Mt 8: 18-22
El primer diálogo de este pasaje me parece que se podría parafrasear así:
ESCRIBA: —Maestro, veo que tú y tus amigos ya se están retirando, porque están cruzando a la otra orilla. No obstante, quiero que sepas que tus enseñanzas me atraen tanto que estoy dispuesto a seguirte incluso, si fuera necesario, hasta tu propia casa.
JESÚS: —Escriba, hasta los animales tienen una casa donde descansar, pero yo no. El Hijo de Hombre (ben ‘adam), con el que soñó Daniel, está siempre a la intemperie.
Con lo que Jesús le estaría diciendo al escriba, entre otras cosas, que no se preocupe, que siempre podrá encontrarlo, porque, propiamente hablando, él no va a ningún lugar privado. Siempre estará disponible para uno, en las calles o en el desierto. Pero, eso sí, hay que saber buscarlo para hallarlo.
Lo que nos lleva a la segunda parte del famoso pasaje de Mateo. Allí, el diálogo podría parafrasearse así:
DISCÍPULO: —¡Bien, Maestro! Me encanta lo que le has dicho al escriba, yo también te seguiré; pero antes tengo que atender un asunto personal, muy urgente y grave. Ahora mismo los alcanzo.
JESÚS: —¡Ven de una vez! No hay asunto más grave ni más urgente que éste.
Con lo que Jesús da a entender que si no se ve que seguir al ben 'adam es lo primero, es decir, si no se ve que eso es el principio de todo lo demás, es porque aún no se sabe qué se está buscando. Y quien no sabe qué busca, tampoco lo hallará.






Comentarios
No contiene comentarios
Agregar Comentario