jesús quiso decir es algo así como: ‘Ahora, en este instante en que yo ya entré a la habitación, la niña no está muerta sino duerme, pero antes de que yo entrara, sí que estaba muerta.’
Antes de decidir por una u otra alternativa, conviene notar lo siguiente: Mateo pone en boca de la mujer: “con sólo tocar... quedaré curada”, y le hace decir al alto jefe que su hija vivirá si Jesús ‘la toca con su mano’. En otras palabras, todo el pasaje está orientado a que aceptemos que el poder de Jesús se da a través del tacto. Este es el mensaje: Que el con-tacto con Jesús transforma.
Ahora bien, el problema con la segunda duda se puede plantear así: Si nos fijamos con cuidado, cuando Jesús dice “la niña no está muerta”, aún no la ha tocado. En consecuencia, se puede pensar que la niña, en efecto, estaba viva, pero sufría algún tipo de catalepsia o estado catatónico de origen histérico o esquizofrénico (un cuadro poco común, pero que se da, y que con frecuencia solía conducir al entierro de personas vivas).
Por su parte, el problema con la primera duda se puede plantear así: Aún cuando la secuencia temporal no parezca perfecta, Mateo de todas maneras dice que Jesús tocó a la niña. “Cuando hicieron salir a la gente, él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó.” En consecuencia, sí estaba muerta y el contacto con la mano de Jesús le devolvió la vida.
¿Cómo tomar, pues, la afirmación de Jesús de que la niña no estaba muerta?
Francamente, me cuesta creer que Jesús estuviera haciendo una antífrasis, es decir, asignándole irónicamente a un sujeto la cualidad contraria de la que realmente tiene (no es ese, a mi parecer, su sentido del humor). Al menos para mí, la duda permanece. Pero me inclino a creer que Jesús hablaba en serio, y que no hizo propiamente un milagro; sólo despertó a la niña de su trance.
En todo caso, sea lo que sea lo que uno quiera finalmente creer, lo que importa es saber que el contacto con el amor transforma, tanto que incluso los muertos pueden volver a la vida.







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