Cuando Carlos Ramos Núñez se postuló al Tribunal Constitucional corría con el riesgo de no contar con el "apoyo" político, finalmente su perfil profesional y caraterísticas personales jugaban en contra de los intereses de los partidos.

A diferencia de los hoy elegidos miembros del Tribunal Constitucional, Ramos contaba con los grados académicos máximos, así como una mayor producción bibliográfica.

Ante tanto manoseo, con dignidad se retiró de una competencia destinada a un camino de intereses y de vaivenes políticos, ajeno a toda disposición jurisdiccional que requiere el Tribunal Constitucional.

Hace años un profesor de la Católica fue también injustamente rechazado para ser magistrado del Tribunal Constitucional y la facultad lo honró nombrándolo su Decano, ojalá el destino de Carlos Ramos vaya por ese sendero.