El País

La joven poeta colombiana Galia Ospina Villalba (1973) ha logrado un texto ameno y muy interesante, Julio Ramón Ribeyro: una ilusión tentada por el fracaso (Bogotá: Fundación Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, 2006). Estudio que tiene de útil estado de la cuestión --maneja una amplia y actualizada bibliografía-- junto a felices observaciones sobre la obra general de Ribeyro, producto del ahondamiento en el tema y la fina sensibilidad de la autora. Adicionalmente, este libro trae oportunas y valiosas fotografías de la época y biografía del narrador peruano que, sin duda, suman interés al volumen. Sin embargo, lo que nos ha llamado poderosamente la atención en este libro es la sostenida indagación, por parte de Galia Ospina, en la poética del autor de La palabra del mudo; en particular, a través de la fascinación que tendría este escritor por el género del diario cuyo cultivo sería, finalmente, decisivo en el perfil y originalidad de su obra:





“Ribeyro sintió desde su adolescencia una especial afición por la forma de expresión del diario. Este género abría la posibilidad de hablar de temas muy personales en una categoría distinta a la de la poesía, la novela o el teatro” (53). O, tal como apunta --no sin su característica inalienable ironía-- el propio autor:
“[El 8 de enero de 1960] Creo haber hallado el estilo del diario íntimo: un estilo apretado, expresivo, que me interesa no solamente como testimonio sino también como literatura. Si continúo por el mismo camino creo que mi diario, de aquí a algunos años, será probablemente la más importante de mis obras. Eso no me alegra, ciertamente” (70)
Mas, el estudio de Ospina no se solaza en esta, ya de por sí, reveladora constatación; sino que, profundizando en el asunto, agrega algo fundamental y que nos invita a una lectura radicalmente contemporánea del autor de La tentación del fracaso: “El diario vendría a ser el género más característico de la modernidad en la dispersión que genera la ausencia de un centro o de una noción de verdad” (85). Todo lo cual, por cierto, habría sido digerido y formado parte sustancial de la lucidez en el ejercicio de la literatura del peruano; ya que, como bien señala Galia Ospina, en plena hora de la novela: “Ribeyro sentía que su escritura estaba lejos de las construcciones literarias que se convierten en el compendio de toda una época. El prefería entrar en la realidad por pequeñas puertas como la aventura privada o la anécdota” (156).
Sin duda, muchos más son los méritos de esta investigación; nosotros hemos querido, simplemente, llamar la atención sobre la urdimbre de sólo unos de sus temas de interés. Vaya, pues, nuestra felicitación por este esfuerzo y los augurios a su autora de un muy fructífero trabajo no sólo en la poesía, sino también en el género del ensayo.