09 febrero 2006

Lc 9: 11-17

Pero la multitud se dio cuenta y lo siguió. El los recibió, les habló del Reino de Dios y devolvió la salud a los que tenían necesidad de ser curados. Al caer la tarde, se acercaron los Doce y le dijeron: “Despide a la multitud, para que vayan a los pueblos y caseríos de los alrededores en busca de albergue y alimento, porque estamos en un lugar desierto”. Él les respondió: “Denles de comer ustedes mismos”. Pero ellos dijeron: “No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente”. Porque eran alrededor de cinco mil hombres. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: “Háganlos sentar en grupos de cincuenta”. Y ellos hicieron sentar a todos. Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirvieran a la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas.

La fe de Qohélet ante este milagro podría hacernos imaginar el siguiente diálogo entre Jesús y uno de sus discípulos.

JESÚS: —Denles de comer ustedes mismos (no quiero decir ‘Hagan las veces del Estado benefactor’ sino más bien ‘Enséñenles cómo es que siempre podemos comer todos hasta saciarnos’).

DISCÍPULO: —Pero, ¿cómo? Nosotros, que somos trece (tú incluido), no tenemos más que cinco panes y dos pescados.

J: —Pero si partimos los cinco panes y los dos pescados, y los repartimos entre trece, nos alcanzará hasta saciarnos e incluso sobrará.

D: —Es verdad.

J: —Entonces, hagamos lo siguiente: Partamos y repartamos delante de la multitud lo poco que tenemos, y en lugar de comernos enseguida la parte que nos toca, cada uno de nosotros ofrézcala a un grupo de la multitud. Al vernos hacer esto, que es la repartición simbólica del pan, ellos comprenderán qué es lo que tienen que hacer.

D: —¡Ajá! Ya entendí.

En efecto, al ver cómo Jesús y sus discípulos bendijeron sus alimentos mediante ese ofrecimiento simbólico, la multitud comprendió el mensaje e hizo lo mismo: Cada uno compartió lo poco que había traído consigo con las personas que tenía al lado, y final incluso sobró.

Por cierto, no parece razonable suponer que en las alforjas de cinco mil personas no hubiera más de cinco panes y dos pescados.

PEDRO (dirigiéndose a la multitud en tono irónico): —Escuchen, ¿nadie ha traído ni siquiera un pedazo de biscocho seco?

Si en verdad eran cinco mil individuos, sólo en el rubro ‘dátiles’ debió haber una cantidad suficiente como para poner un negocio.

Por tanto, desde la fe escéptica, el milagro no fue que sobraran doce canastas, sino que gente desconocida compartiera lo suyo en medio del desierto.



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Comentarios

M. RODRIGUEZ escribió:

el milagro realmente fue que de solo esos cinco panes y dos peces comieron los cinco mil y encima sobró (leer Juan 6:13), decir lo contrario es imaginar algo que el texto no dice. Dios es poderoso para hacer eso y más.

01 diciembre 2007 a la(s) 06:30

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