Con la publicación del mapa de nuestros límites marítimos en el Diario Oficial "El Peruano" ha surgido la previsible respuesta diplomática chilena que no hace sino vaticinar la necesaria discusión del diferendo maritimo con ese país ante la Corte Internacional de La Haya.
En la sección editorial del Diario EL COMERCIO del 15 de abril pasado se estableció con mucha clarida los principales argumentos del Perú respecto a este tema. Leamoslos a continuación:

ASUNTOS PENDIENTES QUE DEBEN RESOLVERSE
Editorial del Diario El Comercio (15.04.2007)


Ha sido muy oportuna la acción de la cancillería peruana de enviar a la ONU la Ley de Líneas de Bases de Dominio Marítimo, saliéndole así al frente a las pretensiones chilenas de apropiarse indebidamente de territorio que, sin lugar a dudas, le pertenece al Perú.
No solo intenta apropiarse de un área de terreno equivalente a cuatro manzanas a orillas del mar, sino también, siguiendo la línea del paralelo, proyectarla 200 millas mar adentro, con lo cual el área se incrementa exponencialmente. En el documento presentado a la ONU se precisa que la frontera con Chile es el Punto de la Concordia y no el Hito 1 como pretende nuestro vecino del sur. Para ello han venido creando confusión al mezclar dos asuntos que corren por vertientes separadas: la frontera terrestre y la marítima.

LA FRONTERA TERRESTRE
El límite terrestre está perfectamente delimitado por el Tratado de Lima de 1929, el Protocolo Complementario y las actas de la respectiva comisión bilateral demarcatoria de 1930. Hay incluso croquis y mapas firmados por el jefe de la delegación chilena, Enrique Brieba, que no admiten cuestionamiento ni discusión (ver mapa 1).
Sin embargo, Chile pretende establecer que el límite no empieza en la orilla del mar y desconocer lo que firmó en las actas de la comisión demarcatoria con referencia al Punto de la Concordia: "Este punto de intersección del arco trazado con la orilla del mar será el inicial de la línea divisoria entre Perú y Chile" (El subrayado es nuestro). Y claro, si ambos países llegan al mar, el límite tiene que empezar en su orilla. Pretender soslayarlo es contrario a toda lógica y no podría tener otro sentido que el de aprovecharse de la situación.

¿Cómo surge entonces el embrollo?

Primero: En el año 2000 la Marina chilena --que ha sido aparentemente la responsable de ir atizando el problema-- sostuvo que el límite no está en la orilla del mar sino en el Hito 1 --denominado confusamente Orilla del Mar-- que se ubicó 264 metros tierra adentro (pues se pensaba que de estar en la orilla se habría ido destruyendo con las olas).

Segundo: Como el límite pactado no es una línea recta a partir de la orilla sino un arco cuyo vértice está a 10 kilómetros, en el puente del río Lluta, la línea curva que nace del mar sube ligeramente hacia el norte. (Ver mapa 2).
Se colige entonces que si, según Chile, la frontera se origina no en la orilla sino en el Hito 1 y desde este punto se traza una línea hacia el mar, siguiendo el paralelo geográfico, Chile terminaría apropiándose de 37.610 metros cuadrados (ver zona rayada en mapa 3), unas cuatro manzanas urbanas.
Buscando consolidar su infundada pretensión, la Marina chilena levantó en el 2001 una caseta de vigilancia en ese triángulo que, como resulta evidente, es territorio peruano. La justa y rápida reacción peruana obligó a la Marina chilena a desmantelarla.

Tercero: En el año 2000 la Marina chilena publica un mapa que, sustentado en su Ley de Línea de Bases Marítimas, señala la frontera marítima chilena mediante una línea horizontal dibujada sobre el mar. ¿Y dónde empieza la línea? ¡Por supuesto! Lo hace arbitrariamente en el Hito 1 y no en el que señala el tratado: el Punto de la Concordia en la orilla del mar. Es decir, pretende apropiarse no solo de las cuatro manzanas de territorio peruano, sino también del dominio marítimo proyectado desde el paralelo que empieza en el Hito 1.

Cuarto: En enero del 2001 se publica en el diario "El Peruano" la Ley 27415, dirigida a crear un nuevo distrito y señalar los territorios de la provincia de Tacna. Por un error se consignó el punto de la frontera con Chile que se inicia en el Océano Pacífico como el Hito 1. Este error fue corregido por la Ley de Líneas de Bases de Dominio Marítimo del 2005.
Pretender endilgarle a este error la facultad de cambiar los límites del Perú, como algunos medios chilenos han intentado, tampoco tiene sentido. La frontera está fijada por el Tratado de 1929 y punto. En todo caso, rige aquí el principio legal de que el error, si lo hubiere, no es fuente de derecho.
Es más, un fallo del propio Tribunal Constitucional chileno observó el proyecto de ley que creaba la región Arica-Parinacota, evitando así que el Hito 1 quedara consagrado como el inicio del límite fronterizo.
El hecho es que hoy estas cuatro manzanas son pretendidas por Chile.

EL LÍMITE MARÍTIMO
A diferencia del terrestre, el límite marítimo constituye un diferendo sobre el que El Comercio editorializó detalladamente el 3 de noviembre del 2005. En él argumentábamos que la línea limítrofe marítima debe ser equidistante para ambos países, posición que propugna la Convención del Mar. (Ver mapa 4).
Para entender el tema recordemos que la frontera Perú-Chile está en el punto en que la costa del continente cambia de orientación. De venir bajando oblicuamente hacia la derecha (sur-este, ver mapa 4), al llegar a Chile pasa a orientarse hacia el sur.
¿Qué resulta de esto? Si proyectamos la territorialidad marítima de cada país, la línea que traza Chile se orienta directamente hacia el oeste mientras que la del Perú va hacia el sur oeste. Es decir se superponen. (Ver mapa 4). Como consecuencia, puertos peruanos próximos a la frontera terminan, como Sama e Ilo, teniendo la zona de mar controlada por Chile a solo 20 y 40 millas respectivamente (ver mapa 5). Por todo ello, como señala precedentemente la doctrina del derecho del mar --y también la razón-- el límite debiese ser el punto intermedio o equidistante. (Ver mapas 4 y 5).
El hecho es que en el Tratado de 1929 no hay mención a cómo se proyectará esta línea. En 1954 y en 1969 el Perú firmó con Chile unos convenios en los que se le otorga a ese país el derecho de pescar en la zona. Chile asume que esos convenios le confieren la territorialidad, pero en sentido estricto no existe un tratado de límites marítimos.
Por su parte, el Perú sustenta, con toda razón, que arreglos provisionales de carácter pesquero, para facilitar la orientación de embarcaciones de escasos recursos náuticos y sin categoría de tratado de límites, no pueden pretender definir los límites fronterizos entre dos países.
Sin embargo, si una embarcación pesquera zarpa de Sama y avanza hacia el oeste más de 20 millas entra a espacio irregularmente controlado por Chile y la embarcación es capturada (ver mapa 5).
¿Por qué firmó el Perú esos convenios? Para muchos habría habido falta de perspectiva. Y la historia parece confirmarlo. Sin embargo, debe tomarse en cuenta el contexto de la época: la prioridad en aquel momento era impulsar y consagrar internacionalmente la nueva doctrina de las 200 millas, enarbolada conjuntamente por Perú, Chile y Ecuador, principalmente para enfrentar la depredación del mar por las grandes flotas pesqueras internacionales. Posteriormente, los problemas demarcatorios con Ecuador y los temas pendientes de cumplimiento del Tratado de 1929 con Chile (El Chinchorro, muelle de Arica, etc., recién resueltos en 1999) habrían hecho que el Estado Peruano tuviese otras prioridades en el tema limítrofe.
Sin embargo, ya en 1986 el Ministerio de Relaciones Exteriores cursó una nota a la cancillería chilena para señalar la improcedencia de la línea marítima basada en el paralelo.

¿Qué hacer frente a la situación?

Primero: No radicalizar el tema ni exacerbarlo apasionadamente. Por el contrario, dejar que la cancillería peruana trate estas delicadas negociaciones a través de los canales adecuados. Ya ha dado un importante paso con la presentación ante la ONU de la Ley de Líneas de Bases de Dominio Marítimo. Con ello ha puesto en el debido contexto algunos documentos adoptados por el Perú en décadas pasadas y que han llevado a confusión.

Segundo: Condenar, a ambos lados de la frontera, el aprovechamiento irresponsable, especialmente de algunos políticos, que actúan sin importarles el grave perjuicio que pueden causarle al país.

Tercero: Proceder a formalizar la adhesión del Perú a la Convención del Mar, marco legal que regula el derecho del mar en el mundo de hoy y que permitiría, entre otras ventajas, una sustentación más sólida de la posición peruana con respecto de la línea marítima equidistante.

Cuarto: Exhortar al Gobierno a continuar con las acciones necesarias para zanjar el tema del Punto de la Concordia, así como el diferendo marítimo, para lo cual debe aplicar una estrategia firme y coherente que, dentro de los plazos necesarios y sin interrupciones, lleve ambos asuntos a un feliz término.
En cuanto a la frontera terrestre, el tema es muy claro: Chile no puede dejar de respetar lo que firmó. Hacer lo contrario sería desconocer el Tratado de 1929 y abrir entonces una caja de Pandora, que sabe Dios qué más contrariedades podrían traer para todos. No es pues un tema que se deba "encapsular"; todo lo contrario, debe solucionarse antes de que continúe entrampando más la relación entre nuestros países.

Quinto: En cuanto al diferendo marítimo, al no existir un tratado de límites específico en vigor, se debe encontrar una solución basada en la equidad y el mutuo deseo de arreglar las cosas.
Para tan deseado desenlace, Chile, y especialmente su Marina, deberán dejar de lado la obstinada posición de que no hay asuntos pendientes entre los dos países. ¿Es que no existe un área de cuatro manzanas en la costa reclamada por Chile y que pertenece indiscutiblemente al Perú? ¿Es que no existe acaso un diferendo marítimo que mantiene en tensión la relación entre ambos países?
Nuestra cancillería, junto con la chilena, no pueden dejar de abordar estos asuntos pendientes para solucionarlos civilizadamente dentro de plazos preestablecidos. Empecemos por recordar que el Tratado de 1929 es de amistad y decidamos conversar bajo ese espíritu. Luego se podrá analizar la posibilidad de ir en busca de árbitros o cortes internacionales.
Nuestro vecino del sur debe entender que hay mucho en juego. Se abre para ambos un futuro promisorio dentro de la economía mundial. Y cuanto más unidos estemos mejor nos irá. ¿Podemos enfrentarlo con este lastre que perturba nuestras relaciones? ¿No son acaso los sectores radicales y beligerantes de ambos países los que más se benefician con los continuos embrollos, dificultando su solución?
No pudiéndose negar a lo evidente, le corresponde ahora a Chile, que fue el gran beneficiado con la Guerra del Pacífico, asumir de manera responsable el cierre definitivo de estos asuntos pendientes. Así, superados estos, podremos mirar en conjunto hacia delante.

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