(UPDATE: Luego de la ola de críticas generadas por la noticia, se ha dado un paso atrás y la idea del nombre ha sido desechada).

Hoy abrí la página web de El Comercio, como suelo hacer al iniciar la mañana, sólo para encontrarme con una de las noticias más insólitas que he leído en los últimos tiempos (y eso que nuestro entorno político es pródigo en noticias insólitas).

La noticia en cuestión era presentada nada menos que por el Ministro de la Producción, Rafael Rey, quien sonrientemente anunciaba la entrega de una botella de pisco, como agradecimiento simbólico, a aquellos países que prestaron ayuda humanitaria para las víctimas del terremoto que asoló Ica el pasado 15 de agosto. Hasta allí, todo va bien. El único problema con la propuesta es el siguiente: la botella se llama "Pisco 7,9", en alusión a la magnitud del terremoto (que fue de 7,9 grados en la escala de Richter, según el Instituto Geofísico del Perú).



Peor aún, se producirá 500 botellas de este licor, número que, relacionado con el sismo de 7,9 grados que destruyó Pisco, sólo trae en la mente de los peruanos una alusión al número de víctimas causado por el mismo.

Me pregunto, aquí, desde mi escritorio, luego de ver el arduo trabajo de muchos compañeros, de muchos peruanos tratando de recolectar ayuda, de muchas personas que perdieron sus posesiones, sus viviendas y hasta sus vidas en la terrible catástrofe que asoló al país...

¿¿¿¡¡¡A SANTO DE QUÉ SE LES OCURRIÓ SEMEJANTE IDEA!!!???

O sea, no me parece mal tratar de tener un gesto simbólico de agradecimiento con los países que nos han apoyado en tan duros momentos. Sin embargo, ¿tenía este gesto que tener una alusión tan clara a la catástrofe? Más que un gesto de agradecimiento, parecería una burla, un gesto de sorna y mal gusto, repartir con sonrisas una botella cargada de alusiones a la tragedia de miles de peruanos.

Haciendo un paralelo con los huracanes, cuando se elabora la lista con los nombres que tendrán los huracanes de las temporadas siguientes, listas que se reutilizan cada 6 años, cuando un huracán ha sido particularmente destructivo, el nombre se elimina de la lista y se reemplaza por otro que empiece con la misma inicial, para mantener la integridad de la lista pero sin traer, cada seis años, el recuerdo en la memoria de aquellas personas que fueron afectadas, tal vez de una forma psicológicamente irreversible, por el fenómeno metereológico.

En serio, mis estimados, ¿tenían que ser tan alusivos con su agradecimiento? ¿Más aún, cuando tantos peruanos han sufrido y la herida está aún fresca y sangrante?

Realmente, hay cosas que no entiendo y, al parecer, no soy el único. El Comercio ha publicado un artículo con las reacciones causadas por menuda ideota y ha abierto un foro para que los lectores dejen su opinión sobre este tema.

Creo que yo ya dejé en claro cuál es la mía.