Mi experimento: Ver directamente a los ojos de las féminas

Creo que tiempo atrás escribí que ver directamente a los ojos de una mujer es la mejor forma de llamar su atención. Incluso, dije que si se lograba intimidarla, o sea que no pueda responder la mirada, dotaba al hombre de cierto carácter que lo hacía más atractivo. Bueno, debo confesar que sigo haciendo el experimento de ver directamente a los ojos de las féminas. Algunas veces tuve aciertos, así como otros grandes decepciones.
Pero entre todas las chicas que se habrán cruzado en mi camino, hace una semana pasó algo interesante. Claro, esto no significa que necesariamente me habló y tengo su mail, sino una reciprocidad comunicativa a través de los ojos.
Mientras estaba sentado en el micro, en el cruce de las avenidas Pershing y Gregorio Escobedo, pasó ella. Bueno, no puedo decir más ya que no sé siquiera su nombre. Ella, así se llama, por lo menos en el recuerdo de esta anécdota que no guarda más sorpresa que su mirada.
La miré a través de la ventanilla. Ella devolvió la mirada, como si fuera un disparo de regreso. Y cuando hay un contacto visual que dura más de un segundo, quedan dos cosas: o hacer que no viste nada o seguir viendo como si retaras a que ella te deje de mirar. Ninguno de los dos dio un paso atrás, seguíamos mirándonos directamente como quien busca una respuesta detrás del iris inquisidor.
Y como las buenas cosas de la vida, aquellas que son fugaces, porque son tan buenas que parecen no ser extensión de la vida, se fue. Pasó en frente del vehículo donde viajaba y se mezcló entre la gente. Pensé en bajarme del bus para ir por ella, con la idea sublime de que podría tener las mismas preguntas con yo, los mismos ojos que yo tuve para verla sin evadir a la verguenza ajena. Lástima que no lo hice.
Lástima que el bus arrancó conmigo dentro, así como llevo dentro tanto misterio sobre ella, sobre esos ojos negros que no evadieron mi mirada, que parecían dos botoncitos de una muñeca de tela. En fin, pequeños misterios que aún perdurarán hasta que la casualidad los revele, cuando sea un día en algún lugar de la ciudad aparezca ella y me diga "¿Te conozco de algún lugar?". Y yo diga, con más sonrojo que con firmeza, "Claro, en algún post que escribí de ti".









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