07 febrero 2006

Mc 12: 35-37

Kandinski
Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: “¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.’ Si el mismo David lo llama ‘Señor’, ¿cómo puede ser hijo suyo?” La multitud escuchaba a Jesús con agrado.

Oráculo del Señor a mi Señor es la traducción de dijo el Señor a mi Señor según L.A. Schökel (cuya versión de la Biblia es la que, según tengo entendido, usan los rabinos de lengua castellana). Según eso, Jesús interpreta el primer ‘Señor’ como Yahvé y el segundo ‘Señor’ como el Mesías.

La lógica implicada en este pasaje se puede analizar así: (1) Jesús presupone que no se puede decir que el Mesías sea hijo de David. (2) No está claro a primera vista porqué Jesús presupone esto; pero, según Jesús, el rey David sí lo tenía claro. (3) Por eso David llamó ‘Señor’ y no ‘hijo mío’ al Mesías.

Queda una pregunta abierta: ¿Porqué escuchaba esto la multitud “con agrado”?

El texto no dice ‘con júbilo’. Creo que el júbilo estaría reservado para enemigos más claramente opresores del pueblo, y sobre todo traidores a la causa de Israel, cosa que no eran los escribas ni los fariseos, sino los saduceos, es decir, la casta sacerdotal aliada de Roma y en control del poder político.

En este pasaje Jesús se enfrenta a la ideología de los escribas. ¿Quiénes son los escribas? ¿Porqué querían sostener la filiación davídica del Mesías? ¿No hay acaso una contradicción con las genealogías evangélicas que señalan a Jesús precisamente como descendiente de David?

Hasta donde sé, escribas y fariseos son, antes que cualquier otra cosa, enemigos mortales de los saduceos. Si eso es así, ellos representan, a pesar de sus diferencias, un bloque aliado contra el entreguismo sacerdotal, y eso los ponía del lado de la tradición de los reyes y de los jueces, que siempre le disputaron el poder a los sacerdotes. Ambas tradiciones anti-sacerdotales vieron en Jesús a una figura revolucionaria que venía a reforzar sus esfuerzos por liberar al judaísmo del yugo extranjero.

Pero Jesús los defrauda. En este pasaje les dice: ‘El Mesías no es, como ustedes quieren presentarlo, un miembro de su partido. Lo siento, pero no es el hijo de David.’ Esta toma de distancia de Jesús encoleriza a escribas y fariseos, quienes, al final, por ello mismo, toleran que saduceos y romanos decidan matarlo.

Cuando muchas décadas después, los cristianos (ya no los judíos nazarenos) optan por consolidar la tendencia a hacer del propio Jesús el Mesías, se ven en la necesidad de garantizar su descendencia davídica, y de allí la elaboración de su genealogía, muy a contrapelo de lo que en este pasaje sostiene Jesús. Esta inconsistencia sólo puede explicarse, a mi juicio, tomando en cuenta que, quienes hicieron la reinvención del Mesías, la plantearon, paradójicamente, bajo una fuerte influencia del pensamiento de los escribas. Hay que recordar, por lo demás, que Pablo fue originalmente educado en la escuela de Gamaliel, que, hasta donde entiendo, pertenece en esa tradición.


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