07/09/07: Un chin de amor/ Adriana Arce Lovatón*
En esta obra, segunda parte o continuación de Prepucio carmesí, Juvenal Agϋero (el protagonista) se ve marcado por la pérdida de sus hermanos mayores, en especial del “Chovi” (Germán) que es considerado por Juvenal maestro y guía; esta pérdida desencadena la “maduración” del poeta quien encuentra, una vez más, un gran refugio en la literatura.
El erotismo sigue presente. Esta vez, la mujer no sólo representa el deseo, sino que ahora se convierte en algo fundamental para su vida; Juvenal necesita de la mujer para proseguir con su literatura, ambos conforman los pilares de su existencia. El amor se sigue abordando como algo utópico: demasiado hermoso y, a la vez, demasiado complicado. Aunque el protagonista considere que jamás ha sabido ser feliz con las mujeres de las que en verdad se enamora, éste no descansa en su búsqueda insesante del amor como lo revela de manera clara el epígrafe --de Chicho Severino-- al inicio de la obra.
Así mismo, el humor está presente de una manera bastante directa. Por ejemplo, a través de los escritos de su sobrino, Juvenal utiliza el humor como medio para burlarse de hechos cotidianos de la sociedad, lo que también le sirve de autocrítica.
Considerándose a sí mismo un ser marginal, Juvenal no se acopla a su generación y se desarrolla como un ser solo, usando el internet como un lugar donde puede aflorar su literatura y encontrar el éxito y reconocimiento deseado, aunque este último no como requisito indispensable.
Esta “automarginación” sea quizá lo que impulsa a Juvenal una vez más al exilio. Pero ya no en forma de viajes constantes, sino como aislamiento para encontrar el amor de una mujer y desarrollar su literatura, con la que busca conocerse más y autocomplacerse disfrutando de lo que hace, abandonando los deseos de querer satisfacer las expectativas del público receptor.
*Adriana Arce Lovatón. Estudiante del primer año de EE. GG. Letras en la PUCP.
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